Jean-Marie Le Pen es expulsado del FN pese a mostrarse conciliador en la vista
El tribunal disciplinario del partido ultraderechista Frente Nacional (FN) anunció la expulsión de su fundador y presidente de honor, Jean-Marie Le Pen, quien tras su comparecencia había lanzado un mensaje conciliador.
De poco le sirvió. El cofundador del FN, de 87 años, ha sido sentado en el banquillo por su hija Marine, a quien cedió la presidencia del partido en 2011, tras cinco meses de crisis abierta. La actual líder no acudió a la vista para no ser «juez y parte». La dirección ya le expulsó en mayo, pero Le Pen recurrió a los tribunales y consiguió que se le restituyera el cargo y que se anulara el «congreso postal» en el que, a través del correo, se pidió a los militantes que se pronunciaran sobre la supresión de la figura de presidente de honor.
Un mes antes, en abril, Jean-Marie Le Pen reiteraba que las cámaras de gas de los campos de concentración nazi no serían más que «un detalle» de la historia. Un desafío en toda regla a la estrategia de maquillaje del partido que lidera su hija, que intenta limar los mensajes más estridentes del partido –manteniendo intacta su xenofobia– de cara a las elecciones presidenciales de 2017, en las que todas las encuestas le auguran el paso a segunda vuelta.
«Compañeros, no jueces»
Le Pen aseguró que durante la vista, que duró tres horas, «he dado todas las explicaciones a los que no habían comprendido lo que se dijo o se publicó». En tono conciliador, el fundador del Frente Nacional calificó a los miembros del tribunal disciplinario de «compañeros de lucha, no jueces», y mostró su esperanza en que «este episodio o polémico sea una etapa hacia la reunificación» del partido.
Ese tono conciliador contrasta con la combatividad que mostró a su llegada a la vista, cuando ironizó sobre la ausencia de su hija. «Los jefes se esconden, aquí no hay más que fantasmas», aseguró. Por contra, una persona cercana a él calificó la vista de «viva, pero correcta».
Marine Le Pen hizo valer su control del partido y ha terminado por sacrificar a su padre en el altar electoral.

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