Nagore BELASTEGI
JORNADAS SOBRE EXCLUSIÓN RESIDENCIAL

CUANDO LA INSERCIÓN SOCIAL PASA POR TENER UN HOGAR

A quien lo ha perdido todo le resulta difícil recuperar su vida. Los expertos creen que la vía más fácil para que una persona sin hogar recupere su vida es, precisamente, un hogar. Por ello cada vez hay más iniciativas dirigidas a facilitar el acceso a una vivienda.

Cuando una persona vive en la calle no solo ha perdido una casa, un hogar. Generalmente ha perdido también su trabajo, razón por la que no puede acceder a una vivienda, y como consecuencia se «desengancha» de la sociedad. Las relaciones interpersonales se resienten, más aun si el «sinhogarismo» (término empleado por los expertos) deriva en adicciones como drogas o alcohol. La inmigración es otro de los factores que ponen en riesgo de exclusión a las personas, pero advierten que es un error pensar que a quienes viven en una casa, con su familia, rodeados de amigos, nunca les pasará. «Cualquiera puede terminar viviendo en la calle; las personas que viven en la calle una vez tuvieron un hogar», insisten, y señalan que las políticas sociales tratan a menudo de devolver lo que perdieron a esas personas. Las jornadas sobre exclusión residencial celebradas en Bilbo esta semana trataron ampliamente este tema con la participación de expertos de Euskal Herria y de otros puntos del Estado.

Por la mañana fueron representantes institucionales quienes hicieron un retrato desde este punto de vista de Gipuzkoa, Bizkaia y Araba, y expusieron las herramientas de las que disponen las diputaciones para hacer frente a la situación de abando- no –«abandonados por la sociedad»– en la que muchas personas se encuentran.

Las opciones ofrecidas desde los servicios sociales no son, sin embargo, las únicas que existen, tal y como quedó de manifiesto en una intensa y atractiva mesa redonda horas después. Se expusieron cinco iniciativas vascas y una catalana como ejemplo a seguir.

Primero tomó la palabra Mariasun Garai, del programa de atención siquiátrica para personas sin hogar. Explicó que, tras varios años trabajando, se dieron cuenta que el «sinhogarismo» estaba relacionado con el trastorno mental grave en un 30% de los casos. «Esas personas son altamente vulnerables», aseguró Garai, y es por eso que decidieron poner en marcha este departamento dentro de la Red de Salud Mental de Bizkaia. Cuentan con un equipo que detecta los casos y los «enganchan» al programa para poder realizar un seguimiento.

«Desde 2005 se han atendido a 171 usuarios, la mayoría hombres, con una edad media de 43 años, más de la mitad extranjeros y con sicosis –muchos con esquizofrenia–», aseguró. De todas esas personas han registrado 107 altas. Actualmente atienden a 64 personas en un centro de 40 plazas, por lo que están saturados.

Pottoko Lizarralde, miembro de Cáritas Gipuzkoa, contó la experiencia del programa Eutsi. «Al principio nos trataban de locos, nos preguntaban cómo a la gente que estaba en la calle, unos ‘vagos’, les dábamos vino», recordó. Su grupo trata con personas sin hogar con problemas de adicción, pero en lugar de enfrentarse a ellas, tratan de «ganárselas», entendiéndolas y acercándose a su situación. «El trabajo a realizar era el de atención a personas en exclusión grave y prolongada, con fuertes consumos, con deterioro físico y síquico. Chocan con la normativa de los centros de consumo cero, horarios y convivencia obligada. Eso les llevaba al fracaso y la frustración», explicó.

Así surgió Eutsi en 2008, que tiene como objetivo minimizar el rechazo de la sociedad, garantizar una mínima convivencia y respeto, higiene y acompañamiento. Además, pueden utilizar otros servicios locales como Aterpe (para dormir y comer). «En ciertas personas el consumo es difícil de contener, por lo que se les facilita. Un vaso de vino por hora que pasen en el centro. Pero no beben en la calle, sino en un entorno de aceptación, en compañía, despacio, comiendo, y también realizan actividades sin consumir», asegura, admitiendo que esta técnica «es un reclamo». La experiencia constata que el consumo ha disminuido entre los usuarios, así como los ingresos de estas personas en el hospital. En cuanto a las defunciones registradas, les queda la «satisfacción de que no han muerto solos».

