César Manzanos
Doctor en Sociología
JO PUNTUA

Navidad, no gracias

Una de las metáforas más patéticas de cómo el capital-catolicismo nos hace bailar al ritmo que marca es contemplarnos en el cúmulo de situaciones dantescas en las que nos sumerge la escenificación navideña. Buscamos dar sentido a estas fechas. Unos huyendo de ellas para convertirlas en unas vacaciones de invierno en lugares más cálidos pagando viajes y estancias a precios desorbitados, otros identificándose con la tradición y la concordia, frecuentemente simulada, de la familia reunida en torno a banquetes y regalos obligados.

Pero la gran mayoría, tratando de encubrir sus soledades, sus añoranzas de los ausentes, sus penurias económicas o sus desavenencias familiares en medio de un denso y a veces asfixiante malestar emocional. Si algo consigue la navidad es esto y, no digamos, si encima ocurre alguna desgracia luctuosa, alguna noticia sobre problemas de salud en el entorno cercano, o coincide con onomásticas de fallecimientos de seres queridos. Son semanas cargadas de mensajes publicitarios en medio de un espectáculo iluminado con luces, decorado con guirnaldas, que no hace sino sumirnos a los consumidores en un estrés que se suma al ritmo frenético en el que vivimos cotidianamente.

Pero de ningún modo hemos de lamentarnos por ello. Sabemos que las navidades no son sino una más de las cíclicas ceremonias de degradación a las que el capi-catolicismo nos tiene acostumbrados. Y como siempre éste nos regalará, el bienaventurado 7 de enero una nueva indulgencia plenaria (además de una resaca descomunal para el bolsillo y el cuerpo): la vuelta a la normalidad impuesta, a la rutina. La vuelta al trabajo donde seremos explotados, cuando no, al agujero del desempleo o a la búsqueda de otro trabajo precario, la vuelta a la escuela donde las criaturas de nuevo serán aparcadas para ser adoctrinadas, la vuelta a la universidad para los exámenes cuatrimestrales… hasta que de nuevo, nos dejen celebrar los carnavales en febrero antes de la larga cuaresma que dará paso a la Semana Santa. Sabemos todo esto, pero por supuesto, para liberarnos y no colaborar, siempre meceré la pena recordarlo y, sobre todo, saber que nuestro desasosiego no es un problema personal sino una creación del divino capital.