Mikel INSAUSTI
CRÍTICA «Los miércoles no existen»

No hay manera de que la comedia madrileña evolucione

Las primeras imágenes de los lugares emblemáticos de Madrid, con los títulos de crédito iniciales, ya nos advierten de que el paisaje urbano de la comedia madrileña no ha cambiado nada desde los años 80, por más que la postal no permanezca fija y haya sido convenientemente movida y acelerada. “Los miércoles no existen” es como un compendio de toda las comedietas románticas vistas en el cine español a lo largo de las últimas tres décadas, incluyendo la moda musical creada por David Serrano a partir de “El otro lado de la cama” (2005).

Y así entre escena y escena dialogada, las transiciones son cantadas y hasta hay algún amago de número musical coreográfico. No faltan el actor o la actriz a los que se les ve incómodos teniendo que cantar, con lo que la pretendida naturalidad que supone la renuncia expresa al play-back no es tal. Como los hay que desafinan, el recurso es el de las voces dobladas, con lo que las que están fuera de tono quedan disimuladas. Todo resulta muy artificioso, porque la pareja de músicos formada por Ester Rodríguez y Alberto Matesanz aparecen con sus guitarras en escena y en directo, repitiendo la fórmula de la obra teatral, que en su versión cinematográfica ya no funciona. El momento crítico es cuando por enésima vez se vuelve a escuchar dentro de la filmografía reciente las primeras frases de “...no hay manera”, que introducen la canción de Coque Malla “No puedo vivir sin ti”. Ya se hace bastante insufrible y todo el final del metraje se pone muy cuesta arriba, máxime teniendo en cuenta que no es aconsejable para ninguna comedia o dramedia, que lo mismo da, superar las dos horas de duración.

La caprichosa mecánica del guion, con saltos temporales de miércoles en miércoles de distintas estaciones en el transcurso de cuatro años, no añade nada nuevo a la dinámica narrativa de las historias entrecruzadas con personajes y relaciones intercambiables entre sí.