Luismi UHARTE
Elkarrizketa
IOLE ILIADA
VICEPRESIDENTA DE LA FUNDACIÓN PERSEU ABRAMO DEL PT DE BRASIL

«Tenemos que reinventarnos para seguir gobernando y esto implica cambios estructurales»

La corrupción, los recortes asumidos por el Ejecutivo y la amenaza del proceso de destitución parlamentaria de la presidenta son algunas de las cuestiones abordadas por Iole Iliada, vice-presidenta de la Fundación Perseu Abramo del Partido de los Trabajadores (PT) y doctora en Geografía, quien cree que seguir gobernando «nos obliga a enfrentarnos de manera más clara a los poderes económicos».

La popularidad de Dilma Rousseff está en unos niveles muy bajos y contrasta con el elevado apoyo que Lula mantuvo en su Gobierno e incluso con el de la propia presidenta en su primer periodo. ¿A qué se debe esta brusca caída del apoyo?

Hay que analizar lo ocurrido en las elecciones presidenciales de 2014, ya que la derecha perdió pero salió fortalecida porque la diferencia fue muy estrecha (apenas un 3%). Además aumentó su presencia legislativa por el incremento del número de parlamentarios derechistas, incluso entre los partidos que formalmente apoyan al Gobierno, como el PDMB (Partido de Movimento Democratico Brasileiro).

La lectura del Gobierno fue que debía intentar calmar a la derecha y por eso nombró ministro de Economía a Joaquim Levy, un personaje proveniente de la élite financiera, que había sido un alto funcionario de Bradesco, uno de los principales bancos privados del país, y que antes de su nombramiento oficial anunció el ajuste. El Gobierno de Rousseff, por tanto, asumió los recortes y esto ha provocado el alejamiento de importantes sectores progresistas que le habían apoyado. En este contexto, la derecha política y mediática ha aprovechado la situación de debilidad del Gobierno para intensificar su ataque.

¿Hasta qué punto la corrupción es otro factor que ha podido influir en la pérdida de apoyo teniendo en cuenta que ha estado salpicando al Gobierno y a miembros del partido?

No creo que influyera significativamente ya que las denuncias eran muy anteriores e incluso fueron utilizadas en campaña. Incluso después de las elecciones, en diciembre, Rousseff tenía un alto porcentaje de apoyo. La caída de popularidad empieza a notarse tras las medidas de ajuste y el aumento de la tasa de desempleo, que se incrementó del 5% al 8%. Hoy incluso está rondando el 10%.

De cualquier manera, el problema de la corrupción es un tema ineludible. ¿Qué medidas ha tomado el Gobierno para enfrentar este asunto?

El tema de la corrupción nos afecta mucho y, obviamente, cuando la población está insatisfecha con el funcionamiento de la economía, este tipo de temas influyen mucho más. Un grave problema en Brasil es que las grandes empresas privadas financian a todos los partidos. Estamos planteando el fin de la financiación privada y, de hecho, hemos llevado una propuesta de ley al Parlamento. Sin embargo, es significativo que el resto de partidos votaran en contra de nuestra propuesta. Por otro lado, la parcialidad de los grandes medios es evidente, ya que la campaña mediática contra el PT es muy fuerte. El PSDB (Partido da Social Democracia Brasileira), principal fuerza de la derecha, tiene muchos más casos de corrupción, pero los principales medios de comunicación lo ocultan.

Volviendo al tema del ajuste, ¿no había otra alternativa a los recortes teniendo en cuenta que esta es la propuesta clásica del neoliberalismo?

En primer lugar, hay que señalar que una parte sustancial del gasto gubernamental durante el mandato de Lula estuvo relacionado con los grandes ingresos provenientes del alto precio de las commodities (materias primas) en el mercado internacional. Este modelo se agotó porque la crisis internacional provocó la bajada de precios y de los volúmenes de exportación. En el nuevo escenario, se produce el primer déficit fiscal bajo la Presidencia de Rousseff y el Gobierno decide hacerle frente aplicando el ajuste que Levy propuso.

En la Fundación Perseu Abramo del PT reunimos a más de un centenar de economistas para evaluar si había alternativa al ajuste y se llegó a la conclusión de que el ajuste generó más recesión. El déficit era pequeño y momentáneo, pero ahora tendremos uno mucho mayor por culpa de la política de ajustes, ya que provocaron una reducción de los ingresos públicos.

Los economistas consultados nos advirtieron de que no se pueden hacer ajustes en momentos de recesión y que, además, las tasas de interés debían haber bajado y no subido. Ahora, el Gobierno está pagando unos intereses muy altos por la deuda y esto golpea a su presupuesto. A su vez, nos indicaron que había que ampliar los programas sociales y no reducirlos porque esto ayudaba a dinamizar la economía.

