Rajoy se enroca y trata de sacar pecho ante los ataques de Aznar
El Gobierno español responde con inmovilismo a los resultados del domingo. Mariano Rajoy dice que nada ha cambiado y apela a la «unidad de España». En las filas del unionismo, sin embargo, se observan grietas. El antiguo jefe de Gobierno, José María Aznar, salió a pedir más contundencia y alertó sobre el papel de Ciudadanos en la derecha.

No recoge el acuse de recibo. El presidente español, Mariano Rajoy, celebró ayer su particular interpretación de la «derrota del independentismo», obvió que el PP sigue en el camino de la irrelevancia en Catalunya y se aferró al discurso inmovilista pese a que el soberanismo gana escaños y se queda a dos puntos de imponerse en votos en el Principat. Al contrario que en otras elecciones catalanas, cuando el inquilino de Moncloa había destacado por su incomparecencia, llegando a tardar hasta tres días en dar su valoración, ayer Rajoy optó por dar la cara.
Quizás el jefe del Gobierno español pensaba más en su propio bloque y en la carrera electoral que concluirá en diciembre que en el conflicto catalán, ya que los malos resultados del PP han provocado una resaca en Génova. Especialmente después de que José María Aznar sacase la artillería y ajustase cuentas con aquel a quien nombró sucesor: «Para el PP es el peor escenario posible. Tu rival de la izquierda queda fortalecido, tu espacio queda mermado, los secesionistas van a continuar el proceso. Tu posición está seriamente comprometida», dijo a través de una nota emitida por FAES, la fundación que preside.
En clave catalana, el presidente español compareció para no decir nada nuevo. «Los partidarios de la ruptura nunca tuvieron el respaldo de la ley y desde ayer sabemos que tampoco tienen el apoyo de la mayoría de la sociedad catalana», proclamó, entrando en el malabarismo dialéctico de rechazar el carácter plebiscitario de los comicios, pero recurrir al 48% para sacar pecho. «Invito al futuro Gobierno a devolver a Catalunya a la senda de la convivencia normalizada, de la pluralidad, de la libertad y del respeto a las leyes», dijo, para añadir que «si hay alguien que pretende liquidar la soberanía nacional o la unidad nacional, que lo diga. Yo, de lo demás, estoy dispuesto a hablar», insistió. Podría ubicarse esta frase hace tres años, en las elecciones de 2012, o tras la consulta del 9N. Ninguno de los movimientos políticos en Catalunya han hecho mella en un Rajoy que presume de pétreo inmovilismo.
El líder de FAES a la carga
En el ámbito del unionismo, sin embargo, hay debate. En especial tomando en cuenta que Ciudadanos logró 25 escaños y se situó como la principal fuerza unionista, lo que también tiene lectura en clave electoral española. Albert Rivera, al que las municipales de mayo habían dejado en una posición secundaria, revive gracias al PP y se ubica como bisagra que podría elegir entre Génova y Ferraz de cara a diciembre.
«Es para que algunos piensen seriamente por qué el partido del Gobierno no ha sido capaz de representar a la mayoría de las fuerzas constitucionales en Catalunya», argumentó en su carta José María Aznar, quien consideró que el descenso del PP «es el quinto aviso y no se puede desoír». El expresidente español, al que le preocupa la «fractura» que implica el ascenso de Albert Rivera, usó su atalaya para pedir más contundencia. «El constitucionalismo tiene espacio en Catalunya. Tiene espacio para defender la Constitución siempre que los que defienden los principios cons- titucionales se dediquen a eso y no a hacer extravagancias ni hablar de terceras vías o a abrir nuevos procesos de negociación que debiliten las posiciones constitucionales», clamó.
La diatriba de Aznar no gustó en Génova, que ayer celebraba cónclave para analizar los resultados del domingo. En privado, según citaban las agencias españolas, muchos líderes del PP censuraban a quien antaño fue su líder incuestionado. Su secretaria general, María Dolores de Cospedal, que no daba la cara en estas ruedas de prensa desde enero, admitió no haber cumplido las expectativas, pero se conformó con celebrar «un buen resultado para Catalunya y para España». La vista está puesta ahora en las elecciones de diciembre y, según Cospedal, Ciudadanos fue el «voto útil» en el Principat, pero «el PP lo será» en los comicios españoles.
Mientras, tanto Pedro Sánchez (PSOE) como Pablo Iglesias (Podemos) jugaban con una idea similar al tripartito que gestionó Catalunya entre 2003 y 2010. El primero, tratando de colar a Miquel Iceta como líder de un Ejecutivo «transversal» en el que no queda claro si trataría de incluir a Ciudadanos. El segundo apelando a las fuerzas de izquierdas (ERC, Catalunya Sí Que es Pot, PSC y CUP). No parece que ninguna de estas ideas tenga recorrido en el complejo escenario catalán. Aunque, en realidad, ambos hablaban más en clave de candidatos a la Moncloa, que es su carrera real.
Declaraciones
«El proceso secesionista va a continuar y va a continuar más radicalizado porque los más radicales tienen más fuerza»
JOSÉ MARÍA AZNAR
Expresidente español
«Si hay alguien que pretende liquidar la soberanía nacional o la unidad nacional, que lo diga. Yo, de lo demás, estoy dispuesto a hablar»
MARIANO RAJOY
Presidente español
«Ni apoyos para investidura, ni para declaraciones unilaterales de independencia, nosotros salimos a ganar las generales y si las ganamos, referéndum»
PABLO IGLESIAS
Podemos

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