Un año menos con más de lo mismo
Tercer día de un nuevo año bisiesto que arranca con cientos de vascos diseminados por las diferentes prisiones de lo que llaman España.
Tanto en lo local como en lo global vivimos tiempos de incertidumbre, tiempos de ensimismamiento. La ideología liberal, que todo lo envuelve, proclama a los cuatro vientos que el «individuo» es lo importante, que lo colectivo pasó al basurero de la Historia. La metafísica está nuevamente de moda y todos somos iguales una vez despojados de lo social. Por eso tenemos los mismos derechos aunque existan, eso sí, pequeñas diferencias, pero tan sólo de matiz.
Celebremos pues nuestra pertenencia a un sistema que, como individuos, nos hace iguales. Y arrimemos el hombro ahora que, según nos cuentan, la economía española vence las dificultades de los últimos años. No permitamos veleidades políticas de nuevo cuño que asusten a los mercados y pongan en solfa la unidad de España. Así lo demanda la Troika.
Que el dinero de nuestros impuestos vaya a parar a las manos de los individuos que implementaron políticas económicas que han llevado a esta divertida crisis para que puedan volver a hacer lo mismo. Al fin y al cabo, tomados aisladamente y en porretas, son como nosotros sólo que un pelín más listos. Ahora sin las anteojeras de la conciencia de clase podemos ver nítidamente que nuestra posición social es mero reflejo de nuestras habilidades personales y no culpa del sistema social que, en lo formal, a todos nos iguala.
Si somos afortunados, seguimos produciendo durante ocho horas al día; el sexo ya no es pecado sino mercancía; a los niños los juega la videoconsola; hablamos continuamente por móvil o emoticonamos a todas horas por wassap no diciendo nada en un autismo permanente.
La banca aumenta día a día sus beneficios mientras nuestro nivel adquisitivo desciende. Antes hipotecábamos parte de nuestra vida, ahora nuestra vida es parte de una hipoteca.
Ya se sabe, año nuevo vida nueva.

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