K. MACNAMARA
AFP

BIRMANIA, EL NUEVO «EL DORADO» DE LA INDUSTRIA TEXTIL MUNDIAL

Myanmar, la antigua Birmania, vuelve a posicionarse como uno de los polos productivos de la industria de la moda. Trata de aprovechar el trato a favor que le ha brindado Occidente desde 2012, cuando emprendió una cierta apertura democrática.

Solo en el último año, la industria textil del país ha creado 100.000 puestos de trabajo y supera ya los 300.000 empleados, según datos de la patronal local de la confección, Mgma. El Gobierno ha colocado a la industria textil como una de sus prioridades para reactivar el desarrollo económico de la región. La confección de prendas de vestir es, junto al turismo, la agricultura, la madera y el caucho, uno de los sectores estratégicos para su economía.

Htet Myat Nyein es una de las miles de trabajadoras de Birmania que ha comenzado a producir prendas para la industria textil mundial, una actividad promocionada como factor clave en la modernización de una economía todavía en gran parte informal y rural. «Aprendí a coser en esta planta», dice la mujer con su voz apenas audible en medio del estruendo de las máquinas de coser de este grupo del taller Shweyi Zabe, perdido en un suburbio industrial de Rangún actualmente en pleno desarrollo.

En este distrito, Hlaing Thar Yar, la mayoría de los habitantes todavía dependen de las remesas enviadas por familiares que trabajan en el extranjero, incluyendo en la vecina Tailandia, a falta de otra alternativa.

Pero desde la apertura del país hacia una economía de mercado que siguió a la auto-disolución de la Junta Militar en 2011, el mercado laboral está en pleno proceso de cambio, después de décadas de economía informal y mercado negro, marcadas por la mala gestión militar.

En este suburbio de la capital económica de Birmania, el horizonte tampoco es mucho más amplio: «Se puede estar trabajando como trabajadoras textiles o en salones de belleza, eso es todo», afirma Htet Myat Nyein, con sus mejillas coloreadas con tanaka, un polvo amarillo de origen vegetal ampliamente utilizado por la clase obrera en este país del sudeste asiático.

El desarrollo del empleo manufacturero se encuentra en el corazón de las preocupaciones de los más de 30 millones de electores llamados a votar el próximo 8 de noviembre con motivo de las elecciones legislativas en las que parte como favorito el partido de la líder opositora Aung San Suu Kyi. La Nobel de la Paz, en compañía de la actriz estadunidense Angelina Jolie, enviada especial de la ONU, se reunió en agosto con trabajadoras de la industria textil para hablar de sus condiciones laborales. Se calcula que los trabajadores textiles son ya 300.000 en el país, frente a los 140.000 de 2013, según datos oficiales. El programa de la Liga Nacional para la Democracia (LND) menciona la necesidad de «salarios razonables» entre otras «garantías para los empleados». Sean Turnell, experto en la economía birmana, confía en que el LND desarrolle, una vez ganadas las elecciones, una política económica que posibilite «el renacimiento de la industria» en la excolonia británica.

Para empezar, Birmania está en el cuarto lugar de los países con mayor crecimiento, según el Banco Mundial. El país acaba de inaugurar su primera zona económica especial en Thilawa, cerca de Rangún, entre otras reformas económicas iniciadas desde 2011.

Subida del salario mínimo

El actual gobierno de transición ha puesto en marcha recientemente un salario mínimo diario de 3.600 kyat (2,40 euros), dadas las exigencias de regulación del mundo del trabajo. Un anuncio aclamado por marcas internacionales como H&M y Gap, que han apostado por trasladar parte de su producción al antiguo estado paria. Los bajos salarios permiten ahora a Birmania competir con países como Vietnam y Camboya, que ya han desarrollado su industria textil.

Pero la nueva regulación actual del sector no ha hecho felices a todos: algunos talleres dicen que no pueden pagar el salario oficial. Los sindicatos, aún dando sus primeros pasos en Birmania, denunciaron un millar de despidos desde la imposición del salario mínimo el 1 de setiembre. Y el descontento de los trabajadores textiles podría terminar por sacudir una campaña monótona.

Algunos empleadores han dejado de pagar las horas extraordinarias y los gastos de transporte con el fin de compensar esta modificación repentina, según el diario “New Light of Myanmar”. San Hayman es parte de un grupo de 200 trabajadoras despedidas sin contemplaciones por su fábrica recientemente. «No he hecho nada malo. Estoy enojada», dijo la joven de 27 años, que vive en el suburbio de Hlaing Thar Yar, en una de sus rudimentarias casas de bambú.

 

Empresas con Capital extranjero y tecnología de japón obsoleta

Sindicatos europeos elaboraron en 2014 un informe en el que señalaron que el sector textil birmano estaba compuesto entonces por 350 empresas, con unos 200.000 empleados, que trabajaban esencialmente para la exportación, más otras pequeñas para el mercado interno, con otros 100.000 trabajadores: «Un 25% de estas empresas serían propiedad de empresarios locales, mientras que el resto lo sería de capital extranjero, de Corea, China y Japón principalmente». La misión sindical también informó de que la «tecnología usada es esencialmente japonesa, aunque en muchas ocasiones es bastante vieja, como comprobamos en tres de las fábricas visitadas».GARA