2015/05/14

Pili Zabala Artano
Hermana de Joxi Zabala
La teoría de los sentimientos morales

Está claro que en este país ha existido mucho criminal justificado nunca detenido y que ha gozado de demasiados privilegios adquiridos

Quiero intentar hurgar en el alma humana para saber qué nos hace tan dóciles a la tiranía, tan mansos ante el mando ilegítimo y tan indiferentes a la injusticia. Me centraré en las emociones pues considero que a través de la teoría de los sentimientos morales se podrá entender.

Cuando se realizan estudios sociológicos para analizar la evolución de la percepción de la sociedad vasca hacia la violencia política desde la dictadura franquista hasta nuestros días, mayoritariamente se centran en la violencia de ETA y obvian su más grave expresión que es el poder de la violencia política disfrazado en forma de aprobadas leyes injustas e inhumanas.

Yo siempre me he preguntado ¿cómo unos líderes socialistas responsables de modernizar y actualizar las leyes pudieron atreverse a cometer delitos terroristas en democracia siendo conocedores de todos los entresijos de la legalidad-ilegalidad; de lo correcto-incorrecto; de lo lícito-ilícito? ¿Cómo consiguieron «lavar el cerebro» de socialistas bien-pensantes y convertirlos en unos seres humanos no-pensantes ejecutores de las acciones criminales más aberrantes de las que se conocen en democracia?. No podemos olvidar que, en democracia, el delito más grave que pone en riesgo la paz y la justicia de toda la humanidad es el «terrorismo de estado», pues está desarrollado por quienes supuestamente deben velar por la seguridad de sus ciudadanos y garantizar la convivencia pacífica entre todos. ¿Dónde están las leyes que condenaron a aquellos políticos que permitieron llevar a cabo todas esas barbaridades? He aquí una clara expresión del poder de la violencia política ejercida a través de las leyes. Por tanto, las emociones que durante años he desarrollado hacia los dirigentes del PSOE-PSE-EE han sido negativas y he tenido que aprender a transformarlas para poder vivir con serenidad.

Hay que tener en cuenta que lo más peligroso en este mundo es poseer las diversas disciplinas del conocimiento al alcance de la mano para utilizarlo en perjuicio de la humanidad. Quiero recordar que eso es lo que hizo el gobierno del PSOE-PSE-EE desde que llegó al poder en octubre de 1982. Pero parece que algunos olvidan rápidamente, y otros, como nuestra familia no podemos olvidar mientras no haya verdad, justicia y reparación moral-judicial del daño que durante años tuvimos que padecer causado por los intelectuales socialistas.

Tampoco podemos olvidar que los nacionalistas siempre han demostrado una ambigua personalidad y en las situaciones extremas no valen dobles mensajes; hay que ser limpio de espíritu y demostrarlo con hechos y obras. Desde el 16 de octubre de 1983 a nuestra casa no han llegado telegramas ni se ha personado nadie en representación institucional nacionalista, es decir, no acataron el protocolo de actuación establecido para otros actos de terrorismo de ETA. Considero sumamente grave que las autoridades que deben gobernar para y por el bien-beneficio de toda la ciudadanía nunca hayan demostrado compasión, piedad ni solidaridad contra el mal supremo del «terrorismo de estado» padecido por tantas familias vascas. ¿Dónde está el principio de igualdad y solidaridad defendido en la CE? Quien no se posiciona contra todo mal sino solo ve una parte y no el todo en su conjunto está equivocado. Como ciudadana con derechos y deberes exijo que se reconozca el mal supremo ejercido durante años y ocultado por las autoridades de aquel momento.

Además, populares como Manuel Fraga, Mayor Oreja y otros tantos afirmaban que el GAL era la mano dura que necesitaba el país. Conviene recordar que nunca denunciaron ni condenaron esas conculcaciones de derechos humanos. Esas palabras de representantes institucionales nunca se consideraron apología de terrorismo cuando sin lugar a dudas justificaban las acciones delictivas terroristas.

