Agustín GOIKOETXEA
VISITA A LAS GALERÍAS DE PUNTA BEGOñA

EL ESPLENDOR DEL NEGURI BURGUÉS A TRAVÉS DE UNAS EVOCADORAS RUINAS

HASTA FINAL DE MES 1.320 PERSONAS TENDRÁN LA OPORTUNIDAD DE PARTICIPAR EN LAS VISITAS GUIADAS A LAS GALERÍAS DE PUNTA BEGOñA Y CONOCER LO QUE QUEDA DE ESE EMBLEMÁTICO EDIFICIO DE GETXO, SÍMBOLO DEL NEGURI BURGUÉS Y SOBRE CUYAS RUINAS HAN RONDADO VARIOS PROYECTOS FRUSTRADOS, COMO UN HOTEL.

Hasta 2024, según las previsiones iniciales, un grupo de expertos de la UPV-EHU y técnicos del Consistorio getxotarra llevarán a cabo la recuperación de las galerías de Punta Begoña, una construcción singular promovida por el empresario Horacio Echevarrieta Maruri (1870-1963), un burgués liberal de ideología republicana que entendía este edificio como una prolongación de su palacio familiar. Las visitas que dieron comienzo ayer forman parte de una de las primeras acciones de participación ciudadana a desarrollar durante el complejo proceso de rehabilitación. Una meta que parece difícil de situar en el tiempo por su complejidad y la necesidad de una importante inversión.

No hay que olvidar que la cadena Barceló rubricó en 2007 un contrato con el Ayuntamiento de Getxo para la construcción y explotación de un hotel de cinco estrellas, por el que depositó un aval de 8,6 millones de euros. Cinco años después, se acordó romperlo de mutuo acuerdo, ya que la firma adujo que la intervención para recuperar las galerías suponía una inversión superior a la inicialmente prevista. Además, en 2014, el Tribunal Supremo anuló la modificación del Plan General que daba cobertura a la edificación del hotel de lujo.

A nadie se le puede ocultar que el deterioro de las galerías es muy importante, acrecentado por actos de vandalismo pero especialmente por la corrosión del hormigón armado con que se construyó esta obra de Ricardo Bastida, elaborado con arena de la playa. El cambio de siglo, del XIX al XX, es un punto de inflexión en la aplicación de nuevas soluciones técnicas aplicadas a la arquitectura. Punta Begoña fue banco de prueba del hormigón armado, que luego pasaría a emplearse de modo masivo en otras construcciones del área metropolitana de Bilbo. Por tanto, los expertos entienden que conocer sus patologías puede ayudar a resolver las afecciones que padecen muchas edificaciones y obra civil.

En ese acantilado de Arriluze, sobre el arenal de Ereaga, se erigió la mansión que Echevarrieta ordenó levantar al arquitecto Gregorio Ibarreche de 1910 a 1913, aunque en 1918 el magnate encargó la ampliación de la casa y la galería a Bastida. Formaba parte de los jardines y sirvió de contención a una ladera inestable en aquella época. El autor, entre otros edificios, de la Alhóndiga de Bilbo empleó tecnología de vanguardia para un edificio clásico. Bajo el mortero se halla la armadura de acero de un hormigón primitivo.

La propia elección de tal espectacular emplazamiento no es baladí, ya que en este enclave privilegiado estuvo ubicado uno de los fortines militares que constituían el sistema de defensa del Abra para mantener el importante tráfico marítimo.

Un salón con historia

De todo el complejo solo quedan esas ruinas, donde destaca un salón que era espacio de recreo y que hoy es el lugar donde se desarrolla el grueso de la visita. El que se imagina como un «salón inglés» es un compendio de la evolución de la vida de su propietario y de la historia.

Punta Begoña, ese «salón de baile» y las galerías que serpentean la edificación, son reflejo del poder económico de su propietario, amigo del rey Alfonso XIII pero diputado republicano en la década de 1910, cuya fortuna familiar se amasó con la explotación de la mina Parkotxa, en La Arboleda, y en la creación de empresas energéticas, la urbanización del Ensanche de Bilbo o la Gran Vía madrileña, y la compra de unos astilleros de Cádiz que trabajaban para la Armada española y que construyeron un submarino fallido.

