Jon ORMAZABAL
Pelota

Aimar Olaizola se lleva un sucedáneo muy logrado

El de Goizueta se hizo con un partido que satisfizo la gula de los afortunados pelotazales del Atano III.

OLAIZOLA II 22

BENGOETXEA VI 15


Los pelotazales y las empresas están de enhorabuena por contar con pelotaris como Aimar Olaizola y Oinatz Bengoetxea que, a pesar de la acumulación de partidos en un caso, una lesión en el otro, y los kilómetros de tener un compromiso casi en Portugal en ambos, son capaces de convertir un partido de relleno y sin mayor valor competitivo en un duelo digno de la mejor competición. Objetivamente, las condiciones no eran las idóneas para afrontar un duelo mano a mano en toda la cancha, pero el de Goizueta y el de Leitza se vaciaron para ofrecer un espectáculo que nunca podrá llenar el vacío de una final que debió ser y no fue, pero que había dejado cierto antojo entre los aficionados.

Con un golpe quizá hasta más fresco del exhibido el 28 de junio en el Bizkaia ante Urrutikoetxea –el de Goizueta no quiso enredarse en corto y acertó a la hora de darle altura y dirección a cada uno de sus pelotazos–, Aimar Olaizola se llevó el partido gracias a esa innata capacidad suya de adaptarse a lo que cada situación le exige. Pero Oinatz Bengoetxea también terminó satisfecho tras comprobar que, sin llegar al excelso nivel de primavera, su recuperación va por muy buen camino y que los miedos al golpear de zurda la pelota han desaparecido.

Ritmo infernal

Aunque, como casi siempre, Aimar Olaizola cogió de inicio una renta que siempre supo gestionar con solvencia, desde el comienzo se vio que el partido iba a ser de verdad. Los 32 pelotazos cruzados en el 1-2 –la única ventaja que manejó Bengoetxea VI– sin apenas dejar que la pelota botara y a un ritmo infernal, fueron la prueba de ello y un adelanto de los grandes tantos que le precedieron.

Con todo, la seguridad mostrada por Aimar Olaizola en cada uno de los movimientos y golpeos le permitió ir cogiendo cierta ventaja, mientras que un par de sotamanos que se le escaparon al colchón de arriba fueron minando la confianza del vivo delantero de Leitza.

Eso sí, consiguió volver a engancharse al partido tras encadenar tres tantos consecutivos, una vez que recuperó el saque. De todos modos, obligado a tomar riesgos para tratar de llevar el partido a su terreno, es decir, cerca del frontis, sus nueve errores fueron una losa insuperable para hacerse con un triunfo que nunca podrá suplantar una final, pero que sirve para apaciguar la gula del pelotazale.

El factor cancha no sirvió para cubrir los riesgos asumidos por Jokin Altuna

Jokin Altuna y Juan Martínez de Irujo volvieron a enfrentarse ayer, en este caso en el Larrunarri, en el que se ha formado el de Amezketa. Como el viernes en el Atano, el guipuzcoano no pudo imponerse ante los suyos y terminó cediendo por la mínima un partido que tuvo perdido en el comienzo y en sus manos cuando remontaron 18-21.

Es imposible mantener el nivel de brillantez del viernes en Donostia y el partido, aunque entretenido, fue muy distinto de la final del viernes. De hecho, unos cuantos, especialmente aquellos que hicieron que los momios fueran ligeramente azules de inicio, temieron quedarse sin partido cuando los colorados se adelantaron 10-4 en un santiamén.

Los riesgos afearon la osadía de Altuna que, no obstante, volvió a dejar destellos de la enorme clase que atesora.J.O.