«Los discos de Gobeo Bay los oiré satisfecho dentro de unos años»
La banda gasteiztarra Gobeo Bay es la extensión natural de Arawak, otra de las formaciones de la capital alavesa que con su propuesta alimentó el sueño de la Euskal Herria tropical de hace años. «Cuatro notas» es su segundo álbum. Reggae melódico clásico con apuntes actuales.

Gasteiz ha sido tierra jamaicana desde hace treinta años. Fue parte de aquel divertido juego de la Euskadi tropikal de los ochenta. Las situaciones no perduran en el tiempo, se acomodan a las circunstancias pasan por encima del legado como una pisada de elefante. No obstante, aunque quizá porque la gente “madura” persiste en el empeño, el reggae perdura en la ciudad con bandas como Gobeo Bay o el tesón de Paco Pekao con su cuestionada prolongación de Potato. En Bizkaia funcionan Akatz y poco más queda de aquella tropicalidad.
Gobeo Bay lleva meses con “Cuatro notas”, un álbum reposado y dinámico, fiel al predicado reggae e interpretado con solvencia y respeto por el género.
Gobeo Bay es el fruto de su empeño y tesón, junto al de «Okiman». Con diferente intensidad llevan juntos desde finales de los ochenta. ¿Son dos veteranos locos por lo mismo y que han aprendido a no esperar más de lo que llegue?
Esperar, esperar, no sé. Cada uno tiene sus motivaciones. Las mías son tener algo que merezca la pena contar, y llegar a que la gente sienta con las canciones las emociones que queremos expresar. A veces hemos estado mucho tiempo en el local, sin tener contacto con el exterior, desmotivados con la parte que corresponde al negocio, pero no nos han faltado ganas de seguir aprendiendo, ni canciones. Hoy vemos las cosas de otra forma. El negocio ha empeorado aún más, pero, con todo, queremos dar a conocer nuestro trabajo. También otras cosas positivas provocan que tengamos más ganas que nunca de entrar a grabar, como poder hacerlo con el productor Roberto Sánchez, por ejemplo.
¿Hay algo de resignación en todo esto?
Sabemos qué está en nuestras manos y qué no. Claro que nos gustaría más proyección, pero a nuestro nivel tenemos cosas de las que sentirnos orgullosos. Los discos de Gobeo Bay los oiré satisfecho dentro de unos años, cosa que no puedo decir de otros. Y hay gente en el mundo del reggae que respeta nuestro trabajo y nos ayuda, por ejemplo la ACR (Asociación Cultural Reggae) que nos ha ayudado con “Cuatro notas”, personas con las que merece la pena trabajar. Quizá no sea mucho, pero nos vale. Si eso es resignación, sí, estamos resignados.
Su herencia es Potato y Arawak, como la de Oki. ¿Mira de vez en cuando al pasado con la nostalgia correspondiente y a pesar de que cante algo así como que «tu hogar está en tus zapatos, continuo tránsito…».
Se puede cambiar de zapatos, y alguno hasta de chaqueta, je, je, pero los que tienes ahora son los que te llevan, quieras o no. No pasa nada por recordar el pasado, lo que me parece insano es quedarse atrapado en él. Hemos pasado por experiencias de todo tipo, algunas alucinantes, otras trágicas, cosas que por corrección política no salen en los libros. Es nuestra vida y parte de la historia musical de este país. Claro que contamos batallitas en los conciertos como dos adorables ancianitos, pero por suerte para mi garganta enseguida me ponen una mantita en las piernas y siguen con el móvil.
¿Que exista Gobeo Bay se puede deber a la serenidad y pies en el suelo de ambos?
Si hemos aguantado tanto es porque en cada encrucijada ha aparecido algo que nos ha hecho seguir. Se va un batería y aparece un monstruo como Gustavo. Se van más músicos y aparece José, que ha tirado también del carro. Hemos tenido la suerte de contar con gente que nos llevado hasta aquí, de una manera u otra.
Han recuperado dos temas, uno de Arawak y otro de Potato, ¿querencias o miedo a dejar un disco breve?
No. Siempre hemos sido muy dados a rehacer las canciones y esas canciones han quedado nuevas, y para mí, mejor. Tienen tanto trabajo detrás o más que las otras. El “Ritmo provisional”, por ejemplo, hace unos años, con lo simple que parece no hubiéramos podido acabarlo así. El minutaje del disco no nos preocupa demasiado, más que el tiempo nos preocupa el contenido. La de mayoría de discos clásicos eran “cortos”, pero no sobraba ninguna canción. Hoy en día en un disco no espero más de cuatro canciones que me gusten, para que veas dónde está mi rasero.
El reggae ha mutado como todos los estilos; es decir, subestilos y más subestilos. Representan al reggae clásico, a esas bandas que marcaron, posiblemente, la mejor etapa de la música jamaicana: Bob Marley, Black Uhuru, Aswad, Culture, Peter Tosh, Third World, Steel Pulse, Toots and the Maytals, Gregory Isaac…
Depende a quién le preguntes te dirá que somos “clásicos” o nu-roots. ¡Ay, ay, ay! Nos gusta tener todo bien empaquetado, con su etiqueta y si te sacas una de la manga mejor que mejor. Nosotros hemos mamado de lo que mencionas y se notará, supongo, pero hemos ido incorporando cosas que nos han ido pareciendo interesantes. En este disco, además, Roberto ha ido dando su opinión según iban naciendo las canciones, porque esa era la idea, adelantar trabajo, y él es de las filas del roots. Esto nos lleva para mí a un trabajo personal, por los años que llevamos, pero con raíces claras.
