Mikel INSAUSTI
CRÍTICA «El hombre más enfadado de Brooklyn»

El vértigo mortal de una vida llevada casi al límite

No es una película para guardar como recuerdo póstumo del malogrado Robin Williams, quien en “El hombre más enfadado de Brooklyn” no tuvo oportunidad de exhibir su comicidad innata, al verse obligado a hacer un papel antipático, de alguien sometido a presión, y bajo la histeria del pánico a la muerte como consecuencia directa de un modo de vida estresante. La suya podía haber sido, no obstante, una buena interpretación, pero la dirección de Phil Alden Robinson no es la adecuada. Si a este se le conoce por ser el realizador de “Campo de sueños” se debe a que dicho título representa el tipo de cine edulcorado que solía practicar, y la acidez de la comedia negra israelí de Assi Dayan “Mar Baum” se le atraganta a la hora de hacer el correspondiente remake estadounidense.

Al comienzo del metraje hay un flash-back introductorio que se remonta 25 años atrás, cuando el protagonista era feliz. Pero la caracterización de esa etapa pasada no está lograda, a consecuencia de lo cual no se aprecia en el rostro de Robin Williams una diferencia como para decir que ha ido a peor, y que el paso del tiempo ha provocado su deterioro físico. La impresión que da más bien, una vez en medio del atasco de tráfico diario, es la del ciudadano cabreado con el mundo. Pero su reacción no será tan virulenta como la de Michael Douglas en “Un día de furia”.

Phil Alden Robison no es Joel Schumacher, y su descripción del personaje atacado de los nervios no transmite la tensión que debería. El mejor y único resumen de la experiencia casi al límite vivida está contenido en el diálogo con el policía urbano que detiene el coche en el que viaja Robin Williams, cuando el gran humorista le cuenta a toda velocidad, y sin respirar, la serie de desdichados incidentes sufridos en menos de hora y media. Desde que una sanitaria le comunicara un diagnóstico precipitado para su aneurisma cerebral, la carrera a tumba abierta contra el crono no deja de ser una despedida improvisada e infructuosa de los suyos.