2020/06/28

Covid Study Houses
IBAI GANDIAGA PÉREZ DE ALBÉNIZ
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El compartir casa es un acto habitual y natural del ser humano. Un deseo de seguridad y cobijo hace que tengamos la necesidad de agruparnos por protección. Está demostrado que el desarrollo cognitivo bebe de las fuentes de ese contacto social pero, además, una persona puede describir su vida en función de cómo ha compartido casa. Los arquitectos Ekain Olaizola y Jonander Agirre han impulsado un proyecto, que han bautizado como Covid Study Houses, que busca recopilar instantáneas de cómo vivimos, en forma de dibujos en planta de las casas que hemos habitado durante el confinamiento del covid-19.

«La idea surgió de Ekain», nos cuentan los jóvenes arquitectos donostiarras. «Ya usaba su cuenta de Instagram como álbum de las casas en las que ha vivido. Abrimos la cuenta en varias redes sociales, le pusimos un nombre, diseñamos un logo, escribimos un pequeño manifiesto y fijamos un periodo de 40 días para recoger dibujos». El proyecto hace referencia a las Case Study Houses, una serie de modelos experimentales de vivienda que se llevaron a cabo en la posguerra del siglo pasado en Estados Unidos. Al igual que entonces, cuando se buscaba una solución habitacional a un problema por la destrucción de las viviendas por el conflicto bélico, al empezar el confinamiento los arquitectos Olaizola y Agirre enseguida intuyeron que la pandemia iba a hacer que volviéramos la mirada sobre nuestras propias casas.

El resultado del llamamiento que hicieron por redes sociales ha sido de más de 200 dibujos recibidos, gran parte de Euskal Herria o el Estado español, pero también de Australia, Suecia, Canadá, México, Estado francés… «Nuestra intención era recibir dibujos de gente que no esté acostumbrada a dibujar, que nunca se hubiera planteado dedicarle un tiempo a dibujar la planta de su casa. De estas personas han surgido las respuestas más interesantes».

En la colección de dibujos que han ido recibiendo y mostrando por redes, hay dibujos a mano alzada, con rotulador, con lápiz, con piezas de Lego, con cartón, con collage… Muchos son dibujos de arquitectos, interioristas o gente que conoce el lenguaje de los planos, pero muchos otros no siguen, probablemente por desconocimiento, las convenciones del dibujo técnico. Sobre estos últimos, los arquitectos puntualizan: «Quizás no sean los más bonitos, pero nos fascina ver cómo un muro, que en arquitectura dibujaríamos grueso, en muchos dibujos se representaba como una línea, y las ventanas como una masa con profundidad, justamente de la manera opuesta a como es convencional. Son maneras que responden a la percepción visual de un espacio».

Interpelados sobre las conclusiones que extraen, como arquitectos, sobre si nuestras viviendas están suficientemente adaptadas, responden: «Se da una situación peculiar. En el Estado español se ha decretado uno de los confinamientos más estrictos y a la vez es un país que tiene una historia urbana muy particular que hace que la inmensa mayoría vivamos en pisos, generalmente pequeños. Además, son viviendas planteadas desde una jerarquía muy marcada (sala de estar, dormitorio principal, dormitorios, cocina, baño), con una lógica de espacios proveniente de una lectura patriarcal de la familia, con espacios exteriores muy reducidos o inexistentes, con espacios comunitarios casi nulos y con escasa conciencia medioambiental. De todas estas cosas nos hemos dado cuenta durante todo este tiempo, porque claramente nos faltaba algo, algo que habitualmente se llenaba con la calle, con la vida fuera».

Conclusiones en tiempos de pandemia. Del mismo modo que la II. Guerra Mundial puso en crisis el modelo decimonónico de casa, esta pandemia también pone en solfa muchas cosas que se daban por hecho. Por ejemplo, la circunstancia de que en cada casa haya solo un núcleo familiar, esto es, que no convivan varias generaciones y familia no directa –tíos, primos, ahijados, etc.– es relativamente novedosa dentro de la organización humana. Otro ejemplo lo encontraríamos en que, aunque se lleva hablando de la vivienda adaptable desde hace más de cincuenta años, todavía no hemos encontrado la manera, o no la hemos querido encontrar, para realizar una vivienda que pueda servir, sin hacer obra, para una, tres o cinco personas. Y, por último, un proyecto como el Covid Study Houses pone de relevancia la gran identificación personal y simbólica que hemos tenido con nuestra casa. Nunca en la historia del mundo moderno hemos podido abrirnos tanto a los hogares de las personas, que nos mostraban un trocito de hogar a través de sus pantallas en las videoconferencias.