Pablo CABEZA BILBO
Elkarrizketa
Manu Pulleiro
Cantante de Porco Bravo

«El miedo y el dolor es inexistente cuando se está haciendo rock and roll»

El quinteto barakaldarra lleva más de un decenio en activo, tiempo que les ha permitido llegar a su tercer larga duración, «Porco bravo», con un sentido del rock and roll impecable y a la altura de las grandes bandas que mezclan el rock and roll con estribillos, melodías y buenos riffs.

A Manu le pedimos que deletree el apellido. Va con cuidado letra a letra, escribo Pullerío y se lo vuelvo a deletrear. «No, no, así no». Estudiamos dónde está el problema y tras varios intentos un tanto siderales lo conseguimos: Pulleiro. «¡Joder, es que soy disléxico! ¿No te lo han dicho?». Le contesto que sí, que mi compañero Álvaro Hilario me había contado cómo le habían liado, dentro de los actos del XXX aniversario del Muga, para leer unas poesías en el bar Pirata junto a «El Indio», legendario miembro de Tarzán y su Puta Madre Buscando Piso en Alcobendas, y Francis «Deseo». Álvaro nos contó cómo estuvo dale que dale con su poesía. «No veas, me la tuve que aprender prácticamente de memoria, pero bien». Le preguntamos si también es poeta. «Bueno, yo me lo llevé a mi terreno. Yo todo me lo llevo a mi terreno. Quedó muy bien. Yo no tengo miedo a nada».

Porco Bravo se gesta en una charla nocturna en el Alaska de Barakaldo. Txelu Losa «Chelah» y Manu, dos amigos que no tocan ningún instrumento, pero que están pervertidos por el rock, le entran a Jorge Fernández «Zebu», hoy guitarra rítmica de los Paniks y mozo que ya sabía tocar. El guitarrista les ve con tantos ánimos y ganas que no duda en unirse a ellos o ellos a él. Entre 2001 y 2002 Porco Bravo ya se restriega feliz por el lodo del rock and roll.

Manu se mete en la música activa con 26 años. Desde los 13 trabaja en la hostelería, bien con sus padres, con algún proyecto propio o con otras historias. Recuerda que desde casa escuchaba los conciertos del Parque de los Hermanos (a mediados de los ochenta se celebraron numerosos festivales punk-rockeros) siendo un crío y que ya le molaba el asunto. «Y los del Matadero», puntualiza. Entre el 97 y 98 coge un bar en la calle San Juan. «Me traían muchos discos para pinchar, así que aprendí mucho de música y me dije que algún día tendría un grupo de rock».

La banda lleva estable desde hace cinco años. A Txelu y Manu, Zebu lo dejó hace tiempo, se unen Asier Martínez Mintegi «Pulpo», guitarra, de Busturia, pero residente en Arrieta, cerca de Mungia. «Me pasaron su teléfono, estuvimos hablando de gustos, de los Dictators... En un momento me dijo: `Yo me hago el líder de la banda o me echáis'. Y le cogí al momento, sin hacerle una prueba. La otra guitarra es de Asier Domínguez, productor del disco por valores y experiencia. Ha grabado varios discos con Indomables y los Porco. «Sabe hacer su trabajo y es el que tiene más oído». En 2008 la batería la toma Óscar Montilla «Puro de Oliva». Pulpo y Asier entran en 2009 y debutan en directo en el Edaska de Barakaldo, uno de los locales más activos de toda Euskal Herria y donde Manu también ha trabajado como programador. En ese concierto tocan junto a Discípulos de Dionisos, la banda con la que, curiosamente, hoy comparten escenario en Kafe Antzokia de Bilbo para presentar «Porco Bravo». Un bolo atroz, sucio, guitarrero y repleto de estribillos. Uno de los hitos del fin de semana. En Antzokia Porco Bravo tendrá ya su nuevo disco a la venta, retrasado en numerosas ocasiones por problemas con el diseño, ya que va enfundado en piel. «Hemos tenido problemas con el disco por todos los sitios, desde Málaga a Europa. La marca España no vale nada. Lo mejor es fabricarlo al completo en Euskal Herria, que se puede hacer todo en una empresa que está en Mungia, Duradis. Ellos nos han salvado de los checos, los alemanes y otros. Lo pueden hacer todo y bien. Ahora ya lo sabemos».

«Porco bravo» es un disco inmediato. En un primera escucha dos o tres canciones parecen los singles perfectos, pero tan solo con un segundo pase las diferencias dejan de existir. Diez canciones sobresalientes con inspirados estribillos, Manu melodiando con coraje y perfilando si es preciso. Riffs de guitarra penetrando hasta el otro lado del corazón. Y una intro, «El desafío», sorprendente. Dar más nombres no procede, los nueve restantes forman un bloque equitativo y de similares valores, aunque ese homenaje a Lemmy «Motörhead» nos emocione especialmente. Con todo, la cuestión es que Porco Bravo sigue avanzando, que este es su disco con más valores artísticos y que el grupo se encuentra en su mejor momento. Tanto, que no extraña que ahora les lleve una empresa profesional como Panda.

