Límites
Hasta ahí hemos llegado». Esta es la frase que convirtió un simulacro de debate que perdía a los puntos el ofendido Rajoy en una baza electoral que ha colocado la hipocresía como valor de uso. En ese momento tras escuchar lo de «no es decente», colocó una suerte de límite formal (¿se podría decir moral?), de aguante en cuanto violencia verbal, para variar el rumbo de un tongo consentido que ahora todos se dedican a valorar en qué grado influirá en la decisión del voto en aquellos seres que todavía esperan mensajes, revelaciones, impulsos para ir o no ir y una vez yendo, poner una papeleta u otra.
No se conocen los límites a la mentira, la bajeza democrática, la falta de iniciativa política. Algunos de los ofendidos siguen sacando a ETA como escupitajo descalificador contra aquellos que no se significan rotundamente en su perfil más cafre, sino que intentan ayudar a solucionar una situación enquistada. Por eso se extralimita nuestra satisfacción al recibir noticias de Colombia. Las negociaciones entre la FARC y el gobierno colombiano avanzan hacia la paz de menar inexorable, dando los pasos apropiados, a partir de escucharse y pactar entre las partes. Veo a todos vestidos de blanco y me emociono.
Tampoco hemos encontrado límites en la proliferación en todos los medios de los politólogos de ambos sexos, que opinan en demasiadas ocasiones con una rutina sospechosa sobre la situación electoral actual y sobre los posibles resultados de la noche del 20D. Lo único que saben, como todos nosotros, es que todavía sufriremos más insultos a la inteligencia en los mítines, en las tertulias, en los informativos partidistas. Y nadie suelta prenda de lo que pasará o puede pasar al día siguiente cuando se despierten todos los prometedores de hoy sin posibilidad de gobernar sin pactar.

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