Teniendo en cuenta que otro colectivo vulnerable son los inmigrantes, la asistenta social de Romi Bidean Karen Gabino explicó de qué manera trabajan con las familias de los asentamientos de gitanos rumanos de Hernani y Astigarraga. En 2011 realizaron un estudio, con la colaboración de los ayuntamientos, para llevar a cabo el Proyecto Urumea, donde encontraron personas de esta etnia viviendo en la calle, en fábricas abandonas y, sobre todo, en casas levantadas por ellos mismos. A esas personas les apoyan económica y técnicamente para que puedan acceder a los diferentes recursos sociales para facilitar su inserción social, pero antes deben firmar una normativa comprometiéndose a respetar ciertas normas. «Se ha mejorado, pero el asentamiento les cerca. No saben lo que es asumir el gasto de una vivienda en alquiler, les da miedo, por eso la salida es lenta», aseguró Gabino. Además han tenido que hacer frente a imprevistos como incendios o inundaciones, que no detienen, pero sí ralentizan el trabajo.

Housing First, primero el hogar

Los asistentes conocieron los pormenores de la labor del equipo de alta intensidad Hurbil de la mano de Alfonso Sanz, representante del Ayuntamiento de Gasteiz. Señaló que se trata de una iniciativa que cumple unas funciones parecidas a las de servicios sociales, pero a pequeña escala, lo que supone una atención mucho más cercana. Atienden a personas sin hogar o en riesgo de exclusión, y sin recursos económicos.

Explicó que el índice de exclusión utilizado por los Servicios Básicos determina si la situación de una persona es tan grave que necesita de Hurbil. Una vez su situación mejora regresa a Servicios Básicos. En el último año y medio están gestionando un piso siguiendo el método Housing First, importado de Estados Unidos, que consiste en trasladar a una persona de la calle a un hogar, sin que tenga que pasar por diferentes grados de acogida –centros de acogida, casas tuteladas y acceso a vivienda–. En ese sentido esperan poder dar más pasos puesto que «está siendo una experiencia muy positiva».

La Asociación Goiztiri también sigue esta filosofía. Según explicó Jesús Castanedo, su objetivo es garantizar a las personas «que van a comer todos los días, que van a tener un lugar donde dormir y que alguien va a estar con ellos para ayudarles a gestionar su vida». Ya que la casa es «clave» en la inserción social, les ofrecen una vivienda o una habitación mediante la que puedan integrarse con los vecinos. Ahora barajan la posibilidad de reformar un edificio y crear viviendas de una, dos y tres habitaciones, para poder disponer así de «viviendas dignas». «En Bilbo no hay Housing First», comentó, animando a las instituciones a tomar la iniciativa. En cuanto a su asociación asegura que «somos personas que apuestan por las personas, ese es el único valor».

Donde sí conocen la experiencia de Housing Firts es en Barcelona. Está en marcha desde junio y le han llamado “Primer la Llar”. Todavía no tienen una valoración oficial aunque Carmen Fortea, directora del Departamento de Atención a Personas Vulnerables del Ayuntamiento de Barcelona, cree que la experiencia es favorable. «En Barcelona hay una red importante de atención a personas sin hogar, pero para quienes utilizan sus servicios puntualmente es una puerta giratoria», explicó. Se fijaron en los modelos desarrollados en Europa y así descubrieron Housing First, muy arraigado en los países nórdicos y que copiaron a Estados Unidos. «Es un cambio respecto a cómo se han hecho las cosas hasta ahora. A los usuarios se les ofrece acompañamiento, pero no se les dirige. No se les dice qué y cómo y cuándo tienen que hacer las cosas, sino que ellos nos dicen de qué manera les vamos a ayudar», contó Fortea.

Es necesaria una mejor gestión

Antes del inicio de la mesa redonda tomó la palabra Fernando Vidal, presidente de la fundación Rais, que adelantó la inminencia de la aprobación de una nueva estrategia estatal, aunque no reveló detalles. Esbozó unas pinceladas de cual debería ser el camino a seguir. En cuanto al método Housing First manifestó que en las ciudades en las que se ha implantado se ha experimentado «un cambio cualitativo». Aun así considera que «no podemos seguir con las políticas sociales como se han hecho hasta ahora porque no se han gestionado bien».

De hecho, cree que el impacto de una estrategia es proporcional a la cercanía del liderazgo, es decir, de la persona a cargo de cada institución. Ejemplicó sus palabras con los casos británico y el español. «Los británicos, en 1997, se propusieron reducir el número de personas sin hogar en un 66% y para ello se pusieron en contacto con el Primer Ministro», mientras que en el Estado español, «una vez, no voy a decir dónde, el responsable de Vivienda se sorprendió porque no pensaba que este tema tuviera algo que ver con su departamento», comentó, dando a entender la poca importancia que se les dar a las personas sin hogar. Es por eso que tiene esperanzas en una mejor gestión con una estrategia adecuada.