Mikel INSAUSTI
UNA PALOMA SE POSÓ EN UNA RAMA A REFLEXIONAR SOBRE LA EXISTENCIA

Roy Andersson congela la risa humana para captar su absurdo

No sé a ciencia cierta si el genial Roy Andersson busca provocar el desconcierto con sus películas, pero al final termina causándolo, tanto entre la crítica como entre el público y los comités de selección o jurados de los festivales internacionales. La cuestión es que Cannes no quiso seleccionar en su programación oficial “Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia”, y no creo que fuese porque el largo título no les iba a entrar en los catálogos de mano. Puede que considerasen que el cine de autor que allí se presenta es demasiado serio para atreverse con un humorista trascendental como el sueco, ajeno además a todas las modas y modernidades. En cambio, en la Mostra de Venecia, que son más fellinianos, sí se enamoraron de “Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia”. Y no solo fue admitida, sino que además ganó el León de Oro.

Su última película es la tercera y definitiva entrega de su trilogía existencial sobre la condición humana, completada por “Canciones del segundo piso” (2000) y “La comedia de la vida” (2007). Está visto que necesita unos siete años para desarrollar sus películas, todas ellas muy elaboradas, especialmente en la vertiente estética. Dado que su discutida narrativa se limita a una sucesión de viñetas o estampas, la influencia pictórica es decisiva, y oscila entre el medievalismo, el renacentismo y el expresionismo. En el plano apenas hay movimiento interno, por lo que ese estaticismo marca de la casa viene a ser la expresión de la risa congelada, un concepto muy nórdico que Andersson practica de manera más radical que Kaurismäki. Al desnudar a sus personajes del efecto cómico, el humor se vuelve tan introspectivo como absurdo, revelando la verdadera naturaleza grotesca del ser humano, en este caso dos viejos y tristes vendedores de artículos de broma.