2015/08/10

Anjel Ordóñez
Periodista
Cartas marcadas en el negocio de la crisis

Los contratos temporales crecen a un ritmo cercano al 10%, deteriorando la calidad del empleo hasta niveles rayanos con la limosna laboral

La gran banca española ha duplicado prácticamente su valor en los últimos cuatro años. Cerrado el primer semestre, Santander, BBVA, Caixabank, Bankia, Sabadell y Popular sumaban una capitalización de 210.405 millones de euros, 97.550 millones más que a finales de 2011. Además, esta media docena de ases (mire usted si son tramposos) controlan ya las tres cuartas partes del negocio del dinero en el Estado español, después de haber engullido numerosas cajas de ahorros y esquilmado el erario público cebándose de tan generosas como inmerecidas ayudas oficiales. La banca siempre gana

Tampoco les ha ido más en los seis primeros meses a las grandes empresas. Cerrado junio, el conjunto de las compañías que componen el Ibex 35, el principal selectivo de la bolsa española, ha contabilizado unas ganancias un 36% superiores al mismo periodo del año anterior. Algo más de 20.000 millones de euros. Las principales constructoras, a las que algunos daban por desahuciadas tras la debacle inmobiliaria, se han lucrado un 32% más: 817 millones.

Mientras tanto, el empleo –a pesar del maquillaje del efecto vacacional en julio– sigue deteriorándose no solo en lo cuantitativo, sino también en lo cualitativo. La tasa de paro continúa por encima del 22% y el número de personas sin trabajo supera los cinco millones de personas en el Estado español, de los cuales apenas el 54% percibe algún tipo de prestación. Por si fuera poco, los contratos temporales crecen a un ritmo cercano al 10%, deteriorando la calidad del empleo hasta niveles rayanos con la limosna laboral.

Aunque no era ningún secreto, estas cifras confirman la naturaleza de las políticas neoliberales para salir de la crisis: llenar los bolsillos de la banca y la gran patronal con la esperanza de que, cuando éstos rebosen, dejen resbalar al lodo de las clases más bajas una calderilla que aplaque las ansias homicidas que se esconden y crecen entre la miseria social. Y no exagero.