Iruñea no es Francfort, ni Lizartza... Bagdad
Ayer, a la misma hora en que la joven activista alemana Josephine Witt explicaba a todo el mundo sin cortapisa legal alguna su acción pacífica ante el todopoderoso presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, dos vecinos de Iruñea llamados David Gracia y Xabi Gartzia eran apresados en una operación conjunta de las policías municipal y española, acusados de una protesta similar ante el equipo de gobierno de UPN en la procesión del 7 de julio de 2014. La capacidad de hacer el ridículo de los mandatarios de la capital navarra ya estaba acreditada anteriormente en episodios como la persecución a la acción pro-ikurriña de los arrantzales, que llevó al juez a realizar 22 carísimas pruebas de ADN a fin de forzar una condena de meses de cárcel. Qué decir del caso de los «tartalaris» que embadurnaron el rostro de la presidenta, Yolanda Barcina. Lo que en cualquier parte del planeta es entendido como una denuncia más o menos molesta pero inofensiva, aquí se ha traducido en cuatro condenas a un total de siete años de cárcel tras un juicio en un tribunal especial, en el que parte del debate giró sobre el grosor del merengue francés.
No se trata únicamente de una especificidad navarra ni puntual, sino de una práctica sostenida y que afecta a todo el país. Casi a la vez que el mundo occidental se escandalizaba por la condena a tres años al periodista iraquí Muntader al Zaidi, que arrojó un zapato al expresidente estadounidense George Bush, a una abuela de Lizartza llamada Kontsuelo Agirrebarrena se le impusieron cuatro años (y entró en prisión) por azuzar un palo ante una edil de su pequeña localidad. Iruñea y Lizartza no son Francfort, como queda claro; ni siquiera Bagdad, a lo que se ve. El nivel de la represión se constata en la existencia de 450 presos con cumplimientos de condena sin parangón en esta parte de Europa, en los macrojuicios políticos con decenas de imputados o en el encarcelamiento de quienes impulsaron el fin del conflicto, pero también en esta violencia de menor intensidad igual de burda e infumable.

De la lucha anti-ETA a la UCO, un camino muy transitado

Grandes corporaciones han acogido a agentes de las «cloacas del Estado»

La marcha de Tubilla destapa la enorme marejada en las filas del PNV

Ordenaron parar citas con casos de Iztieta y hubo peticiones de silencio
