2015/09/06

ALEX AYALA
PERIODISTA

El periodista gasteiztarra-boliviano Alex Ayala acaba de publicar “La vida de las cosas”, una recopilación de historias en la que los objetos —un pijama de Spiderman, una colección de latas de cerveza, el cinturón de campeona de una cholita voladora…— revelan las increíbles vidas de la gente común.

«Siempre me ha gustado llegar a las grandes historias a través de los pequeños detalles»
Patxi IRURZUN|IRUÑEA
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PROTAGONISTAS


«Siempre he pensado que los grandes protagonistas de nuestro tiempo son las personas sencillas, no los políticos, los artistas o los futbolistas»

GENTE


«Si queremos ganarnos a la gente como periodistas, deberíamos empezar a hablar de la gente. Quizás así no perderíamos a tantos lectores»

Alex Ayala (Gasteiz, 1979) vive habitualmente en La Paz, donde trabaja como periodista para diferentes medios. En 2008 ganó el Premio Nacional de Periodismo de Bolivia y acaba de recibir la prestigiosa beca de periodismo de viajes Michael Jacobs. Fue director del dominical de “La Razón” de Bolivia, donde se publicaron originalmente las cincuenta historias que se compilan en “La vida de las cosas”. Durante este verano ha estado de vacaciones en Gasteiz y aprovechó para presentar el libro, publicado por Libros del K.O. “La vida de las cosas” es un magnífico ejercicio de periodismo doméstico en el que a través de los objetos y las anécdotas de quienes los conservan, los coleccionan o los arrastran consigo en mudanzas de un continente a otro, Ayala («uno de los cronistas más originales y agudos que hay hoy en América Latina», han dicho de él) nos habla de sentimientos universales, como el dolor, la pérdida o la supervivencia.

«La vida de las cosas» habla de historias cotidianas, que a menudo revelan muchas más cosas que las «grandes» historias o reportajes ¿Partió con esa premisa o surgió de modo casual?

Siempre me ha gustado llegar a las grandes historias a través de los pequeños detalles que te lo cuentan todo. Por lo tanto, no es algo casual. Y siempre he pensado que los grandes protagonistas de nuestro tiempo son aquellas personas sencillas con las que podemos identificarnos, y no los políticos, los artistas o los futbolistas.

Y son sus objetos los que le dan las claves para contar sus vidas... ¿Por qué nos aferramos a veces con tanta fuerza a algunas cosas u objetos?

Durante la etapa de investigación, los objetos fueron una excusa para conocer gente. Y creo que nos aferramos a ellos porque son custodios de nuestra memoria, una parte importante de nuestra biografía. Los objetos nos ayudan a recordar.

En una de las historias, «El cuarto oscuro», uno de los protagonistas dice además que las cosas tienen a menudo muchos significados...

Los objetos pueden contarnos muchísimas cosas. A través de una cartera extraviada y luego recuperada podemos hablar de los objetos perdidos. A través de algo tan sencillo como un llamador de pájaros podemos conocer la infancia de alguien, sus orígenes. A través de unas simples estampitas de santos podemos conocer el poder de la devoción en ciertas familias. Y no siempre los objetos son lo que parecen ser a primera vista.

Es algo que además se ve en sus textos, y en la forma en que los estructura, una primera parte en la que cuenta la historia particular de un objeto y otra en la que eleva la historia a otro escalón...

Sí, no me quería quedar en la anécdota. Quería que los objetos me sirvieran para hablar de temas más grandes y universales, como el duelo, la supervivencia, las creencias, la itinerancia, el apego, etc.

Y aunque son historias en las que usted como narrador no intenta molestar ni despistarnos, también aparece, en una de ellas, como una pequeña perla y casi sin querer, una historia personal muy emotiva…

Mis padres murieron más o menos jóvenes. Ambos de cáncer. Y en su momento me quedé con varios objetos que hacen que me sienta más cerca de ellos. Algunos de esos objetos que me unen a mi historia familiar los menciono en ese texto.

Volviendo a lo de antes, no es frecuente en la prensa escrita encontrarse con historias de gente común.

Es una pena y creo que vamos por muy mal camino. Si queremos ganarnos a la gente como periodistas, deberíamos empezar a hablar de la gente. Quizás así no perderíamos a tantos lectores. Entre otras cosas, la gente está dejando de leer medios escritos porque somos predecibles y aburridos.

Y aún es menos frecuente encontrar historias bien contadas, que cuiden el estilo, o que, como en su caso, sean capaces de contar tanto en tan poco, a veces en una sola frase, o con una anécdota aparentemente sin importancia. ¿Cuál es su sistema de trabajo?

Soy bien instintivo. Leer me parece la base de todo, el principio. Luego me dejó guiar por lo que me sorprende o me llama la atención. Y finalmente trato de captar el interés del lector desconocido al que nunca veré la cara. Por otro lado, trabajo casi siempre con libreta y suelo intentar tener siempre los ojos bien abiertos.

¿En qué anda metido ahora? ¿En qué va a emplear la beca Michael Jacobs para periodismo de viajes?

Bueno, la beca Michael Jacobs es para escribir un libro de no ficción y en eso estoy trabajando ahora. En el libro hablaré sobre la muerte a través de 23 historias, 12 largas y 11 cortas. Por otro lado, como freelance escribo perfiles y crónicas habitualmente para medios de América Latina. Y con eso seguiré.