2018/09/09

Ser vegano en verano
XANDRA ROMERO
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Adiferencia de otros países europeos, en el Estado español no hay datos oficiales sobre población vegetariana. Tan solo existen algunas estimaciones, según las cuales rondan el 0,5% de la población. En base a los datos de la encuesta ENIDE, realizada en 2011, el porcentaje de personas que dicen no comer carne ni pescado es del 1,5%. Siendo los datos tan escasos, no ha habido ninguna entidad de referencia a nivel estatal que se haya preocupado en adecuar y publicar unas buenas guías y recomendaciones nutricionales adaptadas a nuestra población y a nuestros alimentos. Sin embargo, sabemos que las dietas vegetarianas adecuadamente planificadas y nutricionalmente apropiadas pueden proporcionar beneficios para la salud en la prevención y en el tratamiento de ciertas enfermedades. Asimismo, esas dietas, siempre bien planificadas, son apropiadas para todas las etapas del ciclo vital, incluido el embarazo, la lactancia, la infancia, la niñez y la adolescencia, así como para los deportistas.

Sea como fuere, lo cierto es que cada vez son más las personas que optan por este modelo de alimentación; sin embargo como viene siendo habitual desde que el mundo es mundo, cuantos más adeptos tiene una opción nutricional existe mayor riesgo de que aparezcan mitos, ideas distorsionadas y patrones de ingesta alterados.

Estos mitos y patrones se ven agravados muchas veces por las opciones vegetarianas que se dan en algunos restaurantes o bares. En este sentido, y aunque es cierto que hoy en día muchos establecimientos tienen en cuenta esta opción dentro de su carta o menú, muchos de ellos solo lo hacen dirigiéndose al perfil ovolactovegetariano; es decir, aquel que sí ingiere algún alimento de origen animal como huevos, lácteos y miel. En cambio, cuando se trata de una opción vegana (absolutamente nada de origen animal), la cosa suele complicarse si se trata de un restaurante o bar común. Pongamos como ejemplo un menú real; en concreto, un menú del día de 15 euros, de un restaurante en el centro de Bilbo.

De primero: Tortelini de boletus con salsa de champis, brócoli y tomate deshidratado; o salmorejo con virutas de ibérico; o ensalada de pollo crujiente con vinagreta de anchoa

De segundo: Pollo guisado con leche de coco sobre hortalizas; o entrecote a la parrilla con patata panadera; o moussaka de berenjena gratinada con queso feta.

En este establecimiento señalan como opciones vegetarianas los tortelini y la moussaka; sin embargo, ambos llevan lácteos como parte de la salsa, en el primero y queso, en el segundo, de modo que un vegano no podría comerlo. Tampoco ningún otro plato, puesto que tanto el salmorejo como la ensalada llevan proteína animal.

Si nos ponemos empáticos, entenderemos que algo tan común como comer casi a diario en un chiringuito o tirar de menú del día durante las vacaciones o los viajes para algunos vegetarianos puede resultar misión imposible, siempre y cuando se pretenda cumplir la premisa anteriormente mencionada: las dietas vegetarianas tienen que estar bien planificadas y ser nutricionalmente adecuadas.

Al final, muchos acaban eligiendo una ensalada escasita y patatas fritas como la mejor opción cuando acuden a establecimientos no especializados en comida vegetariana.

En estos casos lo único que queda es tirar de ingenio y pedir a los camareros algunas modificaciones. Pero como tip podemos intentar elegir de la siguiente forma:

Verduras: Parte fundamental del menú que pueden encontrarse como ensalada o como guarnición, que se puede pedir expresamente en estos casos, así como cremas frías sin lácteo, por ejemplo.

Cereales: Arroz, pasta y cuscús pueden ser opciones que se encuentren en un menú o carta y puedan pedirse como modificación, cocidos únicamente o acompañados de verduras o con salsa de tomate natural.

Como proteína vegetal se puede pedir legumbre como cocido, en ensalada o, incluso, en forma de humus, como el apetecible de nuestra fotografía.