Mikel CHAMIZO
DONOSTIA
Elkarrizketa
IRENE ROUCO
VIOLONCHELISTA DE STRADIVARIAS

«Abordamos la música clásica con una actitud carente de prejuicios»

Isaac M.Poulet (violín), Irene Rouco (violonchelo), Melisa Castillo (viola) e Inma Pastor (contrabajo) forman Stradivarias, un peculiar cuarteto de cuerdas en el que cada cual es más diva que las demás. Esta tarde llevarán su hilarante lucha de egos musicales al Victoria Eugenia de Donostia.

Stradivarias son cuatro divas que tocan juntas pero se llevan francamente mal. En su lucha por sobresalir de las demás no ponen reparos en cantar, bailar, saltar y hasta pelearse sobre el escenario, todo mientras tocan obras clásicas de Schubert, Rossini o Beethoven, y temas pop de Police, Stevie Wonder, Queen o The Platters.

¿En qué momento se les ocurrió a cuatro instrumentistas de formación clásica como ustedes reunirse para preparar un espectáculo humorístico?

Stradivarias nació en 1999 de la inquietud por expresar lo que llevamos dentro de una forma distinta. Todas teníamos un trasfondo clásico, habíamos finalizado nuestros estudios en el extranjero y trabajábamos ya en el mundo de la música clásica. Pero teníamos algo más en común: a las cuatro nos encantaba reírnos y éramos muy aficionadas al teatro. Así que cierto día se nos ocurrió embarcarnos en Stradivarias, con la idea de acercar la música al público de una manera más amable y divertida de lo que es habitual, pero sobre todo para realizarnos nosotras mismas. 

¿Eran amigas antes de fundar Stradivarias?

El cuarteto ha ido cambiando un poco con los años, pero sí, uno de los secretos de que Stradivarias funcione es que somos amigas de toda la vida. A la violista, Melisa, la conozco desde hace más de veinte años. También a Isaac, que es nuestra mayor diva. Inma lleva asimismo muchos años trabajando con nosotras. Stradivarias es, en realidad, un proyecto muy familiar.

¿Stradivarias fue una reacción a la excesiva seriedad que rodea a la música clásica?

Es una consecuencia de ello, claro. Aunque si hablas con los músicos de nuestra generación, verás que muchos ya nos estamos enfrentando a la música clásica de otra manera, con una actitud carente de tantos prejuicios. Cuando yo estudiaba en el conservatorio me decían con mucha seriedad que el chelo tienes que tocarlo sentada, no te puedes mover. Pero un día descubrí que puedo hacer todo lo contrario y no pasa absolutamente nada. Yo sentía la necesidad de comunicarme no solo a través del sonido, también de la expresión corporal, y si eso supone tocar el violonchelo de pie, y hasta saltando en algunos momentos, bienvenido sea.

¿Se puede tocar el violonchelo saltando?

Me han escrito muchísimos violonchelistas para preguntarme cómo soy capaz de hacerlo. La respuesta es simple: perseverancia. Tras mucho intentarlo al final se consigue, y de hecho ahora me cuesta volver a tocar el violonchelo sentada. He descubierto una manera de expresarme que es mucho más completa que la que tenía antes: en Stradivarias también bailamos, cantamos y hacemos muchas cosas además de tocar. Después de eso, quedarnos sentadas en la silla nos cuesta demasiado a las cuatro. 

¿Cómo llegaron a dar forma al espectáculo?

Lo primero fue la idea, el querer hacer algo como Stradivarias. Yo ya tenía alguna experiencia, porque había participado en un espectáculo humorístico anterior, llamado “PaGAGnini”. Otro de sus componentes, Edu Orteta y yo nos embarcamos entonces en Stradivarias engañando a unos cuantos amigos, entre ellos David y Marcos Ottone y Juan Fernando Ramos, de la compañía Yllana Teatro. Ellos nos asesoran en la parte del humor y la dirección escénica y nosotras nos encargamos de los arreglos musicales. Básicamente lo que hacemos es juntarnos todos en un local de ensayo con la actitud de «¡a ver qué sale!», y tras esa fase experimental elaborar un hilo conductor para el espectáculo.

¿Hay algo de ustedes mismas en la personalidad de esas cuatro divas que se pelean sobre el escenario?

Yo, sinceramente, no me siento nada vida, me he llevado muchos palos para eso. Pero sí que hay mucho de nosotras en los personajes del espectáculo. Quizá no en su carácter, pero sí en los dones que muestra cada una de ellas. Yo, por ejemplo, en un momento dado toco con mis manos el aria de la Reina de la Noche de Mozart, algo que introdujimos porque yo llevo haciéndolo desde pequeña. Otra de las chicas canta muy bien, así que procuramos que lo haga a menudo. Se trata de adaptar el espectáculo a lo mejor que podemos aportar cada una de nosotras.

¿Esperaban que el proyecto fuera a tener tanto éxito y que seis años más tarde seguirían aún haciendo el gamberro sobre el escenario?

La verdad es que son tiempos difíciles y Stradivarias ha pasado por momentos duros en los que hemos pensado seriamente en dejarlo. Debido a la crisis, todo lo que conlleva sacar adelante una producción familiar es muy complicado. Pero yo, personalmente, soy muy perseverante y estoy convencida de que el show es bueno. Me llena mucho salir al escenario y comprobar que podemos hacer reir a la gente, hacerles felices durante, al menos, una hora. El grupo pasó un bache muy duro hace unos años pero logramos resurgir de nuestras cenizas y ahora mismo el espectáculo va viento en popa. Como en él todo es mímica, no se emplean las palabras, nos lo están pidiendo en muchos lugares de Europa. Lo hemos hecho ya en Berlín, en gira por Dinamarca, en Londres y en muchas ciudades de Francia.