Pello Guerra
No todo lo escrito es cierto

Desmontando la leyenda de Hemingway en los sanfermines

Nueve visitas a las fiestas de Iruñea y ambientar una novela en ellas. Este bagaje ha sido suficiente para que el escritor estadounidense Ernest Hemingway se haya convertido en un icono de los sanfermines y para que alrededor de ese vínculo se hayan creado una serie de mitos que ha venido a desmontar el iruindarra Miguel Izu en su documentada obra «Hemingway en los sanfermines».

gara-2020-02-17-Reportaje

Leyendas y mitos aderezan el vínculo existente entre Hemingway y los sanfermines hasta llegar a extremos que casi resultan ridículos, pero que han demostrado estar hechos a prueba de bomba. Sin embargo, no faltan voces dispuestas a poner las cosas en su sitio y esa es la misión del último libro del escritor Miguel Izu, que se ha propuesto con su obra apartar el grano de la paja y dejar al descubierto lo que hay de cierto y falso en esta cuestión.

Uno de los mitos más extendidos es considerar a Hemingway como el primer extranjero que escribió sobre los sanfermines poniendo el foco en ellos. Pero el escritor no “descubrió” las fiestas de Iruñea. Izu recoge cómo ya desde finales del siglo XIX e inicios del XX «aparecen las primeras quejas sobre la masificación de las fiestas», una popularización de los sanfermines en la que mucho tendría que ver el hecho de que fuera la ciudad de origen del violinista Pablo Sarasate, conocido en aquella época a nivel internacional.

Así, en 1923, primer año que el escritor acudió a los sanfermines, la prensa local ya destacaba el «incesante llegar de forasteros que no sabemos dónde demonio se van a meter. De elemento americano, sobre todo, y de Francia, han venido en proporciones verdaderamente extraordinarias».

De hecho, si Hemingway decidió recalar en Iruñea fue porque ya contaba con referencias de lo que sucedía durante los sanfermines y siguiendo su deseo de empaparse del mundo de la tauromaquia, por el que tenía un enorme interés.

A partir de ese año, el escritor se convertiría en un habitual de las fiestas en la década de los 20, aunque en total visitó Iruñea en nueve ocasiones y no todos los años, como se ha llegado a asegurar. En concreto, recaló en sanfermines entre 1923 y 1927, en 1929, en 1931 y después de la Guerra del 36, los años 1953 y 1959.

El salto de 22 años entre 1931 y 1953 se debió a que, en primer lugar, el escritor se sintió atraído por África y, posteriormente, a que fue corresponsal tanto en la Guerra del 36 como en la Segunda Guerra Mundial. A partir de 1945, su principal impedimento para volver a Iruñea era la dictadura de Franco, que recordaba sus simpatías por la República española y sus ideas políticas antifascistas.

La Guerra Fría y el acercamiento de EEUU al régimen franquista hicieron que Hemingway pudiera regresar a esas fiestas que tanto quería, siempre y cuando se abstuviera de hacer comentarios de corte político. Un compromiso que respetó, lo que le permitió disfrutar de dos sanfermines en plena dictadura.

El impactante caso de La Perla. Relacionado con esas dos últimas estancias, surge uno de los mitos más curiosos y lucrativos sobre Hemingway y que tiene que ver con el lugar en el que se alojaba el premio Nobel de Literatura en Iruñea.

El Hotel La Perla de la plaza del Castillo asegura que conserva intacta la habitación en la que se alojó y que sería la 217, hoy la 201. Pues bien, lo más sorprendente del asunto es que el escritor solamente pasó una noche en el citado hotel, lo hizo antes de los sanfermines y en el año 1924.

En su primera visita a las fiestas, Hemingway reservó una habitación en el Hotel La Perla, donde se presentó con su primera esposa, Hadley Richardson, el 6 de julio de 1923. Pero, al llegar al establecimiento, le pareció demasiado caro y la persona que lo regentaba entonces, Ignacia Erro, encaminó a la pareja a un piso particular en el número 5 de la calle Eslava, donde finalmente se alojaron.

