De la indignación por las agresiones sexuales en Colonia a la xenofobia
Las injustificables agresiones sexuales y ataques a un centenar de mujeres en Nochevieja en Colonia se han convertido, por su tratamiento mediático, policial y político, en carnaza para alimentar la islamofobia y el rechazo a la acogida alemana a los refugiados.

La Policía de Colonia ha recibido el encargo de investigar casi un centenar de denuncias realizadas por mujeres por agresión sexual, robo e incluso por una violación en Nochevieja en la céntrica plaza que une la Estación Central de Trenes con la emblemática Catedral de Colonia.
Un número indeterminado de grupos de entre dos y una veintena de varones las rodearon y les realizaron tocamientos y otras vejaciones sexuales para luego robarles carteras y móviles. Las víctimas tenían la impresión de que se trataba de ataques claramente organizados.
Durante varios días, la agresión masiva sólo era tema de los medios locales. Los entes de TV pública, ARD y ZDF, tardaron cuatro días en informar sobre los sucesos y se vieron desbordados por los relatos que las víctimas habían difundido a través de las redes sociales. Sus versiones contrastaban claramente con el comunicado oficial de la Policía de Colonia, que calificó como «pacíficas» las fiestas y se limitó a señalar que tuvo que desalojar la plaza, pero por el uso indebido de material pirotécnico.
La discusión se desmadró cuando medios de comunicación y políticos empezaron a hablar de «un millar de hombres de origen norteafricano o árabe» que se habían congregado en la plaza, como si los alemanes no la frecuentasen para festejar. La alusión a la etnia procede del lenguaje policial con el que se determina el aspecto físico de un sospechoso. La prensa no informó en ningún caso sobre si se registraron delitos semejantes, pero cometidos por «centroeuropeos», esa misma noche. Hasta entonces había hablado sólo de una nueva escalada del «crimen organizado», según el ministro federal de Justicia, Heiko Maas (SPD), sin atribuciones étnicas.
El cambio mediático se inició cuando el ministro regional de Interior de Renania del Norte-Westfalia, el socialdemócrata Ralf Jäger (SPD), dijo que «no aceptamos que se organicen grupos de hombres norteafricanos para humillar a mujeres indefensas con descarados ataques sexuales». Eso se tradujo en titulares como, por ejemplo, «Mil hombres roban y atacan sexualmente a decenas de mujeres en Colonia durante la Nochevieja» repetidos en buena parte de la prensa europea. De paso, el ministro federal de Interior, el cristianodemócrata Thomas de Maizière (CDU), criticó fuertemente a la Policía de Colonia por no haber evitado las agresiones. Su jefa, la canciller Angela Merkel (CDU), exigió «una dura respuesta del Estado de Derecho». El sindicato de policías GdP defendió a los agentes de Colonia señalando, por un lado, que la política de recortes ha reducido drásticamente el número de policías y, por otro, que «la política» estaba creando falsas expectativas porque desde la óptica de la labor policial va a ser difícil encontrar las pruebas para enjuiciar a los autores.
Distancia de «un brazo extendido»
Mientras tanto, la alcaldesa mayor de Colonia, Henriette Reker (CDU), ha encendido las redes sociales recomendando a las mujeres que mantengan «la distancia de un brazo extendido» frente a desconocidos. Su consejo, aparte de responsabilizar de antemano a la víctima de una agresión machista, es técnicamente imposible en fiestas multitudinarias como las de Nochevieja o Carnaval.
A estas alturas, lo ocurrido en Colonia sólo satisface intereses políticos. Los xenófobos de Pegida tienen por fin su anhelada imagen del enemigo extranjero asaltando a mujeres alemanas; los críticos de la política de refugiados, un argumento más para exigir a Merkel que cierre por fin las fronteras. Fuera del debate quedan las víctimas de la violencia sexista que se produce a diario en Alemania ignorando cualquier religión, nacionalidad, clase social o nivel de educación.

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