Oihane LARRETXEA
DONOSTIA
DIA INTERNACIONAL DE LA LUCHA CONTRA EL SIDA

El estigma, una tarea aún pendiente de la sociedad frente al virus del VIH

Los protagonistas son dos hombres que se han hecho la prueba del VIH a pesar de tener relaciones con protección. Su resultado fue diverso. A.R. se chequea de forma habitual para controlar su estado serológico; A.C. lo hizo una vez, hace dos años, y desde entonces sigue un tratamiento. Solo unos pocos los saben porque tiene miedo a ser rechazado.

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Los protagonistas de estas historias son dos hombres de 48 y 31 años. Ambos son homosexuales y sus relaciones sexuales las mantienen con otros hombres. Siempre con protección, sin exponerse a riesgos. No obstante, eso no les ha eximido de querer hacerse la prueba del VIH para garantizar su estado serológico. Hace dos años que A.C. supo que se infectó con el virus tras hacerse la prueba en su ambulatorio. A.R., por su parte, se la ha hecho varias veces, «unas seis o siete», para llevar un control riguroso sobre su salud, aunque «en la cama» haya tomado precauciones.

En esta historia humana dejamos en un segundo plano sus identidades. Especialmente A.C. prefiere no exponerse, lo que pone de nuevo sobre la mesa nuestra actitud como sociedad hacia con las personas que portan el virus, sobre la estigmatización y la discriminación, implícita o explícita, que tienen que soportar.

Las mismas instituciones admiten que existe estigma. El consejero de Salud de Lakua, Jon Darpón, declaró hace días que mientras los avances logrados «son enormes en lo científico», en lo social persisten los prejuicios. Según encuestas a las que hizo alusión, el 55% de la población no querría que un hijo suyo fuera al mismo centro que otro con VIH cuando en la realidad no existe riesgo de contagio ya que los tratamientos con antirretrovirales eliminan esta posibilidad.

De ello habla A.C., que relata su caso sin tapujos. Ha encontrado en Gehitu un lugar al que acudir, pero fuera, en la calle, en el día a día, confiesa que se siente «privado de libertad». «Me he encerrado y no tengo relaciones con nadie». Preguntado si se siente desplazado por la sociedad, se lo achaca más bien a si mismo, y admite que «jamás pensé que el VIH me afectaría tanto». En el trabajo lo saben un par de personas, y reconoce que la compañía de telefonía para la que trabaja «se está portando fenomenal». Ahora está de baja.

Aparte de sus padres y de su hermana, solo lo sabe una amiga íntima. «¿Siente una carga por no contarlo?», preguntamos. Responde hablando sobre la falta de visibilización, haciendo un símil con las personas que padecen cáncer. «A mi me gustaría quitarme la peluca y poder decir abiertamente ‘mirad, me pasa esto’, lo que ocurre es que el miedo que siento al rechazo es terrible. A lo largo de mi vida me he sentido rechazado y lo he superado. No quiero arriesgarme. Otro tanto con una posible pareja. ¿Quién va a querer pagar ese impuesto? Una persona con el virus y con sus efectos secundarios por el tratamiento».

Precisamente es otro aspecto que quiere destacar. Más que sicológicamente, dice que actualmente sufre más físicamente debido a los fármacos. Vómitos, diarreas, cefaleas, dolor de huesos y cambios bruscos de la temperatura corporal.

Bajar la guardia

A.R., que ha pasado el trago de esperar el resultado varias veces, reconoce la labor de las asociaciones donde hacen el test porque durante la espera te preparan en caso de que de positivo. También quiere remarcar la existencia de otras Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS), como el sífilis y la gonorrea, que están aumentando especialmente en la relaciones HSH (hombres que mantienen relaciones con otros hombres pese a no ser gay). «Han bajado la guardia muchísimo porque el Sida ya no está en la calle como en los 80 y 90, está el VIH, y se proponen relaciones esporádicas sin preservativo». En este sentido, considera que las aplicaciones que favorecen los encuentros de sexo rápido han hecho un flaco favor.

La reacción ante un positivo

La ocasión en la que A.C. se contagió fue en una relación esporádica, algo «inusual» en él. «He tenido pocas relaciones y largas, y entre una y otra alguna historia, pero aquella vez fue diferente. Se me acercó un hombre, era el Día del orgullo Gay –recuerda–. Era agradable y estábamos a gusto». Mantuvieron una relación sexual con protección, pero el condón se rompió. «Pese a que eyaculó fuera me quedé con la mosca, así que para quedarme tranquilo del todo me hice la prueba. Cuando me dieron el resultado lo primero que hice fue llamar a la ama. Lo segundo llamar a mi ex. Él se hizo la prueba también pero dio negativo, afortunadamente».

