Amaia Ereñaga|2019/08/18 00:00

Hay un busto frente a la iglesia de San Andrés, en Eibar, que ha visto de todo, desde multitudinarias bendiciones de sanblases (tortas con anís típicas del mes de febrero) hasta manifestaciones, pasando por muchos atascos. El pintor Ignacio Zuloaga, inmóvil, parece buscar quien le mire, pero en la primera localidad en proclamar la Segunda República el apoyo declarado de Zuloaga al franquismo no suele provocar precisamente miradas de cariño; de desinterés, a lo sumo. Una visita a la retrospectiva que le dedica el Museo Bellas Artes de Bilbo dinamita esa indiferencia; ahí está el pintor vasco más famoso de todos los tiempos, con sus contradicciones, sus cuadros millonarios y, por qué no decirlo, sus miserias.