Anette DELGADO
Primera bailarina del Ballet Nacional de Cuba

La cubana Anette Delgado es desde el año 2005 la primera bailarina del mundialmente reconocido Ballet Nacional de Cuba. El próximo 26 de mayo ofrecerá en el Kursaal de Donostia la obra «La Cenicienta». Y el 2 de junio, en el Teatro Gayarre de Iruñea.

«El ballet es como el fútbol en Europa: es admiración, es furor»
Ainara LERTXUNDI|DONOSTIA|2019/05/13 07:45
Loading player...

«El arte en Cuba es tan grande y es una prioridad. Estoy segura de que seguirá creciendo y nadie lo podrá afectar. El Estado, por poco que haya, siempre va a apoyar a las Instituciones Culturales»

«En la vida todo tiene sacrificios y más cuando te propones metas a alcanzar. Mi carrera ha sido difícil, pero eso fue lo que me dio fuerzas para seguir y trabajar el doble que mis compañeras»

«Hoy usted puede encontrarse con un taxista que le comente la temporada pasada pues gracias a la labor de Fernando, Alicia y Alberto Alonso, el ballet es un orgullo de todo cubano»

Anette Delgado tenía siete años cuando, viendo una función de ballet, supo que quería ser bailarina de ballet clásico y que haría lo que fuera para lograr esa meta. Al finalizar aquella representación, Ana Leyte le regaló sus zapatillas. «Desde que llegué a casa no me las quité hasta que me quedé dormida. Así todos los días», recuerda en entrevista con GARA.

Desde su graduación en 1996, Delgado pasó a formar parte del Ballet Nacional de Cuba, compañía surgida en 1948 bajo la dirección técnica y artística de Alicia Alonso. Desde 2005, es una de sus primeras bailarinas. Asegura que el ballet en Cuba es «como el fútbol en Europa: es admiración, es furor».

¿Qué representa el ballet para los cubanos de hoy?

Es una forma de identidad. Desde su fundación en octubre de 1948, el ballet echó raíces y se fue convirtiendo poco a poco: de arte elitista a un arte de pueblo sin perder calidad, todo lo contrario. Hoy, usted puede encontrarse con un taxista que le comente la temporada pasada, pues gracias a la labor de Fernando, Alicia y Alberto Alonso y a la continuidad de su legado en los jóvenes, el ballet es un orgullo de todo cubano.

¿Sigue habiendo cantera?

En Cuba siempre disfrutaremos del ballet, tenemos una escuela donde cada año entran miles de niños a estudiar. Es increíble los talentos que encontramos; la cantera y las líneas del ballet están más que garantizadas.

¿Se sigue viendo el ballet como una actividad de niñas?

Para nada. Creo que solo quedan esos mitos de que los niños no estudian ballet. Yo me atrevería a decir que, hoy por hoy, vemos mucha más cantera de talentos en niños que en niñas. En Cuba son miles los niños que se interesan por el ballet con el apoyo de sus padres y el merecido reconocimiento social.

¿Entonces, no existe una brecha en cuanto al género?

No. El ballet es muy conocido y hemos tenido bailarines masculinos estrellas; tendrían que ver cuántos niños desean estudiar y hacer lo que esos bailarines hicieron algún día. El ballet en Cuba es como el fútbol en Europa: es admiración, es furor. Los niños quieren ser bailarines sin ningún complejo ¡ah! y en los recesos juegan fútbol y pelota.

¿Cree que el ballet clásico está alejado de la juventud?

Digamos que de alguna manera sí, la juventud hoy es diferente, en ocasiones prefieren estar más atentos a las redes sociales que ir a ver una buena obra de teatro o visitar un museo. Esto pasa en todas las manifestaciones artísticas, pero brindando un buen arte siempre se va ganando público joven. La danza en sí siempre ocupará un papel muy importante en la sociedad. Es algo que el ser humano tiene para expresar sus sentimientos.

¿Qué hace tan único al Ballet Nacional de Cuba?

Yo creo que esa mezcla de culturas que tenemos los cubanos, heredada de nuestros ancestros. En el caso del ballet, ese sello que crearon los tres grandes de la danza clásica en Cuba, Alicia Alonso, Fernando Alonso y Alberto Alonso, que nos dieron una escuela cubana de ballet. Y ciertas particularidades, que son las que hacen que un bailarín cubano se destaque en la escena: la forma de entregarse en el escenario, la determinación desde el primer minuto a darlo todo.