De otra parte, la venta anticipada va muy bien, así que el ambiente y el calor están garantizados en Kafe Antzokia.

Además de músico, parece que se le da bastante bien la cocina.

No es que sea un cocinero de la hostia, pero como he salido en la tele con mi ama haciendo pulpo, pues la leyenda ha trascendido, pero no hay nadie que se precie que no sepa cocinar.

¿Pero le pone algo de su parte o todo se queda en el pulpo?

Lo más importante es la materia prima. Fíjate que Ferrán Andriá no era cocinero. Apareció en Finisterre limpiando platos y se ha convertido en el mejor cocinero del mundo. Así que lo fundamental la materia prima, ese es el mayor cariño que hay que ponerle a la cocina.

Y dejó la hostelería por la música, algo que parece una locura en tiempos tan duros.

No, lo que he hecho es amoldar mi trabajo a la necesidad de poder tener un grupo. Yo soy comercial. Distribuyo una marca de orujo que se llama Da Azucena, un Godello, un riojita y tal. Y así combino los horarios sin problemas.

El disco es muy homogéneo, salvo los dos minutos de «El desafío» con esa textura instrumental de aire épico.

Después del anterior disco hubo mucha gente que nos decía que superar eso iba a ser muy difícil. Había un tema que Txelu lo tenía como estrofa, su letra y música, pero el otro guitarra, Asier, lo vio como más épico, así tipo intro, un poco western, un poco Pink Floyd. Otros dicen que Turbonegro, pero, al margen de todo, esto viene a indicar que este es el desafío ante las expectativas que mucha gente tenía hacia nosotros. Y hasta la misma canción es un desafío.

A usted le ha gustado rebasar ciertos límites: una bengala en el trasero, culos al aire, graparse las chuletas de las acciones al pecho, darlas fuego, llevar una cabeza de animal... Una dinámica peligrosa porque el público puede esperar que cada show sea más bruto que el anterior.

Ahora, para ser más innovador, lo que estoy haciendo es dejar de hacer cosas. En la actualidad lo que hacemos es sacar una tabla de surf y que la gente me lleve y eso sí que es peligroso porque puede ser una caída desde dos metros. La bengala lo estamos quitando porque era de un tema anterior y lo de las grapas lo estoy dejando de hacer, muy a mi pesar, porque me estoy pegando unas quemadas que te cagas. El día del aniversario de Juancar «Muga», como no había sudado demasiado me pegué un quemazón de puta madre. Y el otro día en un concierto con Reincidentes también me dio un buen achuchón el fuego. El resumen de todo esto es que queremos darle más importancia a la música y las canciones. Ahora sabemos tocar, cuando nos formamos solo sabía tocar uno de la banda, Zebu. Todo esto comenzó como un añadido al show, pero ahora tocamos. También quería provocar y, a la vez, demostrar que el miedo y el dolor es inexistente cuando se está haciendo rock and roll.

Se le ve muy convencido de que este es su mejor disco.

Es un tópico si se quiere, pero el mejor disco de Porco Bravo está por llegar. Será el siguiente.

Parece una respuesta evasiva, como la del pulpo.

No, es real. Porque como tú quieres que me posicione, pues ya te estoy contestando. Trabajamos mejor a la hora de componer, tocamos mejor, producimos mejor, directos más completos... Tenemos ya ideas para próximas canciones, quizá un single en 2015 y pensamos que siempre se pueden hacer mejor las cosas. Si no, lo dejaríamos.

Las canciones de Porco Bravo andan por los tres minutos o menos, ¿redimensionarlas es perder el tiempo?

En estos últimos cinco años hemos grabado tres discos y tres giras. Hemos hecho un ep y un tributo. Hemos comprobado que lo que mejor nos sale es hacer canciones como pildorazos. Todo lo que exceda la canción en sí aburre y la jode. Si el tema en directo pide algo más, pues se le pone. Pero creemos que los discos no tienen que dar la chapa con muchos números de temas y que las canciones no están para se vea lo guapo que soy, mira lo que todo, lo que canto, mira lo que hago. Nos interesa que las canciones sean impactantes y directas.

Su escena es dinámica, teatrera por los motivos mencionados y otros que se han quedado a la sombra, ¿tiene un punto de actor, aunque sea de sencillo secundario?

No sé si lo tengo, pero lo que sí me gusta es interpretar las canciones. La forma de interpretar es la forma de transmitir, la forma de transmitir es la forma de llegar. Me da igual la etiqueta que me pongan. Quiero transmitir y si para eso hay que interpretar, pues interpreto. Quiero que llegue y que no cause ningún tipo de indiferencia.

¿Es usted el jefe o Porco Bravo es una anarquía democrática?

Tenemos nuestro lado de anarquía y de democracia, pero sí queremos ser la dictadura de la dirección. Yo soy el que más tiempo llevo y me encargo de transmitir la filosofía. Me veo como un líder espiritual, si acaso. Intervengo si hay desequilibrio, nada más. Pero nunca he querido tener la sensación de que el grupo es mío. Aquí compartimos todo: letras, composición, ideas... Todos somos Porco Bravo. Ni siquiera hay formaciones paralelas entre los componentes. No hay segundos platos ni postres.