Mikel ZUBIMENDI
DONOSTIA
CRISIS HUMANITARIA EN EL EUROTúNEL

Londres azuza el «fantasma de la invasión» y París hace de brazo armado

Mientras que los intentos masivos de penetrar las instalaciones del Eurotúnel siguen sin cesar, París y Londres han apostado por cerrar los accesos, por el «control de daños» y por las medidas represivas. Una apuesta conjunta que ha generado indignación y multitud de voces críticas. Una apuesta que no aporta soluciones y sí peligros añadidos.

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Las tentativas de acceder a Gran Bretaña poniendo en peligro sus vidas se multiplican día sí y día también. Desde los campamentos de Calais, donde según el ministro francés de Interior, Bernard Cazeneuve, «impera la ley de selva», miles de sirios, eritreos, sudaneses, afganos o libios esperan su momento para intentar alcanzar el supuesto “El Dorado” que les espera al otro lado del canal de La Mancha.

Mientras que Europa construye una fortaleza en sus fronteras, hombres y mujeres, familias enteras, huyen de la barbarie, de milicias y señores de la guerra en conflictos en muchos casos incitados por la intervención occidental. Europa, cada vez más inhumana e ineficaz y con una imagen más degradada, ni siquiera se pone de acuerdo en la cuotas de cada Estado para acoger a los demandantes de asilo. Por contra, minúsculos países como Líbano abrigan a un número de refugiados equivalente a un tercio de su población.

Sin una política clara que vaya más allá del día a día, centrada en la «contención de daños» y con una visión represiva, Gran Bretaña y el Estado francés han apostado por militarizar el problema y, quizá más peligroso todavía, utilizar un lenguaje «tóxico» para abordar el tema.

«Plaga», «invasión masiva y sistemática» y «asalto» son algunos ejemplos de los titulares que ayer podían leerse en la prensa sensacionalista británica. «Vallas mecánicas», «perros de detección» e incluso el despliegue del Ejército son parte de la receta prescrita por Cameron tras haber reunido con máxima urgencia y publicidad a su gabinete de crisis “Cobra”.

Más dureza

Theresa May y Bernard Cazeneuve, ministros de Interior británico y francés, anunciaron conjuntamente ayer nuevas medidas para hacer más imposible «entrar en Gran Bretaña por la vía fácil». Ante lo que consideraron como una «crisis global de migración», apostaron por más seguridad, más policías, más barreras y una acción conjunta de los socios europeos.

Las cifras, sin embargo, contradicen la idea de «crisis global». Aunque es cierto que los que intentan llegar a Dover utilizan cada día más el mismo patrón de asaltos masivos de aquellos que intentan llegar a Ceuta y Melilla, lo que está ocurriendo en torno a Eurotúnel no aguanta la comparación, ni en números ni en oleadas, con lo que se vive en Lampedusa, en la isla griega de Lesbos, en el estrecho de Gibraltar o en la frontera terrestre entre Serbia y Hungría.

El mensaje conjunto que May y Cazeneuve quisieron hacer llegar a los migrantes ha generado un nivel de crítica que va más allá de los cientos de solidarios que se vienen manifestando a uno y otro lado del Canal de la Mancha. El obispo de Inglaterra, Trevor Wilmott, arremetió con dureza contra ambos recriminándoles su «falta de compasión y de humanidad». A las críticas también se sumó el ministro de Justicia sueco, Morgan Johansson, quien rechazó utilizar esta crisis migratoria «para hacer política» y censuró el lenguaje divisor y poco constructivo que se está imponiendo. «Pueden hacer mucho más», insistió, mientras recordaba que su país admite a todos los refugiados sirios y a 1.200 solicitantes de asilo por semana.

Ironías del pánico al migrante

David Cameron declaraba hace solo dos años que «la inmigración ha traído beneficios significativos a Gran Bretaña». Ahora habla de plagas y amaga con enviar al Ejército a «controlarlas».

Pero una de las ironías de ese pánico al migrante es que se da cuando la población europea envejece y en muchos estados está decayendo. En Grecia, Italia o Alemania las muertes superan a los nacimientos, el ratio de fertilidad total de la UE es de un 1,5 y, muy significativamente, las economías de Alemania o Gran Bretaña crean más puestos de trabajo de los que pueden ocupar los «nativos».

Puede parecer utópico, pero en vez de como una «catástrofe», bien se podría mirar la situación como una oportunidad gestionable para Europa.

 

Cuatro inmigrantes ahogados en Ceuta y 1.800 rescatados en Italia

La inmigración está viviendo las dos caras de una misma moneda. En Ceuta, cuatro subsaharianos murieron ayer ahogados cuando trataban de llegar a nado a la ciudad desde las costas marroquíes próximas, mientras que en el Mediterráneo, en las costas italianas, cerca de 1.800 inmigrantes fueron rescatados durante el fin de semana.

Los cadáveres de los subsaharianos, de nacionalidad no precisada, fueron encontrados por una patrulla de la Marina Real marroquí en las cercanías de Belyunech, en la frontera norte de Ceuta, mientras que tres compañeros suyos pudieron ser rescatados con vida.

Por su parte, un grupo de unos 550 inmigrantes rescatados en los últimos días en el Mediterráneo desembarcaron ayer en Taranto (Puglia, sur de Italia) y otro de 435 personas lo hizo en Cagliari (Cerdeña, sur), cifras que se suman a los 780 inmigrantes salvados el sábado a 30 millas de las costas de Libia.GARA