Y el cuento rojiblanco de Gaizka Toquero se acabó
El gasteiztarra rescindió ayer su contrato tras siete temporadas de rojiblanco.

Gaizka Toquero es historia en el Athletic. El jugador que nos hizo soñar después de años, décadas de conformismo. El jugador ligado para siempre a inolvidables momentos como la victoria 3-1 ante el Sevilla en aquella lluviosa y cerrada noche copera en la que nació una leyenda y un himno, o aquel instante en que un testarazo suyo en la posterior final ante el Barça fue elevado a los altares de la lírica por José Iragorri y valió casi como un título. Era la noticia de un epitafio anunciado, anunciado desde que dejó de ser el escudero fiel de Fernando Llorente. Desde que el Athletic dejó de mirar al retrovisor de su historia para trazar otra propia. Como escribía ayer el siempre atinado Beñat Zarrabeita, «ver jugar a Toquero fue como la historia del Patito Feo o La Cenicienta, empatizó, hizo soñar, fue protagonista hasta que el nivel lo relegó».
El Athletic comunicó a primera hora de la tarde de ayer que el gasteiztarra, el delantero con dorsal de lateral a la espalda, rescindía el contrato que le ligaba con el club un año más y quedaba libre. Su destino, un Segunda, pero habrá que esperar. Esperar también a sus palabras de despedida, la próxima semana, para deshojar su futuro, a punto de cumplir los 31 años, al que le queda entrega y centros a la carrera.
El estajanovismo por excelencia sobre el césped, la transpiración hecha arte, Toquero vino para reivindicar otro tipo de jugador, otro tipo de león, aun sin reluciente melena. La historia quiso que apenas con medio año de rojiblanco y tras llegar, sí, como el Patito Feo o la Cenicienta, desde la Segunda B, cabeceara aquel córner de Yeste en Mestalla. Su último gol en Liga lo hizo en El Sardinero, en el primer año de un Marcelo Bielsa que ya le relegó al ostracismo. Pero él fue más que aislados chispazos. Contagió a la grada un anticipo de lo que hoy es ese «sí, se puede», que lo mismo vale para un roto que para un descosido. «Pese a sus limitaciones, deja un legado de empatización y democratización de la camiseta tras años de elitización estéril», vuelve a acertar Zarrabeitia.
Fue bonito mientras duró, desde luego. Siete temporadas, las últimas cuatro casi en blanco. Participación en 207 encuentros, el último en marzo pasado en la victoria ante el Madrid y en el tiempo de prolongación, sintomático; 25 goles, el último oficial ante el Hapoel en suelo israelí, en Europa League, en noviembre de 2012. Son sus estadísticas. Las de un gregario del balompié, como otros, pero inusualmente elevado a la categoría de icono rojiblanco, por su entrega, por conseguir el sueño de muchos, porque cuando nadie fantaseaba con cotas inalcanzables él y sus dos goles mágicos señalaron el camino. Un camino que ayer terminó. Antes de tiempo. O tarde según se mire. El cuento de Toquero se acabó.
Esta tarde, ante el Krasnodar
El de Ariznabarra fue el único de los que estaban disponibles para Ernesto Valverde que no viajó ayer a Leogang (Austria). Los descartes anunciados por el técnico de momento tendrán que esperar, porque Txingurri se llevó a 26 jugadores, los que tiene a su disposición, para encarar de momento un test más serio que la ‘pachanga’ del 0-14 de Sondika.
Enfrente estarán los ‘toros’ del Krasnodar ruso (17.00, sin televisión), el mismo que dejó en la cuneta a la Real Sociedad la pasada temporada en la Europa League. Con solo ocho años de vida, este club propiedad del dueño de la red de supermercados Magnit, la mayor empresa de distribución minorista de Rusia, se ha aupado hasta la tercera plaza en la última Premier rusa, por detrás del Zenit y el CSKA.
Un rival muy rodado que comienza su liga el próximo 20 de julio, con lo que el Athletic no lo tendrá nada fácil, aunque viene de perder 2-1 ante el Wolfsberger austríaco y empatar 0-0 con el Austria de Viena. Buena oportunidad para ver si Ernesto Valverde ofrece algunas pistas sobre qué esquema y qué propuesta de juego quiere para los suyos.

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