Al año siguiente, Hemingway y su esposa recalaron en Iruñea antes de las fiestas camino de Madrid. El 26 de junio se alojaron una noche en el Hotel La Perla y reservaron habitaciones para ellos y los amigos con los que compartirían los próximos sanfermines.

Pero una vez en Madrid, un crítico taurino les recomendó que se alojaran en el Hotel Quintana, situado en el extremo opuesto de la plaza del Castillo y que estaba regentado por Juanito Quintana, un gran aficionado a la tauromaquia. Así que cuando regresaron a la capital navarra, los Hemingway se alojaron en el establecimiento de Quintana y sus amigos, en La Perla.

A partir de ese momento se entabló una relación muy estrecha entre el escritor y el hotelero, de tal manera que en los siguientes años, siempre se alojó en su establecimiento. A partir de la guerra, ya no era posible. Quintana era republicano y salvó la vida en julio de 1936 porque la sublevación militar le sorprendió viendo una corrida de toros en Las Landas. Su hotel fue incautado por los sublevados y salió a subasta para ser reabierto como Hotel España unos meses más tarde.

Entonces, ¿Hemingway se alojó en el Hotel La Perla en los años 50 al no existir el Hotel Quintana? Pues tampoco. En 1953, y gracias a las gestiones del propio Quintana, el escritor y sus acompañantes se instalaron en el Hotel Ayestaran de Lekunberri y cada día cubrían los 40 kilómetros de ida y los correspondientes de vuelta para acudir a la capital navarra.

De cara a las fiestas de 1959, Hemingway recurrió de nuevo a Quintana para solventar la cuestión del alojamiento. En concreto, le pidió que le proporcionara un piso lejos del centro de la ciudad y del ruido nocturno festivo. Y su fiel amigo consiguió que le alquilaran un chalet en la Media Luna.

Por lo tanto, resulta cuando menos sorprendente que en el Hotel La Perla se promocione esa habitación en la que supuestamente se hospedó el escritor. Pero Izu aporta una explicación al respecto al comentar que «por setecientos euros la noche, dos mil más en sanfermines, se proporciona a los clientes la inofensiva ilusión de dormir en la misma habitación que ocupó el escritor».

El peculiar vínculo con el Café Iruña. Pero no solo el Hotel La Perla ha buscado un vínculo con Hemingway. Lo mismo sucede con el Café Iruña, aunque en su caso sí que existió una relación estrecha con el escritor estadounidense, al menos en sus primeras visitas a los sanfermines. Sin embargo, en los años 50, el autor decidió no acercarse a ese local porque «se ha puesto cargante» y «me han dicho que ahí se reunían los generales fascistas», según le confesó a un amigo.

Ese “boicot” del escritor no ha supuesto ningún problema para que en el Café Iruña exista un rincón dedicado a Hemingway en el que se puede ver una estatua de tamaño natural del autor similar a la existente en El Floridita de La Habana (Cuba) y que le representa precisamente con su clásica estampa de los años 50, cuando no lo pisó.

Y siguiendo con este establecimiento, Izu señala que, contra lo que se ha asegurado, Hemingway no empezó a escribir “Fiesta” en ese lugar durante las fiestas de 1925, sino que simplemente habría tomado algunas notas de lo que veía para realmente redactar la novela una vez que había abandonado Iruñea. Una obra que tampoco fue pionera al ambientar una trama en los sanfermines, puesto que un año antes de que se publicara “Fiesta”, vio la luz “El barrio maldito” del escritor navarro Félix Urabayen y que trata con cierto detenimiento las fiestas.

Su rechazo al Café Iruña hizo que en sus dos últimas fiestas Hemingway frecuentara las terrazas del antiguo Kutz y sobre todo, del Txoko, ambos también situados en la plaza del Castillo.

