R.S.
IRUÑEA

Iruñea recibe a Olentzero con fiesta tras diez años de trabas y amenazas

Algo tan simple y lógico como que el alcalde reciba a Olentzero es noticia política en Iruñea. Tras una larga década de obstáculos de UPN a esta celebración, sobre todo en los barrios, actuaciones policiales incluidas, la fiesta fue, al fin, normal en la capital navarra. Joseba Asiron agasajó al carbonero con el pañuelo de Iruñea.

Se calcula que unas 60.000 personas se echaron a las calles del Ensanche y Alde Zaharra de Iruñea para recibir a Olentzero la tarde del jueves. Ocurre cada año desde 1959, pero esta vez con una guinda especial porque solo hubo celebración, tanto en este desfile principal como en los desarrollados barrio a barrio. Superada la etapa de UPN, caracterizada por crispar estos eventos, el nuevo alcalde, Joseba Asiron, recibió al viejo carbonero en una abarrotada plaza consistorial y le impuso allí un pañuelo a cuadros con el escudo de la ciudad.

En el zaguán del ayuntamiento se ha instalado también esta vez un Olentzero, al igual que en los jardines del Palacio de Nafarroa, con lo que el personaje tradicional vasco queda en pie de igualdad con otras expresiones navideñas como el belén o los Reyes Magos. El propio alcalde de EH Bildu ha difundido en su cuenta de Twitter visitas al Olentzero municipal, como la realizada por los jóvenes discapacitados del grupo Motxila 21.

Con ello la normalización llega también a una fiesta plagada de todo tipo de incidencias en los últimos años. Los episodios más graves se produjeron en 2006, cuando niños y mayores se vieron amenazados por cargas policiales en puntos como Donibane y el jefe de la Policía Municipal de los últimos gobiernos de UPN, Simón Santamaría, lideró los operativos represivos a pie de calle. La excusa empleada para ello eran las alusiones a los presos vascos en distintas kalejiras. Aquella persecución continuó luego con la imposición de multas de 24.000 euros a los organizadores.

Le siguió en años sucesivos la eliminación de subvenciones y denegación de permisos. Por recordar otro caso sonado, en 2010, el Gobierno municipal que todavía dirigía Yolanda Barcina denunció ante la Delegación del Gobierno español a cuatro Olentzeros (Donibane, Arrosadia, Txantrea y Arrotxapea) argumentando que no constituían actos festivos, sino políticos. Las FSE declinaron intervenir, dejando en feo a la posteriormente presidenta navarra, pero la Policía Municipal sí acudió a vigilar las kalejiras.

La obsesión de UPN había deparado otro episodio ridículo antes, en 2007. En la web municipal se promovió una encuesta sobre distintos temas y una de las preguntas era «quién prefiere que le deje los regalos para Navidad». Al constatar que el 88% de los 8.289 participantes escogía a Olentzero, en una movilización espontánea destinada lógicamente a replicar a las trabas municipales, la encuesta al completo fue retirada.

Con el sucesor de Barcina, Enrique Maya, la situación se relajó un tanto, pero sin llegar a normalizase. Al contrario de lo que ha ocurrido con los Reyes Magos, recibidos anualmente por el Ayuntamiento antes de la cabalgata del 5 de enero, Olentzero había sido ninguneado por los mandatarios de UPN.

En el resto de ciudades y pueblos, Olentzero fue recibido también por cientos de miles de personas, en una tarde de temperaturas muy templadas en la costa y más frescas en el interior. En la Parte Vieja de Donostia se usó el acto para demandar que el edificio de la Bretxa sea utilizado para las dotaciones públicas que precisa el barrio.