2018/08/12

Cómo no perderse en el buffet libre
XANDRA ROMERO
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Aunque seguro que son muchos los que ya están disfrutando de las merecidas vacaciones, otros casi estamos a punto de plantarnos debajo de la sombrilla. Evidentemente hay millones de planes para hacer en vacaciones y cada cual opta por el que más se ajusta a sus gustos. Sin embargo, elijamos playa o montaña, cerca o lejos, son muchos los que se decidirán por ir a un hotel, con quizá media pensión, sobretodo aquellos que viajan con niños o los que quieren total comodidad.

Aquí puede que nos topemos de frente con el “síndrome” del temido buffet libre, al que muchos tendrán que enfrentarse en una o dos comidas al día durante su estancia.

En este punto corremos el riesgo de acabar volviendo a la mesa con tres platos cargados de comida y echar por la borda no solo nuestra salud en lo que a peso se refiere, si no también los conceptos de elegir y consumir alimentos de calidad, comer de forma consciente y diferenciar entre el hambre fisiológico y apetito emocional. Vamos, que podemos echar a perder todos los buenos hábitos que tanto esfuerzo nos ha costado incorporar durante el año.

No me malinterpreten, no me refiero a que tengamos que pasar las vacaciones a “dieta” ni obsesionados con mantener el peso. Precisamente la intención es todo lo contrario; disfrutar de la comida, del momento social que implica cada una de ellas, pero manteniendo el deseo y el convencimiento de llevar un estilo de vida saludable.

Y ¿cómo se llega a ese “equilibrio”? Bueno, en primer lugar, la clave para controlarnos es ser previsores antes de llegar a la cafetería del hotel. Del mismo modo que antes de empezar a realizar cambios más saludables en nuestra dieta primero es necesario mentalizarse y estar decidido, antes de entrar al buffet libre con el plato es necesario estar convencido de seguir queriendo elegir bien.

¿Qué significa elegir bien en el desayuno de buffet? Por ejemplo significa evitar cereales de desayuno que tienen hasta un 33% de azúcar, la bollería, los zumos envasados por todo el azúcar que contienen o los embutidos porque es carne roja procesada.

En su lugar, aprovechemos para comer cosas ricas y sanas que no solemos tomar cualquier día en casa como, por ejemplo, fruta recién cortada o unos huevos revueltos, acompañados con unas tostadas de pan integral y un café o infusión.

En resumen, se trata de “controlarse” a la hora de elegir y no tanto en la cantidad si dicha elección es adecuada, porque recuerda que sabemos por diversos estudios que la disponibilidad es muy determinante a la hora de elegir, esto es, cuántos más bollos haya encima de la mesa, mayor es el riesgo de que acabemos comiéndolos para desayunar. ¿Y si el buffet incluye la comida y/o la cena? Más de lo mismo. Preocúpate de lo que eliges.

Un truco es coger un plato llano grande y dividirlo por la mitad, una de las cuales podemos completarla con verduras que pueden ser ensalada o verduritas cocinadas; la otra mitad sobrante la volveremos a dividir en dos cuartos que los completaremos, uno con proteínas como, por ejemplo, legumbres, huevos, marisco, carnes magras o pescados y la otra con cereales a poder ser integrales como arroz o pasta o, si no, patata asada o cocida.

Con el plato así distribuido nos aseguramos que estamos eligiendo adecuadamente y, si se nos quedase corto de cantidad, la idea está en repetir la jugada. De postre elige fruta y para beber mejor agua.