En la terraza de este último bar se podía ver al escritor rodeado de gente que buscaba un autógrafo suyo y que se quería fotografiar con él. Pero eso solamente sucedió en los sanfermines de 1959 y tras serle concedido el Premio Nobel de Literatura en 1954. Hasta entonces, existe cierta unanimidad en que Hemingway era conocido por un reducido número de personas en Iruñea y que todavía eran menos los que habían llegado a leer “Fiesta”. Al respecto, Izu aporta el testimonio de la periodista estadounidense Ishbel Ross, quien visitó Iruñea en 1931, casi cinco años después de ser publicada la novela ambientada en los sanfermines, y llegó a la conclusión de que nadie había oído hablar de Hemingway en Iruñea.

Pero como el escritor sí que era muy conocido a nivel internacional, no faltaron leyendas alrededor de personajes de relumbrón que habrían visitado los sanfermines de la mano precisamente de Hemingway, aunque muchos de ellos jamás llegaron a pisar Iruñea. Al respecto, Izu aporta los nombres de Man Ray, Scott Fitzgerald, Cole Porter, Pablo Picasso, Dorothy Parker, Gary Cooper, Ava Gardner o Lauren Bacall, entre otros.

Estos son solo algunos de los mitos que Izu desmonta en su libro y que llegaron a generarse incluso alrededor de su muerte, ocurrida el 2 de julio de 1961, cuando se disparó con una escopeta de caza en su casa de Ketchum (Idaho).

Se llegó a decir que en el cajón de su mesilla de noche tenía guardadas las entradas para la feria de Iruñea de ese año. Y rizando el rizo, incluso se ha asegurado que estaban en la mesilla de su habitación del Hotel La Perla. Para completarlo, algunos hasta han situado en ese espacio los billetes de avión que le llevarían a Iruñea y que le habría comprado su inseparable Juanito Quintana.

Unas fiestas cargadas de leyendas. Leyendo el libro de Miguel Izu parece que casi resulta inevitable que la presencia de Hemingway terminara adornada con leyendas y mitos, como si su sola presencia no fuera suficiente para dar cierto ambiente a los sanfermines. El escritor iruindarra lo ve así al recordar que «unas fiestas como los sanfermines acumulan muchas leyendas, desde que el pañuelo rojo simboliza el martirio de San Fermín, pasando porque en Pamplona se reúnen un millón de personas, hasta que todos los años hay algún muerto en el encierro. Hemingway es un personaje muy famoso y muy desconocido entre nosotros, y un candidato óptimo para que se le adjudiquen multitud de anécdotas que nunca ocurrieron».

Además, se da la circunstancia de que al propio Premio Nobel de Literatura le iba ese tipo de «marcha», eso de crearse una especie de aureola mítica. Como señala Izu, «Hemingway solía ser bastante exagerado y melodramático, buena parte de su leyenda la elaboró él mismo. Cuando viene por primera vez a Pamplona en 1923, escribe que él y su esposa eran los únicos extranjeros, lo cual es rotundamente falso, ya que con anterioridad ya venían turistas extranjeros».

Y cuando después de una larga ausencia vuelve a Iruñea en los años 50, «promete muchas veces que va a regresar todos los años, pero solo viene dos veces, en 1953 y 1959, pero crea la impresión de que es un visitante habitual. También presumía de haber corrido en el encierro, pero en realidad solo participaba en las vaquillas emboladas, a las que se empeñaba en torear».

Desmontar los mitos creados alrededor de Hemingway puede llegar a generar rechazo entre algunos sectores, ya que parece minorizar la leyenda de los propios sanfermines, aunque Izu resta importancia a esta cuestión. El escritor considera que «quizás unas pocas personas se sientan molestas, pero creo que las leyendas suelen sobrevivir sin problemas a libros como el mío». Porque incluso «sabiendo que solo son leyendas, se seguirán contando igual, porque resultan más divertidas que la realidad. Se sabe que la propia existencia histórica de San Fermín es más que dudosa, que su vida se nutre de leyendas, pero no hay la menor intención de dejar de celebrar su fiesta».