¿Cómo llegó el ballet a su vida?

Todo empezó por una función de ballet que vi siendo muy pequeña. Fue algo mágico.

¿Sigue conservando las zapatillas que le regaló Ana Leyte al terminar esa función cuando usted solo tenía siete años?

Es una pena pero no las conservo. Según mi mamá, las gasté tanto que terminaron por romperse. Imagínese, en aquel entonces tenía siete años y al acercarme a esa bailarina me dio las zapatillas que tenía puestas: ¡estaba viviendo un sueño! Recuerdo que desde que llegué a casa no me las quité hasta que me quedé dormida. Así todos los días. Y las cosas de la vida: al cabo de los años esa bailarina ha sido y sigue siendo mi maestra.

El baile exige una entrega y una disciplina totales. ¿Cómo marca eso la niñez?

Como bien dices, esta es una carrera de mucha entrega y disciplina y, sobre todo, se empieza desde muy temprano, y hoy día desde más pequeños. El ballet ha evolucionado mucho y hoy vemos niños de 11 años haciendo variaciones de cualquier clásico. Y ahí decimos, «cómo logran hacer todo eso». Claro que marca la niñez, pero en positivo, ayuda en formación, en disciplina, te da un estilo de vida, que lleva varios sacrificios, pero pregunto ¿qué carrera no los lleva?

¿Cómo se sobrelleva la tensión de los ensayos y de un estreno?

La tensión de los ensayos es diferente, se trabaja muy fuerte, repitiendo constantemente, pero se trabaja tranquilo, no es la presión que se siente cuando estamos en escena. La tensión de un estreno yo creo que está en que queremos que todo salga casi perfecto, pero todo pasa a la vez que estamos en el escenario, porque para eso está ese trabajo diario que nos prepara para la escena y lo que de una manera nos da seguridad para esos estrenos.  

¿Cómo se siente cuando se sube al escenario? ¿Sale a disfrutar?

Plenamente. Desde que se abre el telón y salgo al escenario disfruto cada paso y cosa que hago y cuando llegan los aplausos y los bravos, es lo máximo.

En 2005, es elegida primera bailarina del Ballet Nacional de Cuba. ¿Pensó alguna vez que llegaría tan lejos?

Realmente lo veía como un sueño. Muchas veces cuando era estudiante e iba a las funciones del Ballet Nacional y veía a esas primeras bailarinas, solo imaginaba ser como ellas. Por eso cada día trabajaba más fuerte para que algún día fuera yo la que estuviera ahí y, mira, lo logré.

Afirma que su carrera ha sido difícil, muy sacrificada y de mucho llanto. ¿En qué sentido?

En la vida todo tiene sacrificios y más cuando te propones metas a alcanzar. Mi carrera ha sido difícil, pero eso fue lo que me dio fuerzas para seguir y trabajar el doble que mis compañeras. El ballet es complicado y, además, es una carrera muy competitiva. Ya eso trae muchas consecuencias. Mi etapa de estudiante pasó por momentos duros para una niña, pero en parte fue bueno porque me hizo ser lo que soy hoy y, también, dar las gracias a todos los maestros que confiaron y me guiaron hasta aquí.

Asegura que con tesón se pueden superar las dificultades. ¿De cuántos sacrificios está hecha la vida de una bailarina? ¿Alguna vez pensó en tirar la toalla?

Digamos que sí, en los momentos duros... como que se te van las fuerzas y piensas en dejarlo todo pero, mentira, solo queda en eso. Por eso digo que con tesón y voluntad todo se puede vencer, de ahí el dicho «el que persevera triunfa». En relación a los sacrificios, no los veo como tales. Es verdad que nos tenemos que limitar, que tenemos que postergar cosas, pero cuando uno ama lo que hace no hay sacrificios en vano.

¿Cómo se supera un mal momento sobre el escenario?

De las cosas malas, si se toman con espíritu constructivo, se aprende. Solo los que nos paramos en el escenario sabemos por lo que se pasa, pero por un error no podemos caer, al contrario, tenemos cosas por delante para ir superando. Por ejemplo: un día en plena función me caí a lo hora de empezar un paso y me sentí tan mal que solo quería que se abriera un hueco y desaparecer.

