Gotzon Uribe
Crítico musical
MÚSICA

Nap Eyes

Después de tres años de silencio, la banda canadiense Nap Eyes ha vuelto con nuevo trabajo. “The Neon Gate” es su quinto álbum y recopila un conjunto de nueve fascinantes ensoñaciones en formato de canción grabadas durante los cuatro años transcurridos desde su último álbum, “Snapshot of a Beginner”. “I See Phantoms of Hatred and of the Heart's Fullness and of the Coming Emptiness”, la penúltima canción del álbum, es, junto con “Demons”, su lánguida adaptación de un poema fantasmagórico del escritor romántico ruso Alexander Pushkin (1799-1837), una de las dos ambiciosas pero hábiles adaptaciones en las que el cantante y compositor principal Nigel Chapman desenreda versos centenarios en melodías fluidas.

Este nuevo compromiso con la narrativa y la formalidad lírica complementa las siete canciones originales del disco, que revelan los puntos de referencia clásicos del grupo, pero también evidencia los impulsos hacia la abstracción y la composición improvisada que dan como resultado sus canciones más deconstruidas hasta la fecha. Con “The Neon Gate”, Nap Eyes ha transmutado, al igual que su comprensión de lo que es una canción, lo que puede hacer y a dónde podría ir.

Sin dejar de lado la seriedad del disco, estas canciones también son divertidas, extravagantes y conmovedoras, como es habitual en ellos. Juntan escenarios absurdos de la Edad Media con detalles cotidianos, representados de manera concisa, de viajes entre los planos terrenal y cósmico -“Passageway”-. Abundan los castillos y las criaturas místicas, y la fe en la química, la astrofísica, la observación naturalista… Así, los humildes pájaros que dan título al tema de apertura, “Eight Tired Starlings” (Star Birds), deben navegar entre rayos de luz, curvando el espacio-tiempo, las ondas gravitacionales y las colisiones galácticas «a mil millones de años de distancia». Entretanto, pilotada por los ritmos sutiles y sintéticos de la banda, “Feline Wave Race” surge de la práctica de la escritura improvisada actual de Chapman y de sus experimentos con la composición espontánea. Nos transportamos, en compañía de un gato salvaje digital, desde el espacio a través de un tiempo profundo «cuando las nubes de gas pasan y las moléculas se distribuyen por todo el tejido del horizonte desde el borde del foso del castillo del siglo XIII», narra en unas letras surrealistas para llegar hasta 1996 y unirlo con el año en que Nintendo lanzó el videojuego de motos acuáticas “Wave Race 64”.

Una de las razones por las que Nap Eyes son una banda tan interesante es que nunca encajaron realmente dentro de la escena. Surgió un poco después de bandas como The Shins, Fleet Foxes y Real Estate, y no encajaba en la misma escena musical, a pesar de atraer a un grupo similar de seguidores. Lo que les beneficia, en este preciso momento, es que todavía parecen estar en un estado de gracia creativo. La música de Nap Eyes sigue conservando un propósito, una inquietud y un sentido de búsqueda.


Chris Cleverley

El compositor inglés Chris Cleverley nació bajo una luna de solsticio de verano a finales de los 80. Su estilo musical se inspira en la música folk alternativa norteamericana. Artistas referenciales como Elliott Smith o Sufjan Stevens son dos pilares para adentrarse en el mundo de Cleverly. Acaba de publicar su nuevo trabajo, un hermoso disco de cinco canciones donde entreteje su característico estilo experimental con la intimidad de su voz dulce y sus melodías acogedoras. El sonido acústico se entremezcla con sintetizadores y guitarras eléctricas que van creando atmósfera. Referencia el sonido folk pero también aparecen el pop ensoñador o texturas de música electrónica.