Los datos
El presentador Jordi Évole despidió la temporada de “Salvados” con una audiencia superlativa. La presencia de Iñaki Rekarte, un etarra arrepentido, fue una de esas entregas que le dejan a uno muy mal cuerpo. Me pregunto siempre si se podía hacer de otra manera, si yo mismo lo hubiera hecho, periodísticamente hablando, si el personaje se humaniza o simplemente es un instrumento de la propaganda oficial, una manera de desprestigiar en diferido a ETA. Me agarro a los datos de audiencia que manejo, un dieciséis por ciento de media en el Estado, un veintiocho por ciento en la CAV. Interesó. Interesaba. Interesará.
En su visionado miles de preguntas van rebotando en la cabeza conforme avanza el relato, con esos silencios realmente dramáticos de ambos que coronaban varias fases de la entrega. Ese hombretón que desgrana sus vivencias a trompicones, que el entrevistador debe graduar para que no se desmorone y cierre el capítulo sin avanzar nos provoca desazón. Una estrategia de entrevistador digna de estudiar. Probablemente una de las mejores entregas técnicamente hablando de Jordi Évole. Y se me acaban los argumentos porque siguen las preguntas presentes saltando entre mis emociones y la objetividad y distancia recurrente.
Quizás sea interesante atender a algunas reacciones en las redes sociales sobre esta entrega escritas en tiempo real. Estupefacción, odio, saña, insultos de siempre, hasta llegar a un tal Sir Manu Marx que señala: «Claramente no se está entendiendo en la red que este hombre le hace más daño a ETA que mil manifestaciones por la paz». Probablemente. Pero sigo en la duda: ¿Era esa la intención del periodista y el programa? ¿Se trata de una desmitificación general o de una salida individual de Rekarte? Y lo último que se me ocurre: ¿Ayuda o encalla el proceso?

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