Transportistas aseguran que en Zaldibar los residuos tóxicos se ocultaban bajo la tierra mezclados

Transportistas que frecuentaban la escombrera de Zaldibar aseguran que allí se vertía todo tipo de residuos tóxicos: amianto, restos de fundiciones, tierras contaminadas, pinturas, plásticos... y no de forma separada. No había «búnkers», todo «se ocultaba bajo la tierra», aseguran, quienes alzan la voz en recuerdo a los desaparecidos, conscientes de que sus compañeros no podrán hacerlo.

NAIZ|2020/02/16
Vertedero
El vertedero de Zaldibar, en una imagen tomada ayer. (Andoni CANELLADA/FOKU)

En las últimas horas transportistas que frecuentaban la escombrera de Eitzaga, en Zaldibar, han contado lo que llevaban tiempo viendo en cada uno de sus viajes al vertedero, que allí entraba una gran variedad de residuos contaminates de distinta procedencia, que no eran separados ni depositados en zonas o habitáculos especiales, sino que se depositaban según llegaban mezclados y ocultados después juntos bajo la tierra. Esto ocurría en cada vaje, según señalan, dentro de una actividad en la que no había control, describen.

El recuerdo de Alberto Sololuze y Joaquín Beltrán, los dos trabajadores que permanecen desaparecidos bajo los residuos y la sospecha de que sus compañeros se encontrarán presionados para informar de cómo se trabajaba allí día a día, han llevado a transportistas que frecuentaban la escombrera a contar lo que vieron cuando acudían a realizar vertidos en la escombrera.

En el programa Amarauna de Euskadi Irratia, un camionero que realizaba depósitos de tierras contaminadas en el lugar, ha explicado que allí se vertían muchos tipos de residuos y que había material que contenía amianto que «no se clasificaba de ninguna manera».

Cuenta que cuando vio a quello lo primero que pensó es «qué es esto», una expresión que resume su testimonio: «el amianto no estaba en un espacio apartado» sino escondido bajo la tierra en distintos puntos, habia «uralitas plastificadas pero se escondían bajo la tierra».

Según su testimonio, en el vertedero hay restos de fundición, arenas, tierras contaminadas, restos de obras públicas, plásticos...., y solo se separaba la chatarra. Según precisa, no había espacios diferenciados según el tipo de residuo.

Calcula que allí han estado entrado del orden de 200 camiones diarios, no solo procedentes de Gipuzkoa y Bizkaia y unas 500.000 toneladas apiladas en dos años, según su hipótesis. Según ha indicado, estuvo tres meses sin pisar la escombrera y cuando volvió le sorprendió lo que se había llenado en tan poco tiempo.

Subraya que lo que podía verse allí evidenciaba que no había ningún control sobre la actividad porque no se entiende que las inspecciones no detectasen lo que estaba ocurriendo. Lo que tiene claro, como resaltan las protestas vecinales, es que «algunos han hecho mucho dinero».

En el mismo sentido, un transportista que realizaba portes a la escombrera, declara en ‘Berria’ que Verter Recycling recogía «los residuos que no quería nadie».

La falta de control sobre la gestión de los residuos y el gran volumen de actividad que registraba la escombrera son conocidos entre la ciudadanía de la zona, a partir de testimonios de residentes en las inmediaciones de la zona de vertido, que destacan el gran volumen de tráfico de camiones pesados que se registraba, y el hecho de que se viera hasta transportistas de procedencia europea.

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