La siguiente preocupación fueron sus sobrinos pequeños. «Me puse a llorar solo de pensarlo. En ese momento el miedo me pudo, el desconocimiento».

La información, la educación y la tolerancia son el pilar para erradicar estas situaciones. Para ello está en marcha el Pacto de VIH da suscrito por asociaciones estatales e internaciones por una vida digna, en convivencia respetuosa y en igualdad de oportunidades. Desde Gehitu piden a los Ayuntamientos la implicación a la Declaración de Paris de 2014, para llevar a cabo acciones encaminadas a luchar contra el Sida y la no discriminación de personas como A.C.

«Hacemos test a diario, tanto por relaciones homosexuales como por heterosexuales»

Fue en marzo de 2009 cuando se ofreció a la ciudadanía la posibilidad de saber, mediante un sencillo test a realizar en las farmacias, si se tiene o no el virus del VIH. Desde entonces, se han realizado más de 18.400 pruebas en Bizkaia, Gipuzkoa y Araba, al margen de las que se realizan en ambulatorios, hospitales o asociaciones como Gehitu. En la CAV, son cincuenta las boticas que ofrecen este servicio a cambio de cinco euros.

Las cifras avalan el éxito del programa. Desde la farmacia Camino Iruretagoyena de Donostia, Lourdes Iruretagoyena opina que se debe, entre otras cosas, a la inmediatez del resultado; en quince minutos se tiene la respuesta, mientras que en los centros de salud hay que esperar unos días. Precisamente, se trata de una situación en la que el paciente prefiere no esperar. Además, es totalmente anónimo y se puede elegir dónde hacerla, extremos que no se dan en los ambulatorios.

Preguntada sobre la frecuencia con la que realizan este test, responde que la hacen «todos los días. Algunos días más que otros, pero es diario», remarca.

Entre las y los usuarios, hay personas que se lo hacen de forma excepcional y otras de forma habitual. «Hay a quien se la hago cada tres meses –cuenta–. Personas que tienen relaciones de riesgo, o personas que tienen muchas relaciones. Uno mismo sabe con quién ha estado, pero esa persona ha estado con otras, y se pierde la cadena. De hecho, hoy día hay mucha gente que cada vez que tiene una nueva relación viene a la farmacia. Y hablo de relaciones tanto homosexuales como heterosexuales», matiza.

El papel que desempeñan las farmacéuticas es fundamental, porque es la primera persona que les comunica el resultado de la prueba, una atención que cobra especial importancia en caso de que el resultado sea positivo. «Ante tal resultado las reacciones son muy diversas –dice Iruretagoyena–. Hace escasos días yo misma di un positivo, y se quedó igual. Otra cosa es cómo reaccionará después, cómo lo asimilará». Según los datos del Consejo de Farmacéuticos de Euskal Herria, entre marzo de 2009 y mayo de 2015 se han registrado en las farmacias 166 positivos, prácticamente el 1% de los test.

Antes de tomar la pequeña muestra de sangre, los profesionales realizan una serie de cuestiones para contextualizar la situación, en palabras de esta profesional, en un clima de confianza y calidez. «Es importante que la persona se sienta cómoda y tranquila», opina.

También remarca la importancia de hacer el test una vez transcurridos tres meses desde la relación que se ha considerado de riesgo. En ese tiempo toda persona que se ha contagiado de VIH ha generado los anticuerpos, que serán los que dan la pista. O.L.

«Miércoles en positivo»

A principios de año la asociación Gehitu puso en marcha el “miércoles en positivo”, una iniciativa que se celebra de forma mensual en su sede de Gros y que nació con el objetivo de formar un grupo de personas que son seropositivas y que necesitan «apoyo emocional, un espacio de seguridad e intimidad para expresar sus inquietudes, sentimientos y vivencias en relación al virus», cuentan desde la asociación.

A la cita suelen acudir también las médicos que hacen la prueba en el mismo local y la persona que las apoya cuando obtienen el resultado. Ahora, además, la cita será accesible a través de internet porque hay gente de fuera o que por circunstancias no puede asistir. Por el momento, son una pequeña familia, pero el proyecto se está consolidando.

Los test los realizan el segundo y cuarto miércoles de cada mes, y este último día coincide con el “miércoles en positivo”.O.L.