Iñaki Zaratiegi
Periodista, especializado en información cultural / Kazetaria, kulturan espezializatua
EXPOSICIÓN «PARA CONTAR MI HISTORIA»

Palestina, la existencia recuperada

Contra la desoladora visión de una Palestina en ruinas a la que nos ha familiarizado el genocidio israelí, los testimonios históricos dan cuenta de la existencia de una sociedad vital y plural que la ocupación trata de negar. Así lo atestigua una itinerante exposición fotográfica que se puede ver en Donostia hasta el 6 de junio, con algunas iniciativas paralelas.

Casa en ruinas en el campo de refugiados de Yenin durante la segunda Intifada, 2002. (The Palestinian Museum)
Casa en ruinas en el campo de refugiados de Yenin durante la segunda Intifada, 2002. (The Palestinian Museum) (GARA)

El colonialismo de ocupación y genocidio convive obligadamente con la negación del valor humano y la proyección como pueblo de la población arrasada. Como base de su supremacismo criminal, el movimiento sionista diseñó desde su creación un discurso negacionista sobre la existencia de la nación palestina. Enterrando la historia de la Nakba, la expulsión a sangre y fuego en 1948 de la población que habitaba en ese rincón de Oriente, Israel dibujó una narrativa que justificaba la creación del Estado invasor sobre un territorio vacío, no sobre los restos de una masacre.

La Nakba culminó el proceso que comenzó en 1917 con la Declaración Balfour, en la que los entonces ocupadores británicos prometieron formar una “patria” judía en Palestina. Tomada sin consultar a la población nativa, la medida allanó el camino para la destrucción y el intento de borrado de toda una sociedad con profundas raíces en aquella tierra.

Los invasores colonialistas hurtaban al conocimiento de la historia la existencia de unas 750.000 personas palestinas expulsadas de sus hogares y su tierra, más otros miles de gentes ejecutadas entre 1948 y 1949. Pero el poderío propagandístico y de manipulación del régimen sionista que atenaza a los círculos intelectuales y mediáticos más influyentes del mundo no pudo enterrar tamaño crimen. La colectividad palestina, una minoría de investigadores y opinadores israelíes y una importante franja solidaria de la opinión internacional han mantenido el rescoldo de la verdad histórica contra los mitos fundacionales de un Estado construido sobre masacres, robo de tierras y limpieza étnica.

No hay especialista con un mínimo de dignidad moral o profesional que pueda comulgar con la distorsión etnonacionalista del judaísmo sionista. No hay persona cabal que pueda pensar que la población palestina vivió durante largos años sin conciencia de pueblo y que se marchó de sus casas porque no poseían arraigo con aquella tierra. Un arraigo que sí lo tendría el sionismo por ser el pueblo elegido de Dios con derecho sobre la vida y los lugares que ocupó militarmente.

 

Estudiantes en la Universidad de Birzeit, Cisjordania, 1992. (The Palestinian Museum)

LA CARA HUMANA

La memoria emocional individual, familiar, social y como pueblo no puede ser borrada fácilmente. Persiste a través de la existencia sentida, vivida, contada, narrada o escrita. Y en la época moderna ha contado con el excepcional apoyo de lo fotografiado. Las imágenes elaboradas a través de los años son prueba irrefutable de un pasado como comunidad, pueblo y nación.

Es lo que gráficamente muestran iniciativas como la exposición “Nire historia kontatzeko / Para contar mi historia”, que se exhibe en la Casa de Cultura Okendo de Gros, Donostia, hasta el 6 de junio. Son ciento veinte fotografías, de entre 1948 y 2023, procedentes del Palestinian Museum Digital Archive (PMDA), que sobrevive en la localidad de Birzeit, Cisjordania, cerca de Ramallah. Fueron seleccionadas de entre su colección de casi veinte mil imágenes, donadas por familias y particulares.

El proyecto itinerante, comisionado por el fotógrafo Pablo Llorca (Madrid, 1963), ha llegado a Donostia de la mano del 23º Festival de Cine y Derechos Humanos, celebrado durante el final de abril. Está organizada por el Ayuntamiento donostiarra y la Asamblea de Cooperación por la Paz. El título de la exposición y del libro que la acompaña es una cita del escritor palestino Refaat Alareer (Gaza, 1979-2023) y pretende contar una historia de las vivencias cotidianas, la cara humana de un lugar y unas gentes a las que estamos viendo mayormente como un horror en vida.