Tanto la mayoría de las bases del partido (PT) como la CUT (Central Unica dos Trabalhadores) se han manifestado en contra del ajuste, pero el Gobierno y la presidenta se han dejado capturar por esta lógica. Creo que hemos perdido un año precioso y el partido está sufriendo duramente los efectos.

La amenaza de destitución parlamentaria («impeachment») vuelve a tomar fuerza. ¿Qué recorrido puede tener?

El presidente del Parlamento, Eduardo Cunha (ultraconservador), siempre ha estado dispuesto a capitanear el impeachment, pero no lo va a tener fácil porque necesita una mayoría calificada de 342 votos de 513 diputados y muchos partidos están divididos, incluso el suyo, el PMDB. Se puede dar el caso, incluso, de que sea destituido antes del impeachment, porque está imputado por corrupción (cuentas irregulares en un banco suizo) y será sometido a juicio en la Comisión de Ética de la Cámara de Diputados.

A mi juicio, la disputa se resolverá en la calle. La derecha intentará sacar a sus bases y los sectores de izquierda y progresistas ya han empezado a movilizarse. Esto será clave para influir en el voto de los parlamen- tarios. Las próximas semanas serán decisivas para el futuro de la democracia en Brasil.

La importante bajada del precio de las materias primas ha reducido el ingreso por exportación. Esto evidencia una dependencia estructural de Brasil a los precios del mercado internacional y muestra una debilidad de su industria nacional. ¿Bajo el «lulismo» la industria no ha incrementado su peso en la economía del país?

En estos trece años no hubo técnicamente desindustrialización como pudo ocurrir en otros países en el marco del neoliberalismo. Lo que ha ocurrido es que su peso proporcional ha disminuido bastante debido a la mayor inversión realizada en el sector primario. Es evidente que el PT no logró revertir la tendencia de reprimarización y hay que reconocer un error: no se ha invertido con fuerza en el sector industrial. La crisis de 2011-2012 nos mostró las limitaciones del modelo. Por otro lado, se ha intentado estimular al sector privado para que invirtiera en la industria nacional, pero no han tenido disponibilidad. De hecho, hay que recordar que todos los ciclos históricos de crecimiento industrial en Brasil fueron impulsados principalmente con inversión pública (años 30 y 70 del siglo XX).

Otra de las reflexiones más comunes es que durante el ciclo de altos precios de materias primas no se afectaron los intereses de la élite ya que no se impulsó una reforma tributaria progresiva. ¿Hay voluntad gubernamental para una profunda reforma fiscal?

Ahora hay una propuesta del partido y del propio Gobierno para un aumento del impuesto a las grandes fortunas. El problema es que no lo hicimos cuando la popularidad era alta y ahora las condiciones son más complicadas por la situación de debilidad en la que nos encontramos. La correlación de fuerzas es desfavorable y necesitamos generar un nuevo escenario que permita rescatar el programa democrático-popular de la izquierda. En cuanto a la estrategia, algunos creen que el cambio hay que hacerlo de manera radical, mientras otros consideramos que es necesario un giro drástico para recuperar la iniciativa.

Algunos analistas hablan del fin del ciclo de los gobiernos progresistas en América Latina. ¿Está de acuerdo con este planteamiento?

Hay muchas interpretaciones. Según la derecha, el fin de ciclo se da porque el proyecto de cambio fracasó y, por tanto, hay que abrir la economía, impulsar nuevos tratados de libre comercio... Obviamente la solución no va por ahí, aunque hay que reconocer que estamos en un momento de impasse. Creo que llegamos al límite para hacer avanzar nuestros procesos y tenemos que reinventarnos si queremos continuar gobernando. Hay que plantear otro modelo y asumir que hay que impulsar cambios estructurales. Esto nos obliga a enfrentarnos de manera más clara a los poderes económicos.

Sin embargo, creo que una apuesta de estas características no es muy viable desde un marco estrictamente nacional. No basta solo con la voluntad política de un Gobierno sino que es necesario articular un proyecto regional y, en consecuencia, la integración latinoamericana puede ser la vía para viabilizar un proyecto de este tipo.

Frente a este escenario de crisis del Gobierno y del PT, la figura de Lula aparece de nuevo planeando. ¿Será de nuevo candidato en las elecciones de 2018?

Todavía falta mucho tiempo y en tres años pueden pasar muchas cosas, pero es indudable que Lula sigue siendo una figura clave y puede ser un buen candidato. De hecho, la derecha es consciente de que sería un candidato muy fuerte y ha activado una campaña mediática para intentar desprestigiarlo, vinculándolo a redes de corrupción, y atacando incluso a sus familiares. Los medios de la derecha se están prestando. La revista “Veja”, por ejemplo, difundió la imagen de Lula con traje de presidiario, sin que exista siquiera acusación legal. Evidencia el papel de algunos mass media en el país.