2015/12/23

Erreportajea
 
BURUNDI DESAFÍA A LA UNIÓN AFRICANA RECHAZANDO SU MISIÓN MILITAR

Las calles aparecen llenas de cadáveres y miles de personas huyen, incluidos los extranjeros. Pero el presidente Nkurunziza se aferra al poder y rechaza una misión militar internacional, asegurando que el riesgo de genocidio es solo una maniobra opositora.

Jose Angel ORIA
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Eel Consejo Nacional de Seguridad de Burundi reiteró ayer su rechazo a una misión de paz de la Unión Africana (UA) en este país, sumido en una gravísima crisis política desde hace ocho meses y que en la actualidad amenaza con derivar hacia un genocidio, hacia una nueva matanza entre hutus y tutsis como las que ya ha padecido anteriormente. Compuesto por el presidente y dos vicepresidentes, varios ministros (incluidos los de Seguridad Pública y Defensa) y los principales dirigentes de las fuerzas de seguridad, el Consejo es considerado uno de los principales órganos de decisión en Burundi. Dicho órgano «rechaza la decisión de la Unión Africana para desplegar una misión de prevención y protección en Burundi», según un comunicado leído ayer a la prensa por el ministro burundés de Seguridad Pública, el general Alain-Guillaume Bunyoni.

A juicio de los gobernantes burundeses, «la amenaza de genocidio que justificaría este despliegue es solo una maniobra, una maquinación, de los detractores del Gobierno». Añaden que Burundi es «uno de los países que aportan contingentes militares en África y en otros lugares», por lo que «es capaz de garantizar la seguridad de su gente».

Entretanto, los residentes extranjeros han comenzado a dejar el país. Un grupo de belgas llegaba el lunes a Bruselas. La Embajada de Bélgica había recomendado la semana pasada a sus ciudadanos que volvieran a casa. Una de ellas, una profesora que vivía en la capital, Buyumbura, explicaba a Euronews que «hay un ambiente de inseguridad. Es muy inseguro y no puedes planificar nada. No sabes si puedes salir de casa o no. El ambiente es muy tenso».

La ONG Amnistía Internacional (AI) documentó ayer «la jornada más sangrienta desde que comenzara la crisis política», lo cual ayuda a entender por qué huyen los que pueden. «Las calles de Buyumbura estaban llenas de cadáveres, muchos de los cuales presentaban un solo tiro en la cabeza», explicó la directora regional de AI, Muthoni Wanyeki, que pidió una investigación exhaustiva al Gobierno burundés en torno a los sucesos del pasado 11 de diciembre.

En una nota informativa titulada “Mis hijos están asustados”, la ONG documenta ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias y saqueos por parte de la Policía en respuesta a varios ataques contra instalaciones militares.

«Dramática escalada» represiva

Durante la operación de busca y captura de los responsables de los ataques, las fuerzas de seguridad fueron atacadas por grupos armados y fue entonces cuando comenzaron a entrar en las casas arrestando a gente de forma arbitraria y matando a decenas de personas, según la ONG. «Las tácticas violentas de las fuerzas de seguridad utilizadas ese día representan una dramática escalada en la intensidad comparadas con operaciones previas», alertó Wanyeki. Según su denuncia, la mayoría de las víctimas eran hombres que fueron sacados a rastras de sus casas y luego ejecutados o recibieron un disparo nada más abrir la puerta.

La situación que describe AI es la que llevó a la Unión Africana a decidir el despliegue de una misión militar. Las potencias occidentales, con Washington a la cabeza, apoyan dicho despliegue y presionan al presidente Pierre Nkurunziza. La embajadora estadounidense ante la ONU, Samantha Power, dijo el lunes que esperaba que el Gobierno revoque su decisión de no autorizar el despliegue: «Nuestros colegas africanos nos dicen que las discusiones continúan con el Gobierno burundés. Esperamos que no sea la respuesta final» de Buyumbura.

La presión aún no resulta efectiva. El Gobierno de Nkurunziza ha anunciado que si la UA lleva a cabo ese despliegue sin su autorización, las tropas serían consideradas «fuerzas de invasión y ocupación». ¿Guerra?

Las declaraciones de los gobernantes son tildadas de «farol» por parte de opositores consultados por la agencia Fides, del Vaticano. El medio de la Iglesia católica recoge declaraciones de «fuentes locales en Buyumbura» que piden conservar el anonimato, dadas las circunstancias: «Creemos que aun así la misión africana será enviada, ya que un pequeño país como Burundi no puede desafiar por sí solo a la Unión Africana. Esta última, después de tomar un compromiso similar, no puede dar marcha atrás, porque dañaría su credibilidad».

El país africano está envuelto en una crisis política desde que su presidente, Pierre Nkurunziza, decidiera presentarse a un controvertido tercer mandato, algo que la oposición criticó como inconstitucional. Desde entonces, han muerto al menos 400 personas y unas 220.000 han huido a países vecinos. En la región donde se halla Burundi es muy fácil conseguir armas (Rwanda y la República Democrática del Congo son dos de sus vecinos), dados sus conflictos armados.