 

Niños en la Escuela Hogar evangélico de Ramallah, entre los años 60 y 70. (The Palestinian Museum)

La exposición arranca en 1948 y llega hasta nuestros días. La mayoría de autores no son profesionales y las fotografías reflejan temas diferentes con técnicas y estilos también plurales por su procedencia múltiple. Poseen en general una actitud natural por parte de quienes activaron las cámaras y de la gente retratada. Es un archivo pacientemente reunido para preservar la memoria perseguida del pueblo palestino, porque la destrucción no solo afecta vidas, edificios e infraestructuras, sino también la documentación que da testimonio de su propia existencia. Y, como testifica el proyecto, aquí hay vida “normalizada” o directas heridas de guerra y ocupación.

De entre las primeras, escenas escolares y de competiciones deportivas, celebraciones de calle, alguna campaña sanitaria, campesinos o pescadores en momentos laborales, lugares de trabajo, fiestas, bailes o divertimentos con alguna elegante orquesta o un conjunto ye ye en acción y hasta un flamante coche deportivo de época.

Por la parte dolorosa, ocupación, represión o humillantes pasos de control policial, escenas de protestas populares o familias reunidas en viviendas reventadas que se sostienen con apenas un par de paredes, cubiertas de carteles de mártires de la resistencia.

Va cambiando con el paso del tiempo la estética social, muy occidentalizada hace unas décadas, con una mayoría de mujeres sin cubrirse, especialmente las jóvenes urbanas, y una población masculina también joven y urbana muy influida por lo extranjero. Pero persiste siempre la espiral de violencia colonial.

 

La activista social Layla Tarazi con sus amigas en la escuela Schimdt, Jerusalén, en los años 50. (The Palestinian Museum)

MEMORIA EN PIE

El Museo Palestino, accesible on line, se dedica a preservar el legado cultural y la historia de la sociedad palestina. El edificio, que posee gran belleza arquitectónica, se creó para recopilar documentos y su Archivo Digital ha reunido y digitalizado desde 2018 más de 350.000 documentos. Hay entre ellos papeles de identificación, registros oficiales, cartas, diarios, manuscritos, mapas, fotografías, piezas de prensa, textos de vídeo y audio, películas y grabaciones de audio que datan desde el siglo XIX hasta la actualidad y corrían el riesgo de perderse, dañarse o ser confiscados.

Los materiales se digitalizaron y se pusieron a disposición del público en un sitio web abierto a usuarios dentro y fuera de Palestina, en árabe e inglés. El Archivo Digital ofrece una perspectiva histórica de más de dos siglos de relatos palestinos contados desde el punto de vista de quienes viven desde abajo. Se centra en la gente común, a menudo olvidada o marginada por la historia. El proyecto también busca promover una cultura de conservación y archivo digital, así como concienciar sobre la importancia de los archivos y sus infinitas posibilidades. El Archivo inició su primera fase en febrero de 2018 y cuenta con el activo apoyo solidario del ex ministro laborista australiano Peter Baldwin. En los últimos años, numerosas personas, familias e instituciones palestinas han ofrecido sus documentos.

 

Trabajadores palestinos en un puesto de contratación del «mercado de esclavos», en la plaza Damasco de Jerusalén, 1987. (The Palestinian Museum)

EXISTENCIA COTIDIANA

Acompaña a la exposición un libro del mismo título con aportaciones de diversas firmas, mayormente enseñantes y creadores interesados en Palestina, como Dunia El-Habib, Andrés Rabago “El Roto”, Javier Codesal, Jorge Gimeno, Joss Dray, Juan José Millás, Luz Gómez, Manuel Olveira, Nasser Rabah o el citado Pablo Llorca. El libro se puede adquirir a cambio de un donativo y los ingresos van destinados a UNRWA, la agencia de la ONU para los refugiados palestinos, blanco preferido del Gobierno y Ejército sionistas.

Y a la par que la exposición, se han programado varios encuentros en el salón de actos de Okendo Kultur Etxea. Hace unas semanas estuvo la periodista Beatriz Lecumberri (Iruñea, 1973), que vivió más de cinco años en Jerusalén, presentando el libro “Palestina, la tierra estrecha. Crónicas de la ocupación israelí” (Big Sur, 2025), compleja colección de vivencias que se adentra en la vida cotidiana de la gente palestina e israelí, antes y después del 7 de octubre de 2023, fecha de la acción armada de la resistencia contra territorio judío que desencadenó la actual gran operación genocida sionista.

