McEnroe sublima el rock con «Rugen las flores», de calada belleza
Dicen que la melancolía es el paso previo a la depresión, dicen los sicólogos; sin embargo, en las sombras de todos entendemos por melancolía musical una especie de grado mayor al de tristura, un embelesamiento interno que ensancha y encoge el corazón hasta el dolor que no duele, pero que se presiente. «Rugen las flores» es rockero y poético y si ya «Las orillas» resultaba emocional, el actual concluye desolador para el alma, los huesos y la niña de los ojos.

McEnroe es una banda de Getxo formada en 2002. Sus cuatro integrantes originales mantienen sus lazos a pesar de movimientos geográficos rozando el nomadismo. Ricardo Lezón es la voz, las letras y guitarra; Jaime Guzmán toca guitarra, como Gonzalo Eizaga quien suma, además, teclados; Edu Guzman, primo de Jaime, es quien habla con la batería. En 2005 Ricardo le pasa el bajo a Natxo Elexpuru, que lo cede a Pablo Isusi en 2008.
Edu, Jaime y Pablo residen en Getxo, Gonzalo en Madrid por motivos de trabajo y Ricardo, el más itinerante, ha terminado, por ahora, en Noviales, una pequeña aldea de Soria donde regenta un hotel rural llamado “La casa Noroeste”, donde la paz solo la quiebran los cantos mañaneros de los pájaros.
Además, Ricardo Lezón ha publicao un libro de poemas ilustrado por Estibaliz Hernández de Miguel, que puede localizarse en la web www.pintameeldia.com, de la propia Estibaliz. Es posible que el libro se encuentre a la venta (los pocos ejemplares que aún quedan) en el concierto que este sábado McEnroe, con Manett como invitados, ofrecerá en Kafe Antzokia de Bilbo a partir de las 22.00 horas. Ricardo no concluye aquí son derivadas, ya que es parte de Viento Smith y Helicon, el primero con disco y a la espera de concluir el segundo. Helicon va más pausado.
De alguna forma, “Las orillas”, 2012, profundizó en la forma de enfocar textos y música. Lezón admitía su voz y sus sílabas marcadas, un estilo que sin ser muy académico concluía de manera convincente y singular. En “Rugen las flores” todo se concluye de manera más natural y perfeccionada. La música ha encontrado su ambiente, tan sutil como antes, pero también más distorsionada en finales y con ambientes más prolongados. La voz va marcado cada tiempo con hondura, dominio y estilo.
Es un disco de tono poético, pero también de guitarras sucias, las menos. Los mástiles se cruzan para compartir matices entre ellas hasta derrotar al oyente. Además, Eizaga ha concluido unos arreglos de teclas que sin tomar el primer plano exponen secuencias complementarias de fuerte carga lírica.
La cuestión es que entre los textos y composiciones de Ricardo y los diferentes apuntes de cada músico “Rugen las flores” es uno de los discos más delicados, íntimos y envolventes de la temporada. Es un disco de niebla dolida que lo mismo se tiñe en una lágrima que en una sonrisa soleada. También es un disco donde los ilencios suman.
«Creo que el dolor que puede haber en ‘Rugen las flores’ está contado desde un lugar diferente, procesado y convertido en otra cosa. Como la niebla de la que hablas, se desvanece y deja ver mucha luz. Así lo siento yo, lo cual no quiere decir nada ya que cada uno lo recibe a su manera. La esperanza está muy presente y estoy contento de haber intentado hacerlo así. Musicalmente es el disco más cercano a lo que somos cuando nos encerramos a ensayar o salimos a tocar en directo, el que mejor capta todo lo que sentimos nosotros al tocar. Hemos participado todos de todo mucho más que otras veces y a pesar de haber nacido de un impulso muy fuerte creo que es muy homogéneo. Es un disco muy compacto, con nervio y pausa del que estamos muy contentos. Todo lo que queríamos contar ahora esta ahí», matiza Ricardo Lezón.
En cuanto al cuidado ensanblaje entre delicadeza y tensión, Lezón afirma que «sobrio» es una palabra que lo define. «Hemos estado más juntos que nunca a la hora de afrontar las canciones. Trabajamos libres compartiendo el lugar al que queremos llegar. Edu es quien inventa los ritmos, Pablo quien marca y dibuja los bajos, Jaime quien sostiene las guitarras rítmicas y añade los arreglos que pareciendo que no están lo matizan todo y Gonzalo quien lo viste. Cada uno es dueño de su parcela, pero vamos todos juntos. Gonzalo se ha ocupado de los arreglos de teclados y quien ha tomado mucho las riendas en cuanto a sonoridades y eso lo hemos notado. Tiene una visión muy clara y siempre nos lleva por el camino más corto».

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