GARA
BILBO

La sala Rekalde exhibe una muestra de Eduardo Gruber

La sala Rekalde de Bilbo acoge hasta el próximo 13 de octubre la muestra «Utopía», de Eduardo Gruber. Se trata de obras de gran formato y complejos procesos de ejecución, que pertenecen a diferentes series realizadas en las tres últimas décadas. La sala Rekalde también incluye un bloque de dibujos de carácter íntimo y de ejecución rápida, que respondan a «estímulos cotidianos» y muestran una gran variedad de recursos.

La propuesta intenta mostrar «la importancia del concepto personal que, a modo de espiral», construye el artista trabajando contra el tiempo en su búsqueda de lo utópico. Precisamente la muestra, titulada “Utopía”, se refiere al dibujo «como manifiesto personal», un reto del autor en su carrera.

El propio Gruber destaca la presencia de las series de dibujos más recientes, “Acuarios” y “Boxeo”, que presentan algunas obras inéditas. “Acuarios” es una serie «mordaz, llena de ironía», mientras que en “Boxeo” el artista juega con «la estética y no violencia» del deporte que tanto le fascinan. Las obras, creadas a partir de papel, lápiz y grafito, superan a menudo los 4x3 metros de tamaño. Dos dibujos de la última colección, “Boxeo”, se encuentran ocultos en una maleta portafolios y sugiere una futura ampliación de la serie.

El artista incide en que «no se trata de una retrospectiva». Según explica, en vez de seguir un orden cronológico o serial, lo que le interesa en la disposición de los dibujos es sugerir durante el recorrido un aparente desorden, con la intención de transmitir diálogos con los «guiños» que las piezas tienen en común y precisamente las ordenan. En ocasiones, el artista ha organizado «un paso intencionado de calidez a frialdad» entre sala y sala.

Reconoce, además, que en sus obras abundan la ironía y las referencias a los acontecimientos de su alrededor. La ironía se observa, entre otras obras, en el retrato de un «caballo perdedor», la anotación de una serie de peces muertos en forma de esquela a causa del accidente nuclear de Fukushima, y la representación de seres marinos en formación militar, que evoca cómo el ser humano ahora pretende «dominar hasta el mar», explica el autor. Plasmar lo que ocurre a su alrededor en el momento en que crea cada obra constituye «la magia de la profesión», aunque él subraya que también existe un gran proceso de reflexión.

El artista obtiene la inspiración, entre otros, de su vida familiar, los eventos que ocurren a su alrededor e incluso de su experiencia como escritor de novelas. Gruber admite que habitualmente el resultado de sus cuadros difiere de su idea inicial, pues en el camino se le «abre una luz», lo que considera una buena «metáfora de lo que es el proceso creativo».

Nacido en Santander en 1949, Eduardo Gruber es uno de los artistas más relevantes de su generación, y ha transitado por muchos caminos: por la figuración y el hiperrealismo, la abstracción y el informalismo, con incursiones también en la música, la escenografía, la arquitectura, la escritura o la fotografía.