Orquitis
Leo con cierta sorpresa que tres históricos totalitarios, Franco, Hitler y Napoleón era monórquidos. No entiendo muy bien la relación entre esa deficiencia física menor y su tendencia al autoritarismo. Podrían añadir que eran bajitos. O que tendían a la eyaculación precoz. Pero en unas fechas como estas, tan tendentes al pasteleo, a la nostalgia y a la tolerancia, especialmente con los cuñados graciosos, tras una elecciones y sus efectos secundarios que nos afligen, hay que aprenderse una palabra muy linda, la del titular, aunque, perdonen, solamente para uso de varones: orquitis. Deletreando: uno siente inflamación de uno o ambos testículos ante tanta intoxicación postelectoral. Están saliendo todos los tics antidemocráticos de los más radicales miembros de la unidad indestructible de España. Suena de una manera tan machacona que uno piensa que esos tienen, cuando menos, ataques de otitis que les impide escuchar lo que dice una mayoría cualificada de la sociedad a la que quieren unir por sus santos testículos. Quizás en cuarenta y ocho horas hemos sabido más de las auténticas intenciones de los partidos políticos que en las interminables semanas de campaña electoral.
He escrito campaña electoral y me pregunto, ¿seguimos en ella? No me contesten hasta después de las fiestas. Hago mi voluntaria entrega a los excesos de la mesa. Me dejo abrazar por palabra y obra. Y sin condiciones. Soy capaz de hablar de política general, vasca y hasta catalana, pero a la tercera botella de cava, ruego hagamos chistes sobre el futuro profesional de José Mourinho que puede ser el gran regalo de Florentino Pérez. Bueno y de Raphael, que es el de Rajoy y su TVE de toda la vida. Una gratificación a sus votantes. Un castigo para el resto. Por cierto, ¿se sabe si alguno de los antes mencionados es monórquido?

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