En «Yuli», la película de Iciar Bollaín sobre la vida del bailarín cubano Carlos Acosta, su maestra le dice que «esta vida es un privilegio». ¿Está de acuerdo?

Aún no he visto la película, pero esa maestra de la que habla fue también mi maestra y una de las que más me ha aportado en mi carrera y digamos que la que me descubrió, Chery, como la llamamos. Y concuerdo con su reflexión, para mí bailar es un privilegio que me ha dado la vida.

¿Además de talento, qué cualidades debe tener un bailarín?

Primeramente las condiciones físicas, que son más que necesarias. Pero en mi opinión personal un bailarín debe tener mucha inteligencia, voluntad y amor por la carrera.

¿Qué consejos le daría a alguien que está empezando?

Que trabajen duro, que luchen por lo que quieran, que es una carrera dura pero llena de satisfacciones, emociones y alegrías.

¿Qué simbolizan Alicia Alonso y la juventud cubana?

Alicia Alonso todo, es un ejemplo a seguir. He tenido la dicha de tenerla como maestra y aprender de su mano y es aprender de la mejor. Y de la juventud cubana, la esperanza y la continuación de la cultura y desarrollo del país. En ella está la esperanza de todo.

¿Qué supone para usted bailar en el Gran Teatro Alicia Alonso?

Bailar en el Gran Teatro de la Habana Alicia Alonso significa alegría; estoy bailando en mi país y para un público que viene siguiendo mi carrera desde niña, además de que es un teatro bello y que guarda muchos secretos. Es uno de los teatros en los que más me gusta bailar.

¿Cómo es la relación que se establece con el público?

Es algo mágico, por ejemplo en “Giselle”, sentir cómo el público sufre con su tragedia, en “Cenicienta”, cómo ese mismo público se divierte con la trama, y pensar que yo estoy trasmitiendo eso; mi arte es verdadero, ellos creen en mí, eso es fascinante.

¿Cómo es el público cubano?

Muy exigente. Es un público muy conocedor, pero es fascinante bailar para ese público cubano; es caluroso y, si no, haga esta pregunta a un bailarín extranjero que ya verá su respuesta. Es muy efusivo y crítico a la vez.

¿Hasta qué punto influye bailar ante un público entendido o hacerlo ante un público para el que tal vez sea la primera vez que acude a un ballet?

Como bailarina siempre vamos a dar lo mejor de nosotros, y tanto ese público conocedor o el que va por primera vez, son importantes, de hecho es muy gratificante cuando se te acerca una persona luego de una función y te dice «es la primera vez que veo ballet y me ha encantado». Eso me recuerda a aquella niña que vio ballet por primera vez. El ballet es un arte y, como todo espectáculo, es para todos los públicos.

En el Kursaal se convertirá en Cenicienta. ¿Qué características destacaría de la coreografía que adaptó Pedro Consuegra?

Es un ballet muy difícil técnicamente, complejo en sus pas de deux y variaciones, demanda mucha resistencia y rigor, pero es muy divertido, sobre todo su primera escena. Espero que el público lo disfrute tanto como lo hago yo, y que salgan más que complacidos al final de la función.

¿Hay algún personaje que le haya resultado difícil interpretar?

Diría que Giselle es un personaje que lleva mucha interpretación y por mi personalidad me costó mucho interpretarlo; diría que es la prueba de fuego para cualquier bailarina. Pero este personaje es uno de los que hoy disfruto a plenitud y me ha aportado mucho.

Su pareja también es bailarín. ¿Qué tiene de bueno y de malo compartir la misma profesión y compartir escenario?

Es verdad que es un poco complicado separar las dos cosas, la vida sentimental de la profesional, pero en nuestro caso ha sido unión. Para mí ha sido un todo, ese compañero que me guía y que nunca me va a engañar, me dice las cosas tal cual y, en ocasiones, por eso hemos tenido diferencias. Pero compartir el escenario con él es una seguridad, porque nos conocemos a la perfección.

¿Hasta qué punto puede afectar el endurecimiento del bloqueo y de la Ley Helms Burton al desarrollo del ballet en Cuba?

Tal vez en caso de no tener los recursos necesarios, pero el arte en Cuba es tan grande y es una prioridad, que estoy segura de que seguirá creciendo y nadie lo podrá afectar. El Estado, por poco que haya, siempre apoyará a las Instituciones Culturales.