 

Madres y niños en la campaña de vacunación, a cargo de la UNRWA, en el campo de refugiados de Shati, Gaza, 1987. (The Palestinian Museum)

La recopilación de relatos ofrece instantes vitales de la ocupación, como una niña de Gaza obligada a operarse sola, un vecino de Jerusalén Este forzado a demoler su casa, un soldado marcado por la guerra, un colono que normaliza su apropiación…

El jueves 28 habrá una nueva conferencia con María Teresa Aranguren (Artziniega, 1944), que presentará el libro “Palestina, la existencia negada” (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2025). También periodista, es presentada como «veterana corresponsal en zonas de conflicto que ofrece una síntesis precisa y clara de cómo la cuestión palestina ha desembocado en el genocidio palestino».

 

Campeonato universitario de atletismo, Birzeit, 1973. (The Palestinian Museum)

CONTRA EL OLVIDO

Aranguren elaboró ya el documento “Contra el olvido. Una memoria fotográfica de Palestina antes de la Nakba. 1889-1948” (Ediciones de Oriente y del Mediterráneo, 2015), mano a mano con la fotógrafa y activista Sandra Barrilaro (Bilbo, 1960). La recopilación databa la protohistoria palestina con fotos de las huelgas contra el mandato británico y el sionismo, escenas costumbristas de época o retratos de celebridades.

Mostraba, por ejemplo, a las integrantes del Primer Congreso de las Mujeres Árabes de Palestina, celebrado en Jerusalén en 1929 contra la Declaración Balfour y la creación del Hogar Nacional Judío en Palestina. Una iniciativa concebida como forma de crear memoria viva de la historia palestina anterior a la Nakba y mostrar lo que se perdió como resultado de ella.

Todos estos proyectos fotográficos son presentados como una posibilidad de rescate de una Palestina en paz y prosperidad y también la imposibilidad de su concreción ante la implantación de otro mundo que busca su desaparición y rechaza el mestizaje. Avisan sus responsables de que nos pueden llevar a un sentimiento de nostalgia, de un mundo que no fue. Pero esas fotografías nos reclaman «el querer vivir y la irrefrenable condición de rebeldía que el pueblo palestino ejerce en pos de una vida digna».

 

Mujeres junto a un puesto de control israelí cerca de Belén, en 2002. (The Palestinian Museum)

Son la recopilación de una memoria que muestra que Palestina no estaba vacía ni era un desierto y que no era una sociedad hostil ni religiosamente fanática cuando llegaron los primeros colonos, como difunde la propaganda sionista. Una “prueba de vida” que derriba el mito israelí de “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”.

Como comentó para el libro “Contra el olvido” el profesor de la Universidad Autónoma de Madrid Pedro Martínez Montávez, fallecido en 2023, «la historia de la cuestión palestina está llena de ultrajes a la verdad y de crímenes contra la memoria. Constituye la insólita y cruel paradoja del tiempo que no hubiera transcurrido, en conclusión, del no-tiempo». Destacaba que la gente palestina habitaba un país de poco más de 20.000 km2 en el que vivían alrededor de un millón de habitantes. Y se preguntaba: «¿Cómo esa población, más bien limitada en número y en espacio, resultaba tan sorprendentemente variada, diversa, rica y plural en sus manifestaciones, comportamientos, hábitos de vida, vestuario, costumbres, en sus múltiples maneras de existir, de sufrir y de gozar? ¿Había necesidad de romper todo esto, de cambiarlo, de destruirlo, para después reconstruirlo, una vez deformado, transformado, expulsado, sustituido?».

 

Manifestantes contra la visita de Margaret Thatcher a Israel, 1986. (The Palestinian Museum)

CRÓNICA ANUNCIADA

En el primer libro de Teresa Aranguren figura la carta al primer ministro británico, Winston Churchill, de la delegación árabe que viajó en 1921 a Londres para oponerse a la declaración Balfour que anticipaba la ocupación. Decía que «el grave y creciente malestar entre la población palestina proviene de su convicción absoluta de que la actual política del Gobierno británico se propone expulsarlos de su país con el fin de convertirlo en un Estado nacional para los inmigrantes judíos… La Declaración Balfour fue hecha sin consultarnos y no podemos aceptar que decida nuestro destino».

Una crónica anunciada de las intenciones colonialistas de ocupación convertidas tras la II Guerra Mundial y el Holocausto en una realidad genocida criminalmente extendida hasta hoy, que la memoria fotográfica guarda activa en su retina. Como señaló el escritor y político Rashad Abu-Sháwir: «Más que un problema de fronteras, la cuestión palestina es un problema de existencia».

La exposición donostiarra, que se clausura el sábado 6 de junio, tendrá antes una cita festiva el viernes 29 de este mes con la actuación en el salón de actos de Okendo del sexteto palestino Sol Band. Una agrupación musical refugiada en Euskal Herria que suele acompañar las grandes movilizaciones por su pueblo en clave de raíces folclóricas modernizadas.