Mikel INSAUSTI
CRÍTICA «Los insólitos peces gato»

Encuentra una familia, haciendo de madre e hija a la vez

El cine mexicano sigue triunfando en los festivales internacionales, por más que su primera generación de jóvenes realizadores se instalara hace ya tiempo en Hollywood. Entre quienes van tomando el relevo está la realizadora Claudia Sainte-Luce, que con una sincera y autobiográfica ópera prima ganó en Toronto el premio FIPRESCI de la crítica internacional, en Gijón el Especial del Jurado, en Mar del Plata el de Mejor Película Latinoamericana, y en los Ariel mexicanos el de Mejor Actriz para Lisa Owen.

La de Lisa Owen es la típica interpretación que requiere un gran sacrificio físico, ya que tuvo que adelgazar casi quince kilos para encarnar a Marta, una madre de familia numerosa contagiada con el VIH. Es una caracterización muy dura, que en otro tiempo seguramente habría recaído sobre Patricia Reyes Spíndola. Tiene ecos de culebrones familiares como “Los hijos de Sánchez” (1978), porque la mujer ha tenido a cada uno de sus hijos con distintas parejas, y una de ellas fue la que le transmitió la enfermedad en fase terminal que padece.

Claudia Sainte-Luce confía en la actriz Ximena Ayala para que sea su alter ego en la ficción, y a fin de que no queden dudas al respecto su personaje se llama Claudia. Esto hace que la relación entre ella y Marta se vuelva muy personal, siendo en principio como una hija de acogida, que poco a poco va encajando en la peculiar gran familia disfuncional. Pero a medida que va conociendo, uno a uno, a los cuatro hijos de Marta se convierte a la vez en una segunda madre para las tres chicas y el chico.

Aunque la fotografía de Agnès Godard, colaboradora habitual de Claire Denis, es muy realista y se mueve en interiores costumbristas, la película también tiene aire de comedia de carretera, con formas de evasión coloristas que evocan el espíritu libre de “Little Miss Sunshine” (2006), y canciones pop de Julieta Venegas y Alejandra Guzmán.