Javi Rivero
Cocinero
GASTROTEKA

Viaja, piensa, come...

Entrados en agosto, oficialmente el mes de los viajes, el chef de 7K propone en este artículo una serie de recomendaciones para disfrutar de la experiencia también en la mesa, y poder elegir una oferta que ayude a mejorar las vacaciones.

La tortillita de camarones que el autor de esta artículo se comió en Tarifa.
La tortillita de camarones que el autor de esta artículo se comió en Tarifa. (Javi Rivero)

Habéis vivido alguna vez una película de terror gastronómico? Una de esas en las que uno va por la calle, paseando, a plena luz del día… y se le acerca alguien, vestido o vestida de negro, con una carpeta negra en la mano llena de fotos, algunas están borrosas, se os planta delante, os interrumpe el paso, de forma correcta o de forma ligeramente agresivo-pasiva, os hace la pregunta: «¿Quieren comer?». Este es el momento en el que un paseo a mediodía se convierte en una de las películas que más miedo me dan. De hecho, me tapo los ojos y no miro, sigo andando a paso ligero y con el culo prieto; disimulo como puedo las prisas por salir de ahí porque tras el primer rechazo-esquive, llega el segundo ataque y así, continuadamente, hasta salir del paseo marítimo, la primera línea de playa o el puerto deportivo de turno. ¡Qué mal rato se pasa eh…! Y si es a las 15:00, todavía sin comer y sin atisbos de una cuchara, más todavía.

Es el pan de cada día del turismo que practicamos y explotamos. Todos somos turistas, familia. Cómo ejerzamos dicha acción, es cuestión y responsabilidad de cada cual. Y allá uno y/o una con sus consecuencias, pero visitar lugares que no son los nuestros, aquellos en los que no moramos, es una actividad necesaria para entender mejor el mundo y nuestra propia casa. Ahora, no todo es tan fácil como suena: uno puede visitar Santiago de Compostela, Ribadesella, Cádiz capital, Alicante, Soria, Barcelona o Bilbo y encontrarse la misma oferta gastronómica. En muchos casos, surtida por un mismo distribuidor. ¿Lícito? Por supuesto, pero no ayuda en ese ejercicio que os mencionaba en el que viajar es una forma de conocer el mundo y apreciar mucho más lo que tenemos cerca. Viajar, visitar y conocer y, sobre todo, comer en el lugar lo que es del lugar y lo que toca, cuando toca, hace que el placer y el sentido de cualquier viaje se multiplique de manera exponencial. A todos nos aterrorizan las pizarras patrocinadas en las que se ofertan platos con fotos de hace 20 años, pero ocurre, a veces, por x circunstancias, que no nos queda otra que caer en las redes de dichos establecimientos. Puede que no hayamos tenido tiempo de preparar nada, que sea un plan de última hora y la comida sea lo de menos… Lo que no puede ocurrir es que el viaje se planifique con antelación e interés cultural y luego no sepamos identificar dónde se come, en ese lugar, rico y con fundamento. Sea el tipo de cocina que sea. Y por eso, amigos, os voy a echar un capote, ahora que en agosto salís de ruta a explorar nuevos lares.

1- El primer consejo ya os lo he dado. Huid de las pizarras y las cartas con fotos. Esto significa que la oferta tiene poca rotación y, por lo tanto, el producto de temporada, si no se ofrece fuera de carta, ni está, ni se le espera. Y una cocina local, sea donde sea, sin producto de temporada, es imposible de defender.

2- Si tiene 1.000 platos en carta, llamar a la policía. Es un atentado gastronómico en toda regla. Nadie, absolutamente nadie, puede defender 1.000 platos en una misma carta, con buen producto y mano de cocina. Digo 1.000, pero lo mismo ocurre con 100.

3- Preguntad a familiares, amigos y/o gente de la zona. Si algún amigo os ha recomendado comer o cenar en algún lugar y os cruzáis con algún lugareño, preguntadle por la recomendación y ver si asiente o escuchad qué comentario hace. A mí me pasó en Tarifa. Nos recomendaron el bar “El Puerto” y un lugareño nos dijo que ahí solo iba la gente local, los de Tarifa. Que para nosotros era muy tradicional… pues eso. Justo lo que andábamos buscando. Terminamos comiéndonos un besuguito a la plancha en un barril de madera, de bar, más contentos que Tintín. ¡Ah! Y una tortilla de camarones para el recuerdo.

4- Preguntad en mercados, panaderías, pescaderías, taxistas… gente que es parte de la economía del lugar. Clave.

5- Conectado al anterior punto, fijaros siempre en qué tipo de gente está en las mesas: si son familias, trabajadores, jubilados, trabajadores del campo, pescadores, cuadrillas de amigos… Obviamente, ya sabéis por qué tipo de gente tenéis que dejaros recomendar. Si hay mucha mochila y gorras idénticas, no es el sitio.

6- Si hay cola, puede que merezca la pena, pero creedme que, si no es el único establecimiento que ofrece eso que ansiáis, es mejor buscar una alternativa. Casi nunca, el producto justifica el tiempo perdido haciendo cola.

7- Google y Tripadvisor bien, ChatGpt, también, pero hay que saber cómo leer la información. Pensad que se puede alimentar la “máquina” para hacer que la balanza caiga más a un lado que a otro. Por lo tanto, lo ideal es que todas las plataformas coincidan con la información y las valoraciones. Más allá de esto, por lo general, los lugares locales y tradicionales no destacan por la nota. Me atrevería a decir que los mejores lugares en los que he comido por ahí, de viaje, rondan entre el 4,2 y el 4,5. Rara vez más de un 4,6…

8- El mito de la servilleta en el suelo. Si el camarero necesita una máquina quitanieves para limpiar el suelo de la barra por fuera, depende de lo que uno busque, es un buen indicador. También sirve para cuestionar la higiene de un establecimiento. Hubo un tiempo en el que esto de la servilleta + serrín + palillos en el suelo, significaba calidad y tradición. Pero como las tradiciones son algo vivo y Sanidad no permite ciertas prácticas, esto ha cambiado. Ahora que, si os topáis con algo así, no dudéis en entrar y picar algo.

9- Preguntad a hosteleros. No hay nadie más hedonista y disfrutón que un hostelero. Jugárosla y elegid sin demasiada información la comida o cena de vuestra primera sentada del viaje y preguntad a alguna de las personas que os estén atendiendo, preferiblemente a él o la persona mayor de todas, y apuntad las recomendaciones. ¿Existe mejor indicador que el dato de un restaurante al que acude la gente con restaurante? Obviamente, no.

10- Si la persona que os atiende os dice «aquí todo está bueno» y no os está mirando a los ojos, es igual que os diga que las paredes son bonitas.

No es tan difícil. A lo mejor, es mejor dejarnos llevar y ser tal como somos allá donde vayamos. Somos un pueblo que ha viajado y también uno que sabe ser anfitrión. Tan solo se trata de viajar, pensar y comer. On egin!