También tocan el palo del dancehall en «Rub a dub», aunque con posibles matices...
Cuando girábamos con Potato oíamos mucho rub a dub, era el eco del boom que fue al llegar a Vitoria, así que no nos hemos apuntado a ninguna moda, lo oíamos hace décadas. Ese “original dancehall” no tiene nada que ver con lo que hoy es el dancehall en Jamaica, para mí más emparentado con el hip hop, con el rollo gansta y pornográfico. Los valores han ido cambiando, aunque no hay épocas puras, se va a peor.
O sea, que fusionar reggae con rap no parece una opción visible en el futuro.
Rap, rap, uhhmm. ¿Qué es el rap? Contra más te vas al origen de ese término, más se lía el asunto. En Jamaica estaba el toasting, ahora los djs, el hip hop, los singjays y todo lo que tú quieras. En el pasado hicimos experimentos con el fraseado sobre ritmos dancehall. Actualmente no lo tocamos, todo lo más algunos toques singjays (medio cantado, medio dj). Y toda la cultura del hip hop no es nuestra, y, personalmente, creo que contra más quieren vender en USA, peor, así que para gustos están los colores.
Roberto Sánchez (el afamado productor cántabro, muy relacionado con el reggae vasco) es tan sabio que no sé si puede llegar a ser un mandón...
Roberto es multiinstrumentista, cantante, compositor, ingeniero de sonido, creador de dubs , etc, pero sabe cuál es su papel. La banda no ha mutado en el estudio. Él resalta nuestros puntos fuertes y minimiza los débiles, aconseja, propone, y hace con lo que le damos lo que le parece que le va mejor a cada canción, pero sin metamorfosis radicales. No sé si es sabio, pero sabe.
Hace años se hablaba con el productor o responsable de la grabación con una colección de discos para que viera lo que se quería. ¿Ha cambiado el lenguaje, ya no es tan necesario?
Nosotros y Roberto sabemos muy bien hacia dónde apuntan las canciones, hablamos el mismo idioma. Lo de los discos era gracioso. Ibas, en tu inocencia, y decías: quiero sonar como Dennis Brown. A lo que te contestaba lógicamente el técnico de turno: ¡Pues canta como él!
«Funcionamos por instinto. Depuramos nuestro estilo y hoy no sonamos así, somos así»
«Cuatro notas» es un disco sin trampas, reggae luminoso enriquecido con buenos arreglos, pero sin despistarse del objetivo…
Funcionamos por instinto. Depuramos nuestro estilo y hoy no sonamos así, somos así. Oki y sus toques mágicos, la base rítmica contundente, vientos gracias a los de Siroko cuando ha hecho falta ese punto, la guitarra creando otro tipo de ambiente, diferente pero complementario a los arreglos de Oki. Yo intentando transmitir los textos con mi voz ayudado por los estupendos coros de Mónika. Pero todo visceral más que cerebral. Y no nos olvidemos del apartado técnico, cocinando todo esto.
Se ha conseguido un sonido limpio donde caben todos los instrumentos cristalinamente.
Parece fácil, verdad. Pues nos ha costado nuestro tiempo el darnos cuenta de algunos errores. Qué sobra. Qué no eres tú. Qué mejorar y por qué. A dejarte aconsejar sin perder tu criterio. A qué llegas y a qué no. A hacer cosas que no parecen grandes, pero sin las cuales el conjunto sufre. Y espero seguir descubriendo otras muchas.
Las letras no son caramelos de chupar medio minuto, ¿se come mucho la cabeza?
Me la como demasiado, pero no más que otras cosas. Me cuesta encontrar un tema. Y luego, por ejemplo si es un tema romántico, no me sale decir solo “te quiero”. No es que tenga nada contra eso, si es sincero, pero empiezo a pensar: esto ya se ha dicho mil millones de veces, qué tengo yo de nuevo que decir al respecto, y salgo por otro lado, sin querer. Será vanidad, supongo. Además me gusta que las letras tengan varias lecturas, que las acabe el oyente. Me imagino que requiere un esfuerzo extra, pero es lo que busco.
¿Falta reggae en nuestras vidas? ¿Estamos perdiendo un estilo con un gran potencial de diversión y concienciación?
Yo oigo reggae porque me gusta. Me transmite cosas que no me dan otras. Es cierto que es una música que puede decir cosas muy duras, pero diciéndote, baila y lucha. Baila y ama. Baila por un mañana mejor. Música moldeada por la esclavitud, por el campo, por el ghetto, por la esperanza en una tierra prometida que no acaba de llegar, por corazones rotos. Pero otras músicas también lo dicen a su manera, con diferente energía. No soy muy de la tribu. Me pone y punto. Lo demás es filosofía.P.C.

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