Daniel GALVALIZI
ELECCIONES PRESIDENCIALES EN ARGENTINA

Scioli pierde fuerza para la segunda ronda ante el ascenso de Cambiemos

El kirchnerista Daniel Scioli obtuvo 36,8% y perdió dos puntos con respecto a las primarias, mientras que Mauricio Macri trepó casi un 10% y alcanzó el 34,3%, por lo que Argentina tendrá una segunda vuelta por primera vez. En la provincia de Buenos Aires, Cambiemos irrumpe ganando y poniendo fin a 28 años de peronismo.

Los argentinos dudaban en creerlo. El amanecer de ayer los encontró haciéndose las preguntas obvias tras una jornada electoral histórica, como cuando el Todopoderoso demuestra no serlo. Y el peronismo, en el poder, exhibió su mayor debilidad electoral en 16 años. El gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, retrocedió del 38,5% al 36,8% con respecto a las primarias abiertas de agosto, en un declive inusitado cuya explicación estaría en sus torpezas y en sus ostensibles falencias como administrador.

Del otro lado, Mauricio Macri tuvo un notable ascenso: de 24% a 34,3%. El líder de la coalición liberal-socialdemócrata pudo capitalizar a más de la mitad de ese 62% del electorado que había manifestado la voluntad de un cambio en agosto. Su triunfo no solo fue forzar una segunda turna sino recortar una distancia que el oficialismo aseguraron que sería el triple.

La provincia, giro histórico. Los primeros datos oficiales se conocieron insólitamente el lunes. Pasada la medianoche, y ante las críticas en las redes sociales y el clamor de la oposición, la web del Gobierno empezó a difundirlos, en un nuevo gesto de desesperación por ocultar lo inevitable. Así, muchos argentinos se despertaron ayer con el resultado definitivo y no salían de su asombro: la provincia de Buenos Aires, el mayor distrito del país con 16 millones de habitantes y gobernada ininterrumpidamente por el peronismo desde 1987, le daba el triunfo a María Eugenia Vidal, candidata de Cambiemos que derrotó al impopular Aníbal Fernández, jefe de Gabinete de la presidenta.

El casi 40% de Vidal, segunda en el Gobierno de la capital y ahijada política de Macri, frente al 35% de su adversario tiene un efecto huracanado sobre el mapa político por el hecho de que una mujer joven casi desconocida hasta hace un año echara al imbatible peronismo de su bastión. Esta hazaña puede favorecer a Macri en la segunda vuelta.

El arrastre del voto de Vidal catapultó a Macri, especialmente por un aspecto técnico del arcaico sistema de voto: la papeleta es un único papel largo que, si bien puede cortarse para segmentar el voto, es muy engorroso. Un formato pensado para beneficiar a los partidos tradicionales y con identidad arraigada. Hasta hoy.

La victoria de Vidal hizo trepar a Macri un 9% en esa provincia y un 4% a nivel nacional. Paradójicamente, la presidenta benefició a Cambiemos al permitir a su jefe de Gabinete –con denuncias vinculadas al narcotráfico y la trata de personas– competir en las primarias kirchneristas para gobernador, pese a su imagen negativa para el 40% del electorado. Las ganó, pero provocó una fuga de votos tal que ha afectado a Daniel Scioli.

Macri obtuvo victorias contundentes Córdoba, Santa Fe, la Capital Federal y Mendoza (los siguientes distritos más grandes del país), donde cosechó entre 40% y 50% de los votos, además de mejorar en las provincias norteñas, aunque allí ganó Scioli con rotundidad. La prédica de los líderes de Cambiemos pidiendo el voto útil para forzar una segunda vuelta contra el kirchnerismo tuvo su rédito.

La definición, en noviembre. El cuarto domingo de noviembre será la segunda vuelta, a la que se ha llegado por primera vez en la historia argentina, ya que en 2003 se suspendió cuando Carlos Menem renunció a participar ante la inevitable derrota frente a Néstor Kirchner.

El domingo, Macri hizo un guiño al electorado opositor al reiterar que «estamos listos para representar a los votantes de los otros espacios con humildad, con capacidad de escuchar». A sabiendas de que es usado por muchos para destronar al kirchnerismo, dijo que trabajará «para ganar la confianza» de quienes le votaron creyendo que «no era la mejor opción».

Del otro lado, hubo otros ánimos. Con su triunfo pírrico, un Scioli desencajado admitió la segunda vuelta y pidió el apoyo a los independientes e indecisos, mientras achacaba a su rival la voluntad de querer aplicar «un ajuste, devaluación y endeudamiento», un recurso kirchnerista que no cala hondo, ya que los economistas que lo acompañan admitieron la necesidad de buscar financiación externa y un acuerdo con los fondos buitres.

Scioli pareció verse atrapado entre la estrategia de mostrarse distinto dentro de la continuidad y su alineamiento casi total con la presidenta. Además, sectores del kirchnerismo más radicalizado comenzaron a dejar trascender sus críticas hacia él.

La suerte de Scioli y Macri también dependerá en parte del tercero en discordia, Sergio Massa, quien logró 21%. Aunque mantiene mejores lazos con Macri, buena parte de su electorado tiene raigambre peronista pero opositora al Gobierno, por lo que podría volcarse parcialmente hacia Scioli o hacia el voto en blanco, para evitar votar a un liberal. Igual de incierta es la opción del 6% que se decantó por la progresista Margarita Stolbizer y por el trotskista Nicolás del Caño, que ya anunció que llamará a votar en blanco.

Mientras los argentinos digieren el nuevo mapa político, la campaña hace un paréntesis hasta la elección final del próximo presidente, que encontrará un Parlamento dividido en tres y tendrá un renovado rol tras años de opacidad debido a la mayoría absoluta kirchnerista.