Iker Fidalgo
Crítico de arte
PANORAMIKA

Retrato de hoy

La sala SC Gallery de Bilbo centra su actual exposición en el retrato. Distintos artistas aportan sus obras para «Erretratu (dos)», que se puede visitar hasta el 30  de junio.
La sala SC Gallery de Bilbo centra su actual exposición en el retrato. Distintos artistas aportan sus obras para «Erretratu (dos)», que se puede visitar hasta el 30 de junio. (Cortesía de SC Gallery)

La pintura es una de las grandes disciplinas del arte. Atemporal y presente en todas las fases de la historia, siempre ha acompañado a los procesos de representación y las visiones del mundo. Dentro de ella, el retrato es una de sus grandes temáticas. Una rama que ha permitido conocer la manera en la que nos entendemos a nosotras mismas y a nuestra época. Durante varias fases de la humanidad, el retrato ha sido utilizado para homenajear deidades, para hacer eternos rostros de gobernantes y poderosos y para dotar de estatus a las clases pudientes. Pero, además, en esta recreación de los rostros se da también el desarrollo de una suerte de subgénero que es el autorretrato. La mirada se vuelve contra quien pinta para proponer la atención sobre personalidades situadas normalmente al margen de los espacios de protagonismo visual. Famosas son las obras de Van Gogh y Picasso o el escorzo del propio Velázquez en “Las Meninas” asomándose tras el gigantesco lienzo.

El siglo veinte y el nacimiento de las vanguardias históricas abrieron las puertas a muchas propuestas revolucionarias pero los rostros siguieron siendo parte de la historia. Incluso en la segunda mitad de siglo, las autorrepresentaciones de Warhol, por ejemplo, vinculan a la persona común con la cultura de masas y la salida del anonimato.

Pero a finales del siglo pasado, la explosión digital vino para cambiar las normas del juego. El abaratamiento de los dispositivos de producción de imagen, sumado al desarrollo de las plataformas de intercambio de archivos y difusión de contenido, promovieron un primer cuarto de siglo marcado por la sobreproducción visual. El fenómeno “selfie”, convertido en el autorretrato actual, democratiza la accesibilidad a la creación a cambio de unas imágenes de rápido consumo. El archivo digital nace condenado a desaparecer o a engrosar los servidores de una empresa que nos deja un trozo de memoria virtual a cambio de almacenar nuestros datos en un almacén de Los Ángeles. Aun y todo, la necesidad de perpetuar la presencia, interactuar con sus semejantes y ser dueñas de su propia representación, ha marcado irremediablemente a las generaciones nativas de las redes sociales alcanzando sus propios códigos y lenguajes.

Con motivo de la celebración de su 18º aniversario, la sala bilbaina SC Gallery plantea precisamente una revisión al paradigma del retrato en nuestra cultura visual. Desde la pintura y la gráfica, “Erretratu (dos)” se inauguró a finales del mes de abril reuniendo a un elenco de firmas que abordan el retrato y su capacidad de problematizar con la contemporaneidad. Nombres como Sebas Velasco, Javier Palacios, Grip Face, Nieves González o Fátima de Juan abarcan un abanico formal diverso y en líneas totalmente divergentes. Con todo, la colección de piezas, marcadas por un formato estandarizado para todas, componen un mosaico fiel a su temporalidad. Podrá verse hasta finales de junio.