Una semana histórica para Barack Obama y para Estados Unidos
Barack Obama llegó al poder con la promesa de «cambiar» EEUU. Tras años de batallas a menudo estériles, esta semana ha conseguido tres éxitos importantes que pueden suponerle un balance más favorable.
Mientras estaba finalizando el homenaje fúnebre al pastor Clementa Pinckney, víctima del sangriento ataque racista de Charleston, el viernes por la mañana, Valerie Jarrett, asesora y amiga, le dijo a Barack Obama que la Corte Suprema acababa de legalizar el matrimonio homosexual.
Esta decisión venía a coronar un momento especial de su Presidencia. Unos días antes, logró una gran victoria en el Congreso en relación a un acuerdo de libre comercio con Asia que se buscaba desde hace años, y el Tribunal Supremo rechazó las últimas amenazas que pesaban sobre la reforma prioritaria de sus dos mandatos: el seguro sanitario («Obamacare»).
Lo que era inimaginable hace solo unos años se ha convertido en realidad, el «Obamacare» se ha instalado definitivamente en el paisaje estadounidense y el matrimonio entre personas del mismo sexo ha sido consagrado por ley.
«El progreso llega la mayor parte de las veces de forma muy gradual: dos pasos adelante, un paso atrás», explicó poco después en los jardines de la Casa Blanca un eufórico Obama. «Y a veces, hay días como este en el que el trabajo paciente de tiempo es recompensado por la Justicia que llega como un trueno».
Los años de bloqueo en el Congreso y los ataques diarios desde Fox News o del Tea Party denunciando las batallas quiméricas del presidente parecían barridos estos días.
«Creo que, en muchas cuestiones, el presidente está en el lado correcto de la Historia», opinó Seth Moulton, miembro demócrata de la Cámara de Representantes. «A veces se necesita tiempo para que esto sea obvio para todos», sostuvo. «Pero es, sin duda, una semana histórica, y estamos cosechando los frutos de largas batallas», señaló.
Las victorias de Obama han llegado en los últimos siete días vienen, y el presidente parece decidido a cambiar de tono en la recta final de su Presidencia.
Sin lances electorales de aquí a su salida de la Casa Blanca en enero de 2017, ha optado por aceptar menos guantes.

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