Y o me pregunto lo que siempre me he preguntado, ¿dónde estaba-está el origen de la moral de esos políticos? ¿Acaso esas graves afirmaciones no eran dignas de ser examinadas y sus autores ser investigados, tal vez detenidos, juzgados o incluso condenados? Está claro que en este país ha existido mucho criminal justificado nunca detenido y que ha gozado de demasiados privilegios adquiridos. Durante todos esos años mis sentimientos morales de rechazo hacia ese tipo de comportamientos inhumanos los reprimía y autocensuraba por miedo a recibir más dolor con similares respuestas insensibles.

Incluso hay que decir alto y claro que a nadie le ha importado que víctimas como nosotros hayamos tenido que soportar la mayor humillación, tortura psicológica al haber sido gobernados por personas que apoyaban el terrorismo de estado (como posteriormente se demostró). Todo ese daño moral inducido, provocado durante tantos años de olvido y desprecio callado no ha sido aún reparado. Y yo me pregunto ¿si yo he de aceptar tantas conculcaciones de derechos humanos ocurridas durante 31 años de mi vida llevadas a cabo por quienes nos gobernaban, por qué otros ciudadanos siguen sin dar un paso adelante en el camino del entendimiento, la pacificación y la convivencia entre diferentes?

Sé que todo lo que planteo son nociones incómodas y casi intratables pero imprescindibles para entender todas las tristes realidades vividas. Por eso creo que confiar el tratamiento del mal a los discursos de los políticos es una inmensa estupidez. Esa tarea nos corresponde a los ciudadanos. Las diferencias entre nosotros es lo que nos obliga a que tengamos que ponernos de acuerdo. Sin anularnos los unos a los otros.

Es cierto que justicia total y absoluta no existe y no existirá, pero no puede ser que seamos siempre los mismos quienes debamos olvidar cuando ni siquiera se ha hecho una correcta y verdadera lectura de lo que nos ha tocado vivir a un sector muy amplio de la sociedad vasca. ¿Por qué otros sectores no quieren reconocer nuestro sufrimiento injusto? Está claro. La respuesta es que hace ver que la defensa de los DDHH de todos los ciudadanos por igual e indistintamente realizada durante muchos años por gobernantes e individuos era falsa. Cada sector defendía únicamente los DDHH del sector con el que se sentía identificado. Para el resto de sufrimientos siempre se encontraba una explicación irracionalmente razonada que justificase lo ocurrido. No seamos hipócritas, si hay que exigir el cumplimiento y el respeto de los DDHH de todas las personas exijámoslo con claridad. Y, sobre todo, necesitamos oír actitudes de rectitud democrática de los responsables políticos a través de una autocrítica sincera y honesta de su pasado.

Por tanto, exijamos a todos por igual. A mí me duele mucho cuando sólo se le exige a la izquierda abertzale que condene y haga autocrítica de su pasado reciente (cuando creo que lo está haciendo) y no se le exige al PSOE-PSE-EE que haga autocrítica de su demostrado pasado terrorista sutilmente condenado en los tribunales. Yo como víctima del GAL debo decir alto y claro que a mí la izquierda abertzale me apoyó en los momentos más difíciles y trágicos de mi vida y, mientras, el PSOE-PSE-EE causante del terror que vivimos y padecimos muchos ciudadanos vascos miraba hacia otro lado o manipulaba versiones oficiales para ocultar sus crímenes de estado. Debo incluir mi crítica al resto de partidos (PNV, AP, IU, EA) que tampoco hicieron nada por evitar la prolongación de aquella injusta situación. Me pregunto, ¿es ese el comportamiento correcto del Gobierno español, y partidos políticos vascos respecto a su autocrítica del pasado? No lo creo. La autocrítica la debemos realizar todos porque como bien decía José Guimón Catedrático de psiquiatría: «aquí hemos callado todos», pero yo añado, no todos con la misma responsabilidad en la gravedad de los hechos si no costará mucho destituir la «vergüenza moral socialista» que afecta y pone en riesgo la justicia.

Todos esos comportamientos humanos incorrectos deben ser rectificados. En nuestra mano está el ser mejores ciudadanos para construir una sociedad más justa y una convivencia entre personas que pensamos diferente pero siempre desde el respeto, la buena educación y el uso de la palabra como medio de entendimiento.