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RYAD-TEHERÁN

Arabia Saudí comienza a arrastrar a sus aliados a romper con Irán

La crisis entre Arabia Saudí e Irán tras la ejecución por decapitación de un clérigo chií por parte de Ryad ha subido enteros las últimas horas. Tras romper relaciones diplomáticas con Teherán, los Saud han arrastrado a varios países aliados a tomar medidas similares. En Irak se han reavivado las represalias contra la minoritaria población suní.

Horas después de que el ministro saudí de Exteriores, Adel Al-Jubeir, diera dos días de plazo a los diplomáticos iraníes para salir del país, en represalia por el ataque a su embajada en Teherán y a su consulado en la ciudad santa chií de Mashad, Barhein, gobernado con mano de hierro por una dinastía suní contra una población mayoritariamente chií, hacía lo propio.

Sudán no tardó en seguir los mismos pasos, mientras Emiratos Árabes Unidos hacía un gesto llamando a consultas a su embajador en Teherán y anunció la reducción al mínimo de sus relaciones diplomáticas. En paralelo, Mauritania denunció «los actos de vandalismo» contra las legaciones saudíes en Irán. Mauritania, que tiene buenas relaciones tanto con Ryad como con Teherán, se ha integrado recientemente en la coalición arabo-islámica contra el Estado Islámico (ISIS) patrocinada por los Saud y firmará en breve un «importante» acuerdo militar con Arabia Saudí.

Ataques de represalia

Mientras Ryad moviliza a sus aliados y apadrinados, se suceden los ataques en represalia por la decapitación del clérigo chií saudí Cheikh al-Nimr y de otros tres chiíes condenados por «terrorismo» y «sedición».

Dos mezquitas de culto suní en las localidades de Hilla y Sinjar (centro) fueron atacadas con bomba, con el resultado de la muerte de un refugiado que huyó de los combates en Ramadi. El muecín de una mezquita suní de Iskandariya, 40 kilómetros al sur de Bagdad, fue abatido a tiros por hombres armados.

Miles de personas salieron a la calle ayer en Bagdad, convocadas por el clérigo chií Moqtada al-Sadr, y trataron de romper el cerco de la Zona Verde para forzar el cierre de la Embajada saudí en Irak, que reabrió hace tan solo tres días tras 25 años.

La decisión saudí de no entregar el cadáver del jeque chií Al-Nimr a sus familiares y de enterrarlo en secreto en un «cementerio musulmán» ha acrecentado la ira del mundo chií, desde Cachemira a Líbano, pasando por Pakistán –donde el ministro saudí de Exteriores ha retrasado una visita oficial en medio de protestas de la minoría chií (15% de la población)– y Bahrein, donde fue detenido ayer el clérigo chií Nim al-Nimr.

Rusia y EEUU

Rusia, que mantiene relaciones privilegiadas con Irán pero ha mejorado su relación con Arabia Saudí al calor del enfriamiento bilateral Ryad-Washington, se ha ofrecido como mediadora.

Los EEUU de Obama, aliados históricos de Ryad pero en pleno deshielo con Teherán tras el acuerdo nuclear, apelaron a «tomar medidas positivas para rebajar la tensión». Alemania y el Estado francés hicieron suya esta petición.