Tras ascender por una escalera provisional anexa a la fachada, la veintena de visitantes conocen por boca de la guía qué se esconde tras este ambicioso proyecto de recuperación del patrimonio, en el que participan historiadores, arqueólogos, químicos, hidrólogos y antropólogos, hasta un total de 70 expertos de la UPV-EHU. Se trata de socializar lo que este lugar contiene y ponerlo en valor.

En la presentación de esta iniciativa el catedrático Agustín Azkarate, director de la cátedra de Territorio, Paisaje y Patrimonio de la mayor universidad pública vasca, explicó que tratan de «conocer las potencialidades de este lugar, tanto desde el punto de vista histórico como estructural», reconociendo que el edificio tiene «problemas estructurales» a los que «hay que dar una respuesta urgente».

«Recopilar voces»

Pero el proyecto de Punta Begoña no es solo de índole arquitectónico, tal y como explica la guía, se trata de «recopilar voces» e historias de todo lo que rodeó a las galerías y a la historia de Getxo. Ese singular espacio frente a Ereaga, permitía a Echevarrieta estar cerca del mar, una de sus pasiones, cuando los baños en las aguas marinas hacían furor en Getxo y Portugalete entre la burguesía vizcaina. Hay fotografías de su yate fondeado ante Arriluze y en los paneles explicativos se reseñan en grandes líneas la transformación que sufrió El Abra a final del siglo XIX y el desarrollo de infraestructura portuarias para el transporte de millones de toneladas de mineral de hierro desde las minas de Bilbo, Ezkerraldea y Meatzaldea a través del Ibaizabal a toda Europa.

Según los testimonios de Alicia y Blanca, nietas del magnate ya desaparecidas, el salón era un lugar «reservado a los mayores», «a los negocios», con una mesa de billar y cómodos sofás en torno a una estancia fría por la cercanía del Cantábrico que era calentada por una imponente chimenea, ahora semiderruida pero que permite hacerse una idea de su dimensión.

Lo poco que se puede ver de las galerías muestra restos de lujosos azulejos. También se ven las maderas de los grandes ventanales ornamentales, decorados con bronce. La opulencia que tuvo está fuera de cualquier duda. Se anuncia que para el verano podrán visitarse nuevas estancias del complejo, ahora reservadas a los técnicos que emplean la última tecnología para detectar movimientos de tierras y de la propia estructura, además de tomar sedimentos de lo que eran unos acantilados inestables.

La atalaya privilegiada del empresario se convertiría tras la toma de Getxo por las tropas fascistas en sede del alto mando italiano. El empresario «cede» entonces su propiedad a los franquistas para que no destruyan, «no mancillen», su«joya» y allí se instala Auxilio Social. En las paredes de la amplia estancia, el régimen fascista deja muestras de su simbología. En cada uno de los extremos se puede leer: «¡Arriba España!», «Franco, Franco, Franco», «Una, grande y libre» y «¡Viva España!». Sobre una de las entradas, por la que se accede a la parte superior, un hueco en la pared llama la atención, es donde se encontraba un retrato del dictador que, a golpe de pico, fue destruido. Otros vestigios todavía se dejan ver, no sin dificultad, como el símbolo de la aviación que bombardeó diferentes localidades vascas hasta que las tropas franquistas las tomaron.

También sombras de una cruz borbónica, imágenes de personas vestidas con los uniformes falangistas, requetés y tropas regulares; los escudos de Bilbo y Bizkaia; y de nuevo más uniformados, en esta ocasión, falangistas y miembros de Auxilio Social haciendo el saludo fascista. No falta en la otra pared principal, frente al agujero que ocupaba la efigie de Francisco Franco, otra de José Antonio Primo de Rivera, rodeado del yugo y las flechas.

En uno de los extremos de la gran sala, se han dejado cuatro sillas con los nombres de algunas de las personas ligadas a esta propiedad: Juan y Tomás Hernani, administradores de Horario Echevarrieta; Fernando Bergareche, un amigo del pequeños de la familia; y el ama de llaves Miren Landazabal,

Hay tiempo para conocer que en las galerías del suroeste, ocultas a la mirada del visitantes, hay estalactitas y estalagmitas de carbonato cálcico.