2017/07/16

WIM VANDEVELDE
«Las medicinas contra el VIH tienen que ser baratas»


¿Qué hacía antes de estar involucrado en la negociación para el acceso al tratamiento por VIH con las compañías farmacéuticas y los Estados? Era el director de la filial portuguesa de una agencia de marketing financiera con sede en Lisboa. Empecé a involucrarme en el activismo en pro del tratamiento del VIH después de mi diagnóstico, en el año 2000, y tres años después ya estaba trabajando a jornada completa como activista del sida.

¿En qué consiste su trabajo activista? Primero me involucré en la mayor ONG portuguesa que lucha en temas relacionados con el VIH y poco después empecé a trabajar a nivel europeo, en el Grupo Europeo para el Tratamiento del Sida, la mayor organización activista de pacientes con VIH en toda Europa. Su misión es conseguir a la mayor velocidad los mejores productos e instrumentos médicos y tests diagnósticos para prevenir o tratar una infección por VIH o para mejorar la calidad de vida de personas que bien tienen VIH o bien están en riesgo de poder contagiarse. Cuando me convertí en responsable de la organización, asumí la responsabilidad de liderar actividades lobbistas con las instituciones nacionales y europeas que se encargan de la salud pública y de la prevención de enfermedades de transmisión sexual como el VIH y la hepatitis. La estrecha relación de trabajo que tengo con la Comisión Europea y con el Parlamento nos permite influir positivamente en el marco legal y favorece medidas de salud pública para prevenir y tratar la epidemia de VIH que sufre el continente. También trabajamos con las industrias farmacéuticas para influir en el desarrollo de nuevas y mejores drogas para el VIH y sus co-infecciones, desde el punto de vista del paciente. No solo queremos medicinas mejores y menos tóxicas, si no que queremos que sean baratas para que nadie que necesite el tratamiento se quede sin él por razones económicas. La innovación sin acceso es inmoral y las innovaciones en el tema del VIH-Sida tienen que llegar a todas las personas en países en vías de desarrollo, a todas en países desarrollados y a todas las del «norte global». Para que las medicinas para el VIH sean más baratas y sea posible comprarlas, tenemos que hacer campañas de presión públicas a las compañías farmacéuticas y crear marcos legales que posibiliten la proliferación de patentes de genéricos, que costarían una pequeña parte de lo que cuestan las medicinas de marcas con patentes protegidas.

¿Hubo negligencia gubernamental en los primeros años del brote? A principios de los 80, el sida era conocido como la “Enfermedad 4H”, ya que parecía afectar principalmente a los adictos a la heroína, homosexuales, hemofílicos y haitianos en los Estados Unidos. A excepción de los hemofílicos, el Gobierno republicano conservador de Ronald Reagan despreciaba el estilo de vida de las primeras víctimas conocidas del sida y, de hecho, descuidó la extensión de la enfermedad y rechazó gastar dinero en investigación para encontrar una cura. Aunque fue identificado por primera vez en 1981, Reagan no lo mencionó públicamente durante varios años más. Lo hizo finalmente durante una conferencia de prensa en 1985. Para entonces más de 13.000 muertes conocidas de sida habían ocurrido en los Estados Unidos. Muchas muertes se podrían haber evitado si los EE.UU. y otros gobiernos hubieran prestado más atención y dólares de investigación antes en la epidemia. Afortunadamente, hoy en día la mayoría de los estados entienden que tienen una responsabilidad específica para la salud pública, incluida la prevención, tratamiento y control de enfermedades epidémicas como el VIH-Sida, sin importar cuán vulnerables y estigmatizadas sean las poblaciones a las que afectan.

¿Dónde estamos en la lucha contra esta pandemia? Más de treinta años después del descubrimiento del virus, tenemos las herramientas para prevenir la infección y para hacer que el VIH sea una enfermedad crónica gestionable y que las personas que lo contraen tengan una expectativa de vida similar a la de personas que no están infectadas. Desafortunadamente, en muchos países alrededor del mundo, los gobiernos no quieren invertir los recursos necesarios en la salud y en la supervivencia de las personas más vulnerables y más estigmatizadas. Personas como hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres, personas trans, migrantes, trabajadoras sexuales y personas que se inyectan drogas. Demasiado a menudo, son las personas más vulnerables a la infección las que tienen menos acceso a la salud pública. Factores como el estigma, la discriminación y la criminalización hacen que no sean tenidas en cuenta y se les prive de los servicios de salud que necesitan. En Europa Occidental, donde el acceso a la salud pública es mejor que en muchas partes del mundo, las personas que viven con VIH todavía sufren el estigma y la discriminación en muchos sectores de la sociedad y no pueden revelar su estatus sin repercusiones serias. Para derrotar a esta pandemia, necesitamos acabar con la discriminación en la legislación, en la práctica y en nuestros corazones.