Janina PEREZ ARIAS
Elkarrizketa
ALFONSO GÓMEZ-REJÓN
DIRECTOR DE «YO, ÉL Y RAQUEL»

«Cuando haces una película muy personal, termina siendo universal»

Después de formar parte del la selección de Perlas de la recién concluida edición 63 de Zinemaldia, se estrena en las salas comerciales la excelente «Yo, él y Raquel», el segundo largometraje del muy talentoso pupilo de Martin Scorsese. En Sundance, la cinta fue premiada con el Gran Premio del Jurado y el del Público.

Desde los 12 años, Alfonso Gómez-Rejón (Laredo, 1973) tenía un solo deseo: ser director de cine. Desde aquel entonces se dio a la tarea de acercarse a su meta, viendo películas a más no poder, pisándole los talones a quien de ídolo pasaría a convertirse en su mentor (nada más y nada menos que Martin Scorsese), atesorando experiencias al colaborar con resonantes nombres (Alejandro González Iñárritu, Ben Affleck, Nora Ephron, entre otros), sin olvidar su paso por la Universidad de Nueva York. Todo un andar que le han significado 20 años de experiencia en el mundo del cine y la televisión.

Ahora presenta “Yo, él y Raquel”, cinta premiada en Sundance con el Gran Premio del Jurado y el del Público. Ese fue el principio del exitoso recorrido que ha emprendido esta película basada en la novela de Jesse Andrews (también autor del guion), publicada en 2012 en Estados Unidos.

¿Cómo sacó el guion de «Yo, él y Raquel» del Blacklist, y cómo logró hacer una película tan personal?

Ni me acuerdo de cómo me llegó el guion. Me mandaron esa lista que son los guiones que no tienen director, pero yo estaba escribiendo uno que iba a dirigir. Aunque no quería leer nada porque estaba metido en mi trabajo, el título se me hizo raro y divertido, así que lo empecé a leer. Me dio risa que se tratara de un chico joven que quiere ser cineasta y que hace cortometrajes como parodia de películas conocidas; pensé que yo no haría una parodia de “La Guerra de las Galaxias”, pero a lo mejor sí algo más particular, más personal para mí. Cuando llegué a la parte del diálogo con su profesor me afectó, pues mi padre había muerto recientemente. Sentí entonces que era un pensamiento que necesitaba oír y, más que nada, creer.

Entonces me empecé a identificar más con Greg, me di cuenta que era como él: una persona que está intentando integrar en su vida la pérdida de un ser querido, y que también está intentando encontrar su voz como director. Había muchos elementos personales, hallé muchas conexiones. Terminé haciendo una película para mi padre, tal como Greg la hace para Raquel.

¿Era como Greg en el instituto?

¡Igualito! (risas) Yo era parte de muchos grupos, fui nerd, luego popular, también era tímido... Ni sé cómo terminé la secundaria, porque me pasaba el día viendo películas. Pasé por una situación parecida a la de Greg; cuando pierdes a un padre, siempre te sientes niño. Así que fui madurando con Greg, y haciendo la película me volví a sentir adolescente.

Aunque es un drama tiene mucho humor, evitando la manipulación emocional. ¿Cómo logró el balance del drama y la comedia?

Lo interesante del guion es que maneja un tema tan difícil con muchos elementos de comedia. Y así es la vida. Como persona, quería hacer ese viaje con Greg, y sobre todo tratar con respeto al público, no forzarlo a que tenga que “sentir algo”, más bien dejarle el espacio para sentir si así lo quiere.

Para usted esta película ha sido también una oportunidad para rendir homenaje a sus «héroes cinematográficos», como Scorsese, Gavras o Bergman. ¿Cómo fue incluir las películas que quiso en los cortos de Greg?

Nunca pensé que me dejarían hacerlo, ¡lo juro! Mi idea era hacer algo personal, y de esa manera darle gracias a los directores que adoro. Para mi sorpresa, me dejaron hacerlo. Con Jesse (Andrews, el autor) le buscamos nombres ridículos a las parodias, y luego empezamos a hacer los cortos. Cuando terminamos la película y la mostré, nadie dijo nada. Pero cuando la llevamos a Sundance, gustó; entonces pensé que al momento de que la compraran, pedirían que se cambiase lo de los cortos, pero no fue así. Creo que se les escapó ese detalle (risas).

Desde el punto de vista cinéfilo, ¿cree que este filme influirá en la audiencia?

Me hizo recordar mucho a Scorsese, porque te hablaba de otros directores y, si no conocías una película, al día siguiente te traía un VHS de la misma. Espero que la gente que vea esta película sienta curiosidad por los filmes a los que hacemos referencia, que los busquen, que les inspiren. Porque si hablas de Michael Powell (“Las zapatillas rojas”, 1948), vive, y si ves sus películas, vive otra vez; hablando de mi padre, vive otra vez. Ese es el tema de la película, además del amor al cine.

Este es su segundo largometraje. ¿Cuáles son las ventajas de dirigir con cierta madurez?

La verdad es que si me hubieran ofrecido esta oportunidad a los 20 años, la hubiera tomado, porque ¿para qué sufrir tanto tiempo intentando hacer una película? (se sonríe). Pero solo sé que mi experiencia fue esta. Tal vez me faltaba madurar, encontrar mi voz como director, entender cómo expresarme. Lo que enseña todo esto es la paciencia que debes tener como artista; lo importante es hallar tu camino y hacer algo personal. En mi carrera he tenido la oportunidad de conocer y trabajar con directores leyenda como Scorsese o Ephron, lo cual me cambió personalmente. Vas viendo el proceso, vas aprendiendo y entendiendo lo que te gusta, y aprendes no tanto cómo hacer una película, sino por qué hacerla. Ese fue mi viaje, mi aventura.

¿Y por qué hace películas?

Hacer cine es como una extensión de la imaginación, es el medio por el que me puedo expresar. No soy de los que se pone frente a una cámara, no soy actor, soy demasiado tímido, y el cine viene a ser lo que me quita el miedo. Desde chiquito dibujaba, y en aquel tiempo me empecé a obsesionar con el cine, porque me daba tranquilidad, además admiraba la técnica, la puesta en escena... Luego, cuando empecé a practicar en la Universidad de Nueva York (NYU), me dio confianza, me quitaba el miedo estando en el set. Fuera del plató ni podía hablar. Me encanta el proceso de hacer cine, como también el trabajo con los actores, porque siento con ellos una conexión, pueden expresar lo que estoy sintiendo. Es un misterio que me fascina. Y a veces cuando haces una película muy personal, termina siendo muy universal. Creo que pasa eso con “Yo, él y Raquel”; me pregunto si habrá alguien que se vea en mí tal como yo me vi en su momento en las películas de Scorsese.

¿Qué le ha aportado el trabajo en televisión?

Experimentar muchísimo. La disciplina que te brinda la televisión equivale a que te dan una semana para hacer una “película” de una hora. Así ha sido con “American Horror Story”. De manera que tienes que producir más rápido. “American Horror Story” es una producción tan grande que cuando estás en el set y miras detrás de ti, ves que hay como 20 productores, lo cual hace el proceso poco íntimo, menos personal. Trabajar en cine es un verdadero lujo porque me permite preparar más, conversar con los actores y el director de fotografía, diseñar tomas y escenas. A veces en tele te dan el guion y una hora más tarde ya estás dirigiendo; entonces se trata de otro músculo que vas manejando y ejercitando; en televisión lo que hago es dibujar más, improvisar más, y siempre estoy experimentando.

Su primer filme, «Espera hasta que se haga de noche» (2014), fue de terror, como también lo ha sido gran parte de su trabajo en la televisión. ¿Tuvo problemas al cambiar de género?

No, porque, como director, si encuentras una conexión y te identificas con un tema, la aventura es hacer diversos géneros y estilos. Eso es lo divertido, no quieres estar haciendo siempre lo mismo. Te puedes meter en diferentes mundos y cada uno de ellos tiene otras reglas, eso es parte del proceso y de la diversión. Aunque siempre me refiera a Scorsese, hay que ver su filmografía tan variada: “La Edad de la Inocencia”, “Cabo de miedo”, “Casino”...

Que nombre a Scorsese, es lógico. No todo el mundo tiene la oportunidad de responder a «¿Qué hiciste el sábado pasado?» con un «Estuve viendo una película con Martin Scorsese»...

(Se sonríe) De niño, Scorsese era mi ídolo. Estaba obsesionado. Hasta entré en la NYU porque él había estudiado allí. Tres años más tarde empecé a trabajar para Marti. Hablo de Scorsese porque aprendí mucho de él. Me enseñó el por qué se es director, como también el trabajo de otros realizadores. Nuestras conversaciones no se trataban de él, sino de otros directores; Scorsese es un tipo muy sencillo y humilde, siento una conexión con él, y me gustaría llegar a esa edad y dejar un trabajo como el suyo. Por cierto, en el Blu-Ray de “Yo, él y Raquel” estará incluida una conversación entre nosotros dos. Nos entrevistamos mutuamente, fue muy divertido. Son 30 minutos, aunque estuvimos conversando más. Nos cortaron... (risas).

Y después de tantos años de amistad, la cara del gran Scorsese al escuchar las palabras de Gómez-Rejón, es todo un poema de humildad y agradecimiento recíproco, lo que lo hace un momento único y emotivo.