Mikel INSAUSTI
CRÍTICA «Un día vi 10.000 elefantes»

Del sueño exótico africano a la pesadilla del colonialismo

Amenudo la producción de una película suele ser más intirncada que la propia aventura que pretende contar, y es que la preparación y desarrollo de este proyecto ha llevado a sus autores más de quince años. “Un día vi 10.000 elefantes” ha resultado ser una obra laboriosa y complicada, que ha requerido de una ardua investigación para documentarse sobre un periodo histórico difícil de recrear, exigiendo además un sobresfuerzo imaginativo y técnico.

Tanto desvelo tuvo su recompensa en Donostia, donde la película recibió en la sección Zabaltegi el premio Lurra de Greenpeace. Y es que los directores Alex Guimerà y Juan Pajares han sabido transmitir la pesadilla colonialista que trajo consigo el exótico sueño de las expediciones africanas. Por eso han elegido como narrador a un porteador guineano, un superviviente que descubre el lado amargo y menos romántico de la odisea del explorador y documentalista madrileño Manuel Hernández Sanjuán, que entre 1944 y 1946 viajó por Guinea Ecuatorial con el equipo de rodaje de la productora Hermic Films. Todo esto es rigurosamente cierto y existe material de archivo que así lo atestigua, y para la mejor ubicación del personaje real basta con decir que en 1957 ganó en Donostia la Concha de Oro al Mejor Cortometraje Documental por “Costas del Sur”.

La dura realidad que vivía la población nativa en la colonia franquista se mezcla con la magia del cuento primitivo, miediante una lírica evocación de la leyenda del título, según la cual existiría un misterioso lago donde las manadas de elefantes se dejaban ver por miles. La contradicción reside en que para relatar una anécdota tan sencilla y nostálgica se ha elegido el formato de collage documental, mezclando la voz en “off”, las imágenes de archivo, las recreaciones con actores en “stop motion”, la animación, las ilustraciones y un sinfín de recursos.