Bombas termonucleares sobre Andalucía: 50 años después «arreglarán» el desastre
El «broken arrow» de Palomares de 1966 fue uno de los accidentes con armas nucleares más grave de la historia. Tras 50 años de secreto, EEUU y el Estado español anuncian un acuerdo para limpiar la zona.

Las armas nucleares, las máquinas más letales jamás inventadas, tienen como justificación oficial un concepto totalmente intangible como la disuasión. Un objetivo sicológico, según la doctrina militar de EEUU, «una misión persuasiva» derivada de su capacidad para aniquilar ciudades enteras, para «matar países enteros».
Las especificidades del diseño de las armas nucleares ni siquiera tienen que ser clasificadas. Nacen secretas, son clasificadas como tales desde su propia concepción. Es cierto que mantener el secreto sobre las armas nucleares puede parecer de sentido común, pero el imperativo del secreto justificado para prevenir el espionaje exterior ha sido en demasiadas ocasiones utilizado para esconder problemas de seguridad, para dar cobertura a los accidentes nucleares debidos a fallos técnicos o a errores humanos o como escudo para defender a las burocracias de cuestiones embarazosas.
La lista del Pentágono de los «broken arrow» –la pérdida de armas nucleares que podrían amenazar a la población– menciona no menos de 32 casos. Al margen de la existencia de más de 1.200 «incidentes triviales» en armas nucleares, el peligro de explosiones nucleares accidentales no fue considerada en serio por sus diseñadores. No pensaron en accidentes de avión, fuegos, explosiones de los misiles propulsores, en errores humanos... pero la realidad indica que esa probabilidad hay que tomársela muy en serio y que los «broken arrow» han sido y serán algo inevitable.
Uno de los «broken arrow» más graves de la historia se produjo el 17 de enero de 1966 en el espacio aéreo de Palomares, en el término municipal de Cuevas de Almánzora, Almería. En plena operación de abastecimiento en vuelo, un avión cisterna KC-130 y un bombardero B-52 colisionaron y, como consecuencia, las cuatro bombas termonucleares que transportaba el B-52 se desprendieron.
Dos de las bombas nucleares cayeron con sus respectivos paracaídas y se recogieron intactas. Las otras dos, quemados sus paracaídas por la ignición del combustible de los aviones, chocaron violentamente contra el suelo y sufrieron la explosión de una parte de su núcleo formando un aerosol constituido por los óxidos transuránidos del núcleo. Como consecuencia de dichas explosiones, Palomares fue una de las zonas del planeta :on mayor contaminación de plutonio. Y los vecinos nunca fueron informados del resultado de los diferentes análisis a los que fueron sometidos.
La dictadura franquista, que tenía su propio programa de armas nucleares, se mostró más interesada en recuperar el disparador de explosivos que le faltaba para construir su propia bomba nuclear que en realizar estudios epidemiológicos sobre enfermedades asociadas a la radioactividad en la población.
En una de las imágenes más recordadas del accidente de Palomares, el ministro de Turismo de Franco y fundador del PP, Manuel Fraga Iribarne, junto con el embajador de EEUU, se bañó ante las cámaras en sus playas. Había que evitar a toda costa los rumores sobre la peligrosidad de la zona y el impacto negativo de estos sobre el turismo. Eso preocupaba más que los efectos del plutonio-239 y su radiación alfa en la salud pública.
Casi 50 años después, Madrid y Washington han firmado un acuerdo para limpiar Palomares. Como en todo lo relacionado con las armas nucleares, el secreto sigue siendo regla: no se conocen los plazos de ejecución ni el coste de la operación. Y como hiciera Fraga en traje de baño, se ha hecho propaganda de este acuerdo para mostrar las «excelentes relaciones entre España y EEUU».
Se calcula que al margen de las 1.400 toneladas de tierra que EEUU retiró poco después del «broken arrow», un 15% del plutonio, unos 3 kilos en estado natural, quedó esparcido en forma pulverizada y es irrecuperable. Y Greenpeace denuncia que aún no hay una investigación seria para detectar la contaminación radioactiva actual.

«Gizarte aldaketa handi bat» eskatu du euskararen komunitateak

ASKE TOMA EL TESTIGO DEL HATORTXU EN ATARRABIA

Un ertzaina fue jefe de Seguridad de Osakidetza con documentación falsa

Aerosorgailu bat zure esne kaxan
