2015/03/29

Publicidad disfrazada de ciencia
XANDRA ROMERO
50salud844

Empezaré este artículo lanzando la siguiente pregunta: ¿Qué os sugiere ver un anuncio de un alimento, un producto o un suplemento nutricional cuyo efecto está avalado por la sociedad sanitaria y/o científica de turno?

Quizás nunca os hayáis parado a pensar por qué, y más importante, qué efecto tienen en nosotros, consumidores, los patrocinios que la industria alimentaria hace de algunas sociedades científicas que tienen, supuestamente, el objetivo de velar por la excelencia científica y por nuestra salud y seguridad.

Gracias a estos patrocinios se avalan productos alimenticios, se lanzan campañas publicitarias que relacionan claramente a las marcas de alimentación con el colectivo sanitario y se organizan congresos que financian estas empresas. De hecho, en el Estado español no hay ninguna asociación del sector sanitario que no tenga algún tipo de patrocinio y hoy por hoy, la mayoría proviene de la industria alimentaria.

Tal y como denuncian desde la Federación Mundial de la Obesidad, en algunos países hasta se están utilizando fondos públicos para financiar a empresas alimentarias privadas (Nestlé y PepsiCo) para que puedan desarrollar sus productos, que, en su mayoría, favorecen ambientes no saludables.

La Asociación Española de Pediatría, citada en el artículo anterior, no es el único caso. Así, la Fundación Española del Corazón (FEC) avala suplementos de omega3 como la panacea cardioprotectora del siglo. Investigadores de la Universidad de Córdoba publican un artículo en la revista “Toxicology Letters” en el que alaban los efectos antioxidantes de la Coca Cola (curioso, cuando en julio de 2014 esta marca visitaba la universidad); Nestlé, que comercializa productos de los que ya hemos hablado, como Meritene o Pediasure entre otros, mantiene una colaboración con la Fundación Española de Dietistas-Nutricionistas y un largo etcétera.

Quizás alguien se pregunte, pero ¿qué hay de malo en esto? Aunque no podemos afirmar que toda la información que dan de los estudios científicos patrocinados por la industria alimentaria está sesgada, el simple hecho de que una empresa alimentaria la apoye de alguna manera abre la puerta a posibles acciones que pueden confundir al consumidor.

Además, si como científico divulgador le pagan para hacer ponencias en congresos o similares, esta información acaba llegando al ciudadano, que no tiene las mismas herramientas para separar datos científicos y publicidad, con lo que el lío está montado.

Hay que fijarse en el hecho de a qué presión estamos sometidos como consumidores, y es que se lo ponemos fácil: Solo tienen que vincular el consumo de uno de estos productos (normalmente poco recomendables en términos nutricionales) a beneficios sobre la salud y para asegurarse, pagan a diversas sociedades.

Como siempre reivindico, debemos tener claro que el impacto en la salud de los productos tiene que ser el primer criterio para valorar ciertos patrocinios. Pero, entonces, ¿por qué estamos ayudando a las empresas multinacionales para hacer productos nutricionalmente poco recomendables más baratos, mientras que las tasas de obesidad